Entrevista

“La orden eran las bajas y el que denunciara moría”: capitán (r) Alfonso Romero

Alfonso Romero, capitán (r) del Ejército, detalla los vínculos entre paramilitares e integrantes del Ejército que permitieron que los “falsos positivos” en Dabeiba, donde se denunció la fosa común por este delito, se cometieran en total impunidad.

Alfonso Romero Buitrago, capitán en retiro del Ejército. / Cristian Garavito - El Espectador

Pocos días antes de que se conociera la noticia de la inspección que ordenó la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) en el cementerio de Dabeiba, para exhumar y contrastar en campo las versiones que han entregado militares sobre al menos 45 cuerpos de personas enterradas como “bajas de combate”, que realmente eran civiles asesinados en indefensión en esa región (lo cual desató gran revuelo nacional) se realizó un Festival de Memorias del conflicto armado. Durante cuatro días, en la comunidad campesina Vida y Trabajo de Balsitas, en la zona rural de Dabeiba, desplazada por la incursión paramilitar de 1997, se reunieron excombatientes dispuestos a escuchar y a darles la cara a las víctimas, que durante años han buscado respuestas a los cientos de desaparecidos forzados, asesinatos y desplazamientos que padecieron en los años más duros de la violencia que se desató en esta zona.

(Leer: En busca de los 45 falsos positivos en el cementerio de Dabeiba (Antioquia))

Uno de ellos fue Alfonso Romero Buitrago, capitán en retiro del Ejército, condenado por “falsos positivos” (hoy en libertad condicionada por los beneficios jurídicos del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Farc) cuando comandó una compañía de soldados a cargo de la Brigada Móvil 11, que operó en esta área estratégica de recursos hídricos y mineros que siempre han buscado controlar los actores armados, porque conecta el departamento de Córdoba, el Urabá antioqueño y el Bajo Atrato chocoano, a través del nudo de Paramillo. Primero fueron las Farc y después de 1997 los paramilitares y militares. En esta entrevista, el capitán Romero reafirma la relación y los vínculos de operación entre los paramilitares y mandos del Ejército que permitieron, sobre todo entre 2004 y 2008, que el fenómeno de los “falsos positivos” se cometiera en total impunidad y bajo la directriz de que lo único que servía era “dar bajas”.

Usted operó en esta región en los años más duros del conflicto armado. ¿Cómo los vivió?

Yo llegué en el año 93, recién desempacado de la escuela militar. Mi primera unidad fue el Batallón Voltígeros, que pertenecía a la Brigada XVII. En ese entonces todavía no se veían malos tratos con la población civil. Después, cuando el presidente Álvaro Uribe fue gobernador de Antioquia y se formaron en esta zona las Convivir yo pregunté quiénes eran ellos. Y me dijeron que era un grupo para la defensa de las personas con mucho dinero que estaban ayudando al progreso de la región. Sin embargo, en ese momento, se desplazó mucha gente. Yo me concentré en los combates con la guerrilla. En 2004 y 2005 vuelvo a estas tierras. Pero entonces no estuve muy de acuerdo con cosas que hacían ellos en esta región, en Dabeiba y sus alrededores. Cosas denigrantes.

¿Como cuáles?

Para nadie es un secreto que para esos años el mayor que estaba en esa época tenía contacto con las autodefensas, venía del sector de Santa Rita (Antioquia). Él creyó que yo iba a trabajar con los paramilitares y yo me negué. Por eso fui una piedra en el zapato.

¿Cómo se llama el mayor?

Mayor David Guzmán, pero él fue ascendido a coronel.

¿Sigue activo?

En realidad, no. Cuando yo estaba privado de la libertad hasta me mandaba saludes. Después me dijeron que fue dado de baja. En la época en la que lo conocí era mayor. Él se mantenía con radio coordinando todo con los paramilitares. Inclusive se emborrachaba con ellos y lo traían borracho a una hacienda que se llamaba La Herradura. En ese lapso vine a saber que al subteniente Jesús Javier Suárez Caro, que era subalterno mío, que hizo las cosas por las que me señalaron, lo mataron y cuando estuve privado de la libertad un soldado me dijo que lo había mandado a matar Guzmán porque sabía mucho.

¿Esa fue la razón de su salida de Dabeiba?

Mire, un día yo me encontré a unos soldados en Dabeiba y ahí ellos me dijeron que ya estaban trabajando para las Autodefensas y me advirtieron que me iban a matar por no colaborar. Cuando salí de Dabeiba para Medellín me tocó irme con un soldado, porque si no me matan en el camino, porque esta zona era de control de las Autodefensas y matar así es fácil: dan la orden, esperan en la guardia y listo. Estando en Medellín me hacen una llamada y me dicen: “Vea, jefe, cuídese mucho porque usted fue bueno con nosotros, pero la orden es mandarlo a quebrar”. Entonces yo lo que hago es denunciar en la Brigada. Después me mandan para Ituango. Allá el coronel Jorge Alberto Amor, me quería mandar a patrullar con una compañía que no era la mía a dos meses de irme a curso para mayor. Entonces yo le dije de frente que me quería matar. Ya habían mandado a matar al subteniente los mismos soldados por orden del mayor Guzmán para callarlo, y al cabo que estuvo con el subteniente también lo mataron en un traslado. Entonces solo quedaba yo. Después fui víctima del montaje ordenado por Guzmán y privado de la libertad injustamente.

(Lea: Militares en la JEP hablaron de 72 víctimas de falsos positivos en Catatumbo)

¿Por qué delitos?

Desaparición forzada, homicidio en persona protegida, secuestro. Lo peor para mí fue haber llegado a la Brigada Móvil 11. El mayor Guzmán nos amedrentaba. Y después me puso para que me señalaran a mí.

¿De hacer qué?

Que yo había dado la orden de asesinar a unos campesinos y presentarlos como guerrilleros, viendo que yo no estuve en el lugar de los hechos. Esa fue una orden del mayor. Eso fue por allá en Santa Rita (Antioquia). Un teniente me contó la verdad.

¿Cuál verdad?

Que el mayor le había dado la orden, con un grupo especial de él, de asesinarme. Él siempre tenía su grupo especial. Era el que manejaba lo de la droga también allá en Santa Rita. Manejaba lo que era los paramilitares. Allá le llegaban los informantes. Él manejaba todo, a él le decían El Tigre, en Santa Rita. Era el terror allá. En Dabeiba formaba a todo el batallón y decía “que vengan los guerrilleros para ver cómo es”. Pero todos sabíamos que eso no iba a pasar porque en esa región desde el 97 estaban todas las Autodefensas.

¿Por qué ocurrió la expansión paramilitar en alianza con el Ejército en esa área?

La Brigada 11 se fundó en Tierralta, Córdoba, en una época en que los grupos paramilitares también se estaban creando. Cuando yo veo que los comandantes de esas brigadas móviles mantenían con los comandantes paramilitares hablando por teléfono. Ellos trabajaban juntos. Y los comandantes de nosotros, por ejemplo, el mayor Guzmán (en una brigada móvil el que manda es el mayor, los capitanes somos peones, a nosotros nos dan órdenes y el que no quiere no la cumple, pero se atiene a las consecuencias) es el que dice que arme un grupo especial para hacer esto y aquello.

Usted dice que no participó en los delitos, ¿cómo pudo escapar de esas órdenes?

Porque no me iba a embalar, menos con vidas humanas. El mayor creyó que yo le iba a ayudar y yo no quise. Pero él le lavó el cerebro a todo el mundo. La vaina eran las bajas. La orden era dar bajas a como diera lugar. Las brigadas móviles son para dar bajas y el que no sirva se va y el que denuncie se muere, esa era la consigna del mayor Guzmán.

¿Cómo vivió las ejecuciones extrajudiciales o “falsos positivos”?

Pues yo la verdad cuando empecé mi vida militar en 1993 yo nunca viví eso, porque no me presté. Lo vine a ver aquí, en Dabeiba, con ese mayor Guzmán. Él andaba con esa gente (paramilitares) y a mí me dejaba en la base. Los soldados eran los que contaban.

¿Qué contaban?

Que iban allá, con paramilitares, sacaban a las personas, e incluso a los que llamaban informantes, y los mataban. Ellos no dejaban a nadie vivo. Y al soldado u oficial que estuviera en desacuerdo lo mataban. Como le dije a la fiscal: si yo me hubiera prestado para eso hoy sería coronel, como están los otros. La mayoría de los capitanes siguieron su carrera porque nunca le hicieron contrapeso al coronel. Todos están pensionados. Hasta mi mamá le escribió una carta al general Mario Montoya diciéndole que me iban a matar. Yo hablé con el general Montoya, hablé con un coronel amigo y lo único que me dijo fue: “Hermano, cuídese mucho”.

¿Qué pasaba en Ituango en la época en que estuvo?

Para nadie es un secreto que durante el gobierno de Álvaro Uribe él pedía bajas. Entonces le exigía a Montoya y de ahí para abajo a los generales y coroneles que el que no servía para eso lo sacaban. Según las bajas se medían los puestos de las brigadas móviles y de los batallones. El éxito se medía por bajas, por litros de sangre, decían, y el que no servía pa’ fuera. Mire, por ejemplo, cuando estuve en Palmira (Valle del Cauca) cogí un guerrillero vivo y me gané madrazos y todo y una sanción porque no lo maté, viendo que lo cogí en una casa con picadura de tábano. Eso hicieron muchas cosas por allá.

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¿Qué cosas?

Operaciones con los paracos.

¿Qué buscaban esas operaciones en Ituango?

Decían que había mucho informante de la guerrilla, por un sector conocido como Basurero, y que iban a acabar con esa gente. Porque las autodefensas querían adueñarse de ese sector.

¿Para qué?

Porque este es un corredor de movilidad clave. Lo que es el cañón de La Llorona, y aquí para Chocó y aquí para Montería. Era un punto estratégico para que Vicente Castaño pudiera moverse, porque el Ejército sí sabía que estaba allá. Para eso decían que iban a acabar con los milicianos, con las personas trabajadoras que vivían en medio de ese conflicto, que estaban entre la espada y la pared. Eso fue en 2004 y 2005. Después me echaron sin justificación del Ejército y me pusieron preso por delitos que cometieron otros y en la cárcel me tocaba estar pendiente de que no me fueran a envenenar.

¿Por qué siempre habla de los demás y no de lo que usted hizo en el Ejército?

Lo que yo hice en el Ejército lo hice bien, a mí ellos me dieron la espalda. No todos los militares son malos, hay gente buena, pero en esa época el que quería torcerse, no solo matar gente inocente sino también ser narcotraficante, lo podía hacer. Yo quedé muy desilusionado de las personas de las Fuerzas Militares. Cuando me metieron preso, mi esposa quedó sola y se estresó muchísimo y eso la enfermó hasta la muerte. Eso fue muy duro. Yo no sé cómo no me suicidé. Pero Dios le pone a uno personas y me puso una mayor de la Iglesia cristiana a la que pertenezco que me ayudó. Inclusive el abogado que tenía de Fondetec (Fondo de Defensa Técnica Especializada para los Miembros de la Fuerza Pública) me decía que me declarara culpable y yo me negué. Después me enteré de que también defendía al coronel Guzmán.

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2019-12-26T06:00:40-05:00

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2019-12-28T12:53:02-05:00

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Natalia Herrera Durán / @Natal1aH

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