Por: Fabiola Calvo

El terror como herramienta para controlar

Cada día Colombia suma en sus cifras de horror una lideresa  o líder asesinado, una persona de un pueblo indígena, un campesino, una defensora de derechos humanos… nuevamente regresamos a las masacres, como técnicas para crear el terror.

En conversación con Daniel Feierstein, investigador desde hace 30 años sobre el genocidio, comentó que con este se busca destruir la identidad y aislar a un grupo específico. Cuando asesinan no solamente afecta a una persona y su familia, irradia para lo que recordó la frase de la obra de teatro El señor Galíndez de Eduardo Pavlosky: “Cuando tocan a uno tocan mil”. 

Para este académico de la Universidad de Buenos Aires, en la modernidad “los genocidios empiezan en el siglo XV por lo que las acciones de los nazis en la Segunda Guerra Mundial puede ser un punto de llegada pues tras años de acumulación llegan al paroxismo, a la destrucción de un pueblo, a un campo industrial de la muerte”.

Muy pausadamente dice que “también puede tomarse como un punto de partida con el uso sistemático del terror. Con el final de la Guerra Fría, aparece la privatización y tercerización de la violencia”.

Las afirmaciones del Feierstein me llevan a la reflexión sobre Colombia donde existen estudios y denuncias que han demostrado los vínculos del Estados con la creación del paramilitarismo y bandas criminales, con lo cual el Estado delega su rol de mantener el monopolio de la violencia.

En su análisis, Feierstein considera que la privatización y la tercerización de la violencia dificultan la resistencia porque llevan a cambios en las relaciones sociales y se constituyen en fuente de trabajo en medio de la crisis económica.

En esta danza de actores  escucho al investigador referirse a otro actor de los conflictos, los narcotraficantes “que no son simples bandas criminalizadas”,  aplico tal afirmación a Colombia. Entran en juego el territorio, el control de la población y con ello las rutas y el subsuelo, además de la incidencia política e injerencia en la institucionalidad.

Con el sabor de una taza con agua aromática, el profesor asegura que después de la Guerra Fría, aparece una lucha interimperialista por los recursos y esto se evidencia en el papel más sangriento de EEUU.

“El cambio de la geopolítica busca la destrucción del Estado en lo que entran también a jugar los intereses de las trasnacionales en la violencia”. Me pregunto ¿Qué hacen?,¿ cómo han actuado diferentes gobiernos y el mismo Estado en Colombia? 

Digamos entonces que son muchos los factores y actores que buscan homogenizar el control del territorio y la población, mientras que por otro frente, el Estado colombiano y el gobierno de Iván Duque, invocando el Derecho Internacional Humanitario bombardea un campamento de los disidentes de las Farc con menores reclutados por esta organización.

El gobierno y el ejército dejaron de lado una investigación que les fue entregada dos meses antes por el personero Herner Carreño, de Puerto Rico (Caquetá).

 Aducen que la culpa es de quienes reclutaron pero el Estado no puede equiparar su responsabilidad con la de grupos en la ilegalidad y debe asumir el derecho a la vida y los derechos de cada persona en el territorio nacional pero está ocupado con los problemas internos de los países vecinos y en aislar a Colombia de la región.

Asesinatos, masacres, bombardeos y una intromisión descarada en la memoria sobre el conflicto armado. El director del Centro Nacional de Memoria Histórica, Darío Acevedo es “un intruso” que quiere abolir el derecho a la memoria de las víctimas. ¿Algo más para quitar toda la identidad?

Varios legisladores pidieron a la Procuraduría General de la Nación, investigar a Acevedo por la presunta comisión de conflicto de intereses, censura y desconocimiento de las iniciativas de las víctimas, desconocimiento a los requerimientos del Congreso de la República, y declaraciones en contra del proceso de paz.

Frente a la devastación que deja el genocidio, Daniel Feierstain recomienda movimientos con mayor capacidad; recuperación del Estado que ofrezca alternativas al servicio de las comunidades,  no solo para el uso de la fuerza pública.

Asímismo, “la lucha por la memoria, las memorias, comprender el sentido del terror, conectar esas historias y recomponer la identidad. La memoria es fundamental contra el genocidio”.

Ojalá llegue el día que en esta esquina de Sudamérica se pueda decir que “cesó la horrible noche” y que, tomando el título de la obra de teatro, representada por El laboratorio de Memorias Transformadoras, que “El olvido no ha vuelto por aquí”.

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