Esteban Manuel Verbel, la memoria de un líder campesino asesinado

El especial multimedia "Me levanté contigo en la cabeza", publicado este miércoles por el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y presentado en Montería (Córdoba), recoge las voces de ocho familias que dignifican la memoria de sus seres asesinados por los paramilitares del Bloque Córdoba de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Aquí reproducimos la vida de uno de ellos:

Ilustración del especial del CNMH: “Me levanté contigo en la cabeza”, sobre campesinos asesinados y perseguidos por el Bloque Córdoba de las AUC. / CNMH.

Los familiares de las víctimas del  Bloque Córdoba de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), como muchas otras víctimas del conflicto armado del país, han luchado por recuperar la dignidad y memoria de sus seres asesinados o desaparecidos. El especial multimedia "Me levanté contigo en la cabeza", publicado este miércoles por el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y presentado en Montería (Córdoba), recoge las voces de ocho familias que se han resistido a aceptar los estigmas que este grupo paramilitar les impuso a sus hermanos, esposos, hijos y vecinos para justificar sus persecuciones y asesinatos. 

La publicación se da en cumplimiento de una sentencia de Justicia y Paz del 23 de abril de 2015 contra varios postulados y condenados del Bloque Córdoba de las AUC. En el segundo semestre de 2018, el CNMH concertó con estas familias la construcción de este sitio web y después de varias jornadas de entrevistas, recorridos, conversaciones, revisiones de prensa, archivos judiciales y álbumes familiares, concretó esta propuesta. 

Reproducimos a continuación el perfil de uno de ellos, Esteban Manuel Verbel Guerra:

El nueve de septiembre de 2018, siendo una mañana fría en Sahagún (Córdoba), se dieron cita María Estela, Isaías, Walberto y Enelsa Verbel Guerra con Carlos “Yuyo” en la vereda Bruselas del corregimiento de Colomboy, en la casa familiar de los primeros. El encuentro se dio con el propósito de recordar y dignificar la vida de Esteban Manuel; hermano de los Verbel Guerra y compadre del “Yuyo”. La conversación inició con un recuento de la historia de la familia Verbel Guerra, luego trató la infancia y la adolescencia de Manuel Esteban y después abordó la vida campesina que lo caracterizó.

Enelsa: nosotros nos criamos toditos en la casa finca de mis papás. Ésta era una herencia que le dejó mi abuela a mi mamá, después mi papá compró este solar para agrandarla y acomodarnos acá. Éramos diez hermanos: María Estela, Esteban Manuel, Walberto, Delsy, Emigdio, Eufemia María, Eniomit, Isaías, José Gregorio y yo, Enelsa Isabel. Esteban era el segundo hijo y el primero entre los hombres.

Yo soy la menor y era la pechicha (consentida) de Esteban. Él me decía “yo soy tu papá”, porque asistió el parto de mi mamá, pues mi papá estaba en Montería. Él estaba pequeño, pero fue el que cogió el carro y llevó a mi mamá al hospital.

Walberto: en esa época desde que uno se hacía hombrecito empezaba a ayudarle al papá. Con Esteban nos poníamos a cultivar o a sacar los cultivos en burro por la trocha, porque no había caminos y así mi papá los llevaba a Montería donde los vendía. Mi papá se iba de un día para otro a vender la carga y llegó un momento en que Esteban le alistaba todo; conseguía trabajadores y le coordinaba hasta el transporte para llevarla. Es que los campesinos anteriormente no eran pechichones, como decimos acá, ¡a nosotros nos salieron los dientes fue montando burro!

Carlos “Yuyo”: uno a los cinco años, por ahí a las seis de la mañana ya andaba en el monte llevando la comida de los trabajadores, buscando los burros, trayendo agua o ayudando a ordeñar las vacas. En medio de esas actividades, fuimos creciendo con mi compadre.

María Estela: Esteban fue muy avispado desde chiquito, le decía a mi mamá: “mami hazte unas empanadas para irlas a vender allá a la gallera”, todo para poder entrar. Cuando mi papá estaba allá, él lo emborrachaba para podérselo traer y decía: “yo le di trago grande, estalló enseguida y me lo traje”, es que él era como el segundo hombre de la casa.

Isaías: cuando tenía 23 años, se fue a vivir con Nidia a Colomboy. Allí tuvieron los dos primeros hijos: José María y Javier. Después se fueron a vivir a la finca La Sorpresa de propiedad del suegro, esta se encuentra en Villa Ceci, aproximadamente a dos kilómetros de nuestra casa. Estando ubicados en la finca tuvieron a Johan, su tercer hijo. A Esteban siempre le gustó trabajar: tenía sus cultivos de ñame, yuca y maíz; criaba marranos para la venta; mantenía gallinas para el consumo. También se destacó por ser hábil para los negocios, así que llevaba para Barranquilla cargas de yuca, ñame, frutas, panela o lo que fuera.

Como en la finca había ganado y desde pelado me gustó la cuestión del ordeñe y montar a caballo, yo me fui con él para allá, para La Sorpresa.

Walberto: toditos trabajábamos con él, no necesitábamos salir a buscar trabajo en otra parte. Cuando nos decía que necesitaba recoger la cosecha, nosotros íbamos a arrancar ñame, recoger maíz. Todo se lo hacíamos. Me acuerdo de que era estricto con los trabajadores. No íbamos solo nosotros a trabajar en sus cultivos, llevaba ocho o doce trabajadores en total. Entonces nos regañaba a nosotros para que todo el mundo escuchara e hiciera las cosas bien.

Isaías, Walberto y “Yuyo” entre risas recuerdan que a Esteban le gustaban las parrandas y cuentan algunas de las anécdotas que vivieron con él en las “casetas” que organizaba la Junta de Acción Comunal de Bruselas y en las celebraciones privadas de los amigos. Por ejemplo, las bromas que se hacían entre ellos como motilar o velar al que se dormía en las fiestas.

Isaías: mi hermano era muy estricto en el trabajo de la finca, pero como a veces le gustaba tomarse sus guaros, en ocasiones yo me hacía cargo de la finca. Llegaba en la mañana a ordeñar el ganado, le ponía las canecas al burro y así él podía seguir en la parranda. Y como demoraba por ahí dos días para irse para La Sorpresa, yo le cambiaba el caballo en la mañana y me llevaba el que estaba trasnochado.

Walberto: yo me acuerdo de una parranda que demoró tres días. Estaban todos reunidos desde las seis, siete de la mañana tomando ron y cerveza. Esa vez estaban organizando la caseta, eso fue por ahí en el ochenta y tres, y cuando pasó un señor de una finca que no tomaba hace años le amarraron el burro y lo pusieron a beber varios días. En esa época, los señores de las fincas así tuvieran mucho dinero se quedaban con uno a tomar, todos compartíamos en el pueblo, esto era muy sano.

Carlos “Yuyo”: con mi compadre Esteban nos íbamos para la fiesta o nos quedábamos en un billar. En la madrugada, me decía que no quería irse solo pa´l monte y yo le decía que tampoco, entonces pedíamos otra cerveza y ahí nos quedábamos haciendo chistes. Eso sí, cuando nos reuníamos varios amigos al que se dormía lo velábamos; le poníamos un saco, dos velas y empezábamos a rezarle. Cuando pasaban carros, la gente pensaba que de verdad alguien había muerto.

Walberto: en otras ocasiones, al dormido también lo motilaban; eso mochaban cejas, bigotes, hasta pintaban labios. Esteban tenía un compadre que se llamaba Joaquín y tenía el bigote poblado, entonces él le había dicho: “el día que usted se duerma pierde ese bigote”. Por eso, cada vez que Joaquín se sentía borracho se iba para la casa enseguida. Isaías: mi hermano tenía dos animales que lo conocían como la palma de la mano. Él andaba en un burro que se llamaba Jeringa y ese burro lo llevaba borrachito hasta la finca; Esteban solo se montaba, se agarraba y allá llegaba, cuando estaba afuera Nidia se levantaba a abrir la puerta. De hecho, una vez se cayó de la borrachera que llevaba y el burro lo pellizcaba para despertarlo, no lo dejó solo. El otro animal era un caballo mansito, lo podía montar cualquiera, lo único era que no se le podía hacer ruido, porque se asustaba.

(Escuche el pódcast: Los Guáimaros y El Tapón: nunca más una masacre invisible)

De Esteban, sus hermanos y su compadre destacan su liderazgo deportivo y comunitario, pues su gusto por el fútbol lo llevó no solo a practicarlo sino a ser el técnico de la selección de Bruselas, a promover y a organizar los campeonatos interveredales e intermunicipales y a extender su participación en actividades de la Junta de Acción Comunal y la Junta Juvenil.

Enelsa: Esteban fue el técnico de la selección de Bruselas como diecisiete años. Ese trabajo lo hacía con Orlando Paternina; conseguían los uniformes, gestionaban el patrocinio, los arbitrajes y el transporte para ir a diferentes lugares a jugar, así los pelados no tenían que poner nada.

María Estela: el primer campeonato que hicieron lo ganó Bruselas, el equipo se llamaba Los Titanes, ese lo jugaron en una cancha que había acá en la vereda. Era una cancha muy buena de Telecom y la prestaban los domingos. Ese era el lugar recreativo de acá. Entonces se jugaban los partidos y luego se armaba la fiesta. Se pasaba tan rico que los pelados, que a veces venían a jugar de Montería, llegaban desde el viernes y se quedaban todo el fin de semana.

Carlos “Yuyo”: lo otro que tenía mi compadre era que cualquier actividad que se programaba en el colegio él la apoyaba, siempre era el primero en las reuniones y decía: “yo les doy un bulto de yuca, les regalo las gallinas”. Lo que se necesitara siempre estaba ahí, era muy servicial. Desde la Junta Juvenil apoyó la creación de grupos deportivos y de danza. Siempre estaba pendiente de que los niños y las niñas pudieran participar en los festivales que se hacían acá. Como era su costumbre aportar a las ideas promovidas por el profesor Leonardo Mesa, se volvió un líder para la comunidad, todos lo conocíamos y lo queríamos mucho.

Enelsa: Esteban siempre fue muy apegado a la familia y a Bruselas. Por eso, y a pesar de vivir en Villa Ceci, venía todos los días en la mañana y mi mamá le preparaba desayuno, porque llegaba diciendo: “no tienen algo para este mendigo por ahí”. Le gustaba comer donde mi mamá, pero eso sí, era muy exigente con la comida. Como aprendió a cocinar, era muy crítico y cuando algo no le gustaba decía que había quedado mal hecho.

María Estela: en los últimos años, Esteban le había comprado una moto verdecita a mi esposo, la llamaba La Cotorra y los domingos andaba en ella repartiendo el cerdo que vendía por encargo. Acá se acostumbra que un domingo se reparte el cerdo y al siguiente se paga, entonces él se paseaba toda esta zona repartiendo. Me acuerdo de que el día que lo mataron él había ido a comprar dos lechonas buenas para engordarlas y las amarró en la cocina como a las ocho de la noche.

Con tristeza relata Isaías que su hermano había decidido vivir con su familia en una casa ubicada al lado de la de sus papás, está la había comprado hacia aproximadamente diez años. Sin embargo, allí solo alcanzó a estar pocos días.

Isaías: Casaloma, como le llamaba él, se había mantenido alquilada. Pero cuando los hijos se volvieron hombres, Esteban se preocupaba mucho porque estuvieran bien, así que decidió que mejor venían a vivir a Bruselas. En un mes, hizo todos los arreglos de la casa y la dejó bonita. La cercamos todita, porque él trajo como doscientos animales entre gallinas, pavos y patos. Eso fue como para un veintidós o veintitrés de diciembre que ellos se mudaron para la casita y dejaron un cuidandero en la finca, pero uno qué se iba a imaginar que algo así le fuera a pasar si como decía él: “nosotros tenemos una vida muy limpia para que nos pase algo”.

Recuerdo que esa noche al escuchar el primer disparo me levanté, alcancé a ver que había unos tipos en la casa de Esteban y cuando salí corriendo para allá el vecino me dijo: “estaban atacando a Esteban”. Y fíjate cómo quería él a sus hijos que cuando esos hombres llegaron, los sacaron de la habitación y los amenazaron, Esteban al escuchar a los pelados llorar salió de su habitación y entregó la vida por los hijos. Lo encontramos en el patio y ahí lo llevamos para una cama hasta que llegó la policía. Carlos “Yuyo”: al día siguiente, a las seis de la mañana, yo estaba en el baño cepillándome cuando veo que pasa mi hermana ‘La China’ corriendo, le pregunté qué pasaba y me dice: “que Esteban murió”, a mí me dio un sentimiento, una tristeza que casi me desmayo.

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Sus hermanos mencionan con melancolía y seriedad lo que significó para ellos el hecho y el dolor que causó para la familia y la comunidad que veían en Esteban un líder. En Bruselas quedó el vacío por su ausencia. Sin embargo, actualmente tienen la satisfacción de que en el proceso de Justicia y Paz se haya aclarado que Esteban no había hecho nada malo y se diera la oportunidad de dignificar su nombre.

Isaías: para el entierro todos nos acompañaron, aquí como que no se podía creer lo que estaba pasando. Asistieron como dos mil personas; íbamos por Villa Ceci y no se acababa la fila de gente. Y es que en la comunidad siempre nos han querido mucho, porque hemos sido una familia muy unida. Nosotros no habíamos tenido nunca ningún tropiezo y aún hoy en día las personas dicen que admiran que siempre estemos juntos apoyándonos en todo.

Walberto: dieciséis años después, en la última audiencia, limpiaron el nombre de mi hermano; los que lo mataron dijeron que él y al menos cuatro personas más habían sido inocentes, que no estaban vinculados con actividades ilegales y que ellos simplemente cumplieron una orden que les dieron.

María Estela: a nosotros nos pasó algo curioso. Unos días antes que mataran a Esteban estábamos reunidos acá en la casa toditos con mis papás y nos tomamos una foto; quedamos los diez hijos y mami y papi. Alguien nos dijo que tomar esa foto “salaba”, porque empezaban a descompletarse quienes se la tomaban. Y me acuerdo tanto que Esteban decía: “nos tomamos la foto y el primero que se muera le pongo un tache en la cara” y muere él a los diecisiete días.

Enelsa: fue muy triste todo lo que tuvimos que vivir. Por eso es que el 26 de diciembre lo visitamos en el cementerio, ese era el día que él cumplía años. Por ejemplo, papi no faltó un solo año, él iba y le ponía velas, le llevaba flores. Nosotros así cuando nos reunimos hablamos mucho de él; recordamos sus historias, sus maldades. A pesar de las dificultades, estar unidos nos ha servido y siempre terminamos sonriendo, los recuerdos que tenemos con él son muy bonitos.

Isaías y “Yuyo” señalan que la presencia de Esteban fue tan fuerte en sus vidas que aún en la actualidad muchas veces les parece que él estuviera allí acompañándolos, como si nunca se hubiese ido.

Isaías: hace poco me pasó una vaina que me sorprendió. Yo estaba acá en la casa solo cuando El Lleras, un amigo, llegó a las cinco de la tarde y se bajó de un bus. Como Esteban llegaba a la misma hora cuando venía de comerciar en Barranquilla, a mí se me aceleró el corazón, me parecía que se iba a bajar de ese bus mi hermano.

Carlos “Yuyo”: no creas, a mí me quedó el trauma muchos años y todavía a veces estoy por ahí cuando escucho la risa de mi compadre, esa risa fuerte que él hacía, me parece que va a llegar a echarme chistes o a decirme que le eche todos los cuentos que nos faltaron por contar.

La ausencia de Esteban se ha convertido en motivo de reencuentro y aunque en momentos el silencio y la nostalgia se apoderan del solar, los hermanos Verbel Guerra y su compadre “Yuyo” logran sobreponerse al encontrar en las fotografías una vez más los recuerdos de esos viejos parrandones de dos y tres días que acompañaron sus aventuras juveniles.

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Esteban Manuel Verbel, la memoria de un líder campesino asesinado

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