“No se puede forzar a una víctima a que acepte el perdón”: Francisco De Roux

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El presidente de la Comisión de la Verdad considera que el perdón de los exjefes guerrilleros de las Farc a víctimas de secuestro abrirá la puerta para conocer más hechos de la guerra. Agrega que desde los medios de comunicación se deben propiciar espacios de paz y que este es apenas el comienzo de un proceso de reconocimiento.

Cada vez que puede, el padre Francisco De Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, hace un llamado a la reconciliación y exalta cuando hay un reconocimiento de los actores armados sobre hechos atroces cometidos en la guerra. El pasado lunes 14 de septiembre, cuando los exmiembros del secretariado de la extinta guerrilla de las Farc-EP aceptaron que el secuestro es un delito grave y pidieron perdón a sus víctimas, no fue la excepción. En su cuenta de Twitter, de Roux destacó este gesto que, según él, es “un paso hacia la paz basada en la verdad y merecen ser acogidos por quienes creemos que es posible”.

En entrevista con este diario, el funcionario expresa sus postura sobre la decisión de Farc de asumir la palabra secuestro y no retenciones, y la necesidad de crear ambientes de paz, sobre todo desde los medios de comunicación, para propiciar la reconciliación, el reconocimiento y el perdón.

¿Qué piensa sobre el perdón de la guerrilla de las Farc?

Es muy importante lo que ha hecho las Farc y, para ser exactos, los miembros de lo que fue el secretariado de esta guerrilla durante el conflicto. Ellos juntos han reconocido ante el país y ante todas las víctimas de secuestro y sus familias, por primera vez en la historia de las Farc, que cometieron secuestro, no retención. Que esto es un crimen sumamente grave. Reconocieron que al hacerlo privaron de la libertad y de la dignidad a sus víctimas y las sumergieron en un infierno. Por otra parte, reconocen que al destruir y vulnerar la dignidad de esas víctimas estaban acabando con la propia y con su legitimidad. Entran en detalle para pedir perdón y terminan diciendo que trabajarán para que eso nunca vuelva a suceder.

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El perdón vino justamente después de su charla con Ingrith Betancourt, en la que dijo que las víctimas esperaban reconocimiento.

Sí, de hecho, ellos hacen esto, tal como lo decía Rodrigo Londoño, después de escuchar a Ingrith Betancourt. Y ahí hay un elemento muy valioso: por primera vez ellos miran con amor a una víctima de secuestro a fondo. Oyeron a Ingrith, quien hizo un planteamiento muy sincero, abierto, generoso. Les dice que ella fue asesinada en el secuestro, porque durante ese tiempo la identidad de la persona se destruye, así como su individualidad e intimidad. Ellos reciben eso y se dejan tocar y escriben la carta.

Ingrith ya no es sólo la política que conoció el país hace 20 años, sino una mujer madura que ha reflexionado mucho sobre las cosas que acontecieron, que ha hecho estudios de teología a fondo, que ha hecho un gran trabajo espiritual. En su lenguaje no había adversariedad sino una inmensa comprensión de lo que vivimos en Colombia, una enorme determinación de poner la verdad en el primer plano. En lugar de contar detalles crueles del secuestro, indagó en el rompimiento interno del ser humano e incluso de los perpetradores y agradeció a quienes la rescataron.

¿Por qué es tan difícil reconocer desde el comienzo esos delitos? Lo mismo ha sucedido con otros grupos armados, como los paramilitares.

Aquí hay otro punto importante y es que ellos reconocen, pero encuentran resistencia. Eso es muy difícil. Ahora que lo hacen, la respuesta es: ¿por qué lo vienen a hacer hasta ahora? Quienes entran al terreno adversarial en medio de un reconocimiento desconocen que a los hombres y las mujeres les toma tiempo reconocer una verdad. El reconocimiento es un proceso interior difícil y profundo, sobre todo cuando se hace con tanta sinceridad y cuando se sabe que hay al otro lado un rechazo en caso de que suceda. Es un acto de grandeza asumirlo, pero también acogerlo y comprender que es el comienzo de otros reconocimientos posteriores. Una vez que se revienta una cadena que lo tenía a uno atrapado en la imposibilidad de reconocer y se libera, lo normal es que luego lleguen reconocimientos continuos, sobre todo en un caso de estos en los que se reconoce por primera vez la maldad, la brutalidad, la inhumanidad del secuestro.

Ahora la pregunta que deberíamos hacernos como sociedad es por qué no nos abrimos a quien quiere honradamente aceptar y por qué tanta resistencia del país a abrir la puerta de este camino. Y también hay que cuestionarnos por los otros, por más personas que cometieron graves delitos y aún no se enfrentan a la verdad. Este es el momento para que todos reconozcamos el dolor que se le propinó a las nueve millones de víctimas.

Pero no se puede desconocer que este perdón llega en medio de una coyuntura en la que el partido Farc ha sido criticado por no reconocer que hubo una política dentro de su organización de reclutamiento...

Uno de sus miembros me decía que este paso fue romper las cadenas que nos tenían amarrados en el pasado, para lanzarnos a la verdad de fondo. Tengo confianza en eso.

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Hay víctimas que han dicho que no creen en sus palabras, ¿qué debe hacer Farc para convencerlas de que es un perdón genuino?

Creo que es un proceso que tomará tiempo. Que una víctima reconozca en su inmenso dolor no se puede propiciar. No se puede forzar a una víctima a que haga un acto de reconocimiento o acepte el perdón. Hay que respetarlas. Ese es un desafío grande para las Farc, pero también a quienes creemos en el acuerdo de paz y hablo puntualmente desde la Comisión de la Verdad. Tenemos que contribuir a crear los ambientes para que el perdón y el reconocimiento acontezcan en el país. Los medios de comunicación, en vez de exacerbar la confrontación, que es una gran equivocación, deberían promover espacios de paz para que el país pueda cambiar.

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