Reflexiones sobre la verdad

¿Cómo posicionar un relato de la verdad en el debate de las redes sociales?: Carlos Cortés

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El periodista y abogado, creador del videoblog La Mesa de Centro, se pregunta cómo Colombia recibirá en 2021 el informe de la Comisión de la Verdad. Deja tres ideas, pensadas en el entorno de las redes sociales, para amplificar este documento.

En la última escena de Chernóbil, la serie de HBO sobre el accidente nuclear ocurrido en esa ciudad soviética en 1986, Valeri Legásov se marcha derrotado después del juicio controlado por la KGB para eximir al régimen. El científico había explicado en detalle las causas del desastre: la incompetencia, la corrupción, la negligencia de la cadena de mando. Pero esa realidad era lo de menos. “Estamos tan concentrados en nuestra búsqueda de verdad, que no tenemos en cuenta cuán pocos realmente quieren que la encontremos”, dice Legásov mientras su carro se pierde en el horizonte.

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Casi 35 años después, la pregunta por la verdad es aún más esquiva. Si el juicio de Chernóbil ocurriera hoy, los funcionarios de la KGB no tendrían que ocultar testimonios ni pruebas, sino que esconderían la realidad en una sobredosis de contenidos; inundarían las redes sociales de falsedades, teorías de conspiración y ataques. En 2020, cualquier hecho tiene su propio hecho alternativo.

Decir que enfrentamos una crisis de verdad no le hace justicia a la complejidad del problema. Sin embargo, no se trata simplemente de un asunto de información, sino del ecosistema que la produce. La desinformación de nuestro debate público es el resultado de muchos factores: una sofisticada operación de manipulación política; un mercado digital que explota e incentiva nuestros instintos y emociones; y una indignación creciente que la democracia no puede o no sabe cómo canalizar. Como apunta el filósofo Bruno Latour, cualquier verdad es tan fuerte como la red que la sostiene. Los hechos, explica, se mantienen o caen no por su veracidad inherente, sino por “la fuerza de las instituciones y prácticas que los produjeron y los hicieron inteligibles”. Si la red se rompe, los hechos caen.

Es en este contexto en que Colombia recibirá, en poco más de un año, el informe final de la Comisión de la Verdad, “un relato colectivo e incluyente que explicará lo que pasó durante el conflicto armado”. En esta red distorsionada y dispersa, ¿cómo imagina uno que la gente recibirá el informe? El escenario parece obvio: quienes estuvieron a favor del acuerdo de paz de 2016 serán receptivos; quienes no, pondrán el grito en el cielo. Una parte de estos últimos no se quedará ahí: además de rechazar la verdad de la Comisión, la atacarán de todas las formas posibles. Atacarán el texto y atacarán a los comisionados.

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Parecería entonces que el esfuerzo de la Comisión, cualquiera que sea, está destinado al fracaso. ¿Cómo hablarle a un país dividido? ¿Cómo posicionar algún relato de la verdad en el debate fragmentado y disperso de las redes sociales? No parece haber una solución en el horizonte, mucho menos una que funcione en la Colombia de 2021 –que seguirá en la misma ecuación binaria conocida y con la inminente campaña presidencial a cuestas–. Pero vale la pena imaginar una estrategia. Dejo tres ideas, pensadas para el entorno digital de “tuits” y “likes” al que llegará el informe.

Lo primero es ajustar las expectativas y abandonar el complejo de Adán que trajo la tecnología. Antes de Twitter y Facebook, las comisiones de la verdad tuvieron el mismo problema que se asoma ahora: hablarle de responsables y atrocidades a un país dividido. Por esa razón, como escribió el académico canadiense Michael Ignatieff en 1996, “todo lo que una Comisión de la Verdad puede lograr es reducir el número de mentiras capaces de circular en el discurso público sin ser cuestionadas”. A la hora de difundir el informe en redes, hay que simplificar los mensajes.

Si decimos que la fuerza de la verdad reside en la red que la sostiene, tenemos que trabajar en esa red. Aunque navegamos un debate digital repleto de actores entrenados en el engaño, en ese mismo ecosistema hay ciudadanos, líderes, políticos y medios de comunicación que comparten el interés de la Comisión. Dicho de otra forma, que el informe final cumpla su cometido no depende solamente de la Comisión: de manera previa y descentralizada, hay que tejer la red que sostendrá las verdades que el país necesita. En términos técnicos, debe haber una amplificación coordinada.

Por último, debemos entender que no serán las páginas del informe lo que en últimas terminará consumiendo la gente. Para la gran mayoría de colombianos, el informe será el titular del noticiero, el hilo de Twitter del influenciador o el fragmento de video que ojearán de pasada en YouTube. O aún peor: para muchos el informe se volverá parte del paisaje. Es aquí donde la Comisión de la Verdad tiene el reto más grande: las verdades tendrán que contarse también en pastillas accesibles, atractivas y contundentes, como si fuera una cadena falsa de Whatsapp o el video viral de un conspirador. Es decir: para reducir al menos algunas de las mentiras en circulación, habrá que competir con ellas.

*Creador del videoblog de opinión política La Mesa de Centro de La Silla Vacía y fundador del centro de internet y sociedad Linterna Verde. Es abogado de la Universidad de Los Andes, Colombia, y magíster en Media and Communication Governance del London School of Economics. Exdirector de políticas públicas y relaciones gubernamentales de Twitter para América Latina Hispanohablante. Ha sido asesor externo en regulación de internet y libertad de expresión de empresas de internet, de Open Society Foundations y de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Fue director de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) y trabajó como periodista en La Silla Vacía.

Este texto es producto de “Reflexiones sobre la verdad”, una alianza de Colombia2020 con la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición.

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