Los delfines de la paz

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Laura Macías - @lmacialozano

Guaviare es de esos lugares llenos de magia que por años el conflicto armado nos arrebató. Aún hoy sufre el estigma de una guerra que lo categorizó como uno de los departamentos más peligrosos del país. Sus habitantes, tras la firma del acuerdo de paz, trabajan para borrar esa etiqueta, pues pocos saben que Guaviare es uno de los lugares con mayor potencial para el turismo, no solo en Colombia sino en el mundo. Esta afirmación no es exagerada, lo que hay por ver en estas tierras parece de otra galaxia.

Precisamente, hace unas semanas este departamento fue noticia internacional tras el “descubrimiento” de pictogramas de más de 12 mil años de antigüedad - en El Parque Natural Chiribiquete - la “Capilla Sixtina” de América Latina, como lo denominó la BBC. Lo cierto es que esto no fue ningún descubrimiento, estos discursos colonialistas no hacen más que ensombrecer el trabajo que por años llevan haciendo los y las campesinas locales por posicionar a Guaviare como uno de los mayores atractivos turísticos del país.

Nubia y Pacho son dos de estos campesinos que encontraron el amor al lado de la laguna Damas del Nare, el único lugar en el mundo donde en cualquier época del año se puede nadar con delfines en su hábitat natural. A la Laguna de las Damas del Nare, se le dio este nombre porque en épocas del conflicto armado llegaron cientos de mujeres viudas desplazadas por la violencia y allí se asentaron. Hoy es territorio de paz y esperanza.

Pacho y Nubia se conocieron hace 35 años a las orillas de la laguna nadando junto a las “toninas” (delfines) y hace siete son socios de Econare, una empresa comunitaria dedicada al turismo sostenible. Nubia una mujer emprendedora y dedicada es la fiscal de la sociedad y la encargada de la gastronomía junto a otras mujeres de la comunidad. Pacho es el representante legal y guía turístico. Tras varios años de capacitación con el SENA, mucho trabajo, sacrificio y amor por el turismo levantaron Econare, donde desde lo personal he vivido unas de las experiencias más alucinantes y bellas de mi vida.

Pacho maneja su lancha hasta la mitad de la laguna, rodeada por selva espesa y donde empiezan a asomarse las toninas. Una vez en lo más profundo de la laguna, los visitantes nos ponemos los chalecos salvavidas y en medio de la incertidumbre - es imposible ver un metro bajo el agua por las altas concentraciones de plancton - nos lanzamos. Los delfines solo se acercan, según lo que cuenta Pacho, si quienes visitan están llenos de optimismo y concentración. Y así empieza el ritual, no se sabe a ciencia cierta cuántos delfines hay, dicen que entre unos ocho o 10. Estando inmersos en las aguas de la laguna, las toninas empiezan a asomar sus aletas, lomo y cara y en el momento menos esperado nadan debajo de nuestros pies. Solo puedo decir que esta experiencia me llevó hasta las lágrimas.

A pesar del apoyo de la Secretaria de Turismo, varias visitas de medios de comunicación y personajes públicos, la infraestructura sigue siendo uno de los mayores obstáculos para que Econare se convierta en una empresa realmente sostenible. Hace muy poco los vecinos de la laguna tienen acceso a internet, gracias a una antena que ellos mismos levantaron, pero que no les brinda la conectividad suficiente para comunicarse con sus clientes y agendar las visitas. El camino de acceso es otro de los dolores de cabeza, una carretera destapada que en épocas de invierno se vuelve intransitable.

Sin contar que la pandemia afectó fuertemente a esta comunidad de 10 familias que decidieron jugársela por un turismo que respeta y cuida a la naturaleza. Nubia, Pacho y los demás socios esperan que la reactivación luego de la pandemia sea tal, que les permita vivir del todo de lo que más le gusta hacer: cuidar de los delfines e introducir a los visitantes a una experiencia inolvidable. “Por el momento somos campesinos cultivadores de pan coger para poder subsistir. El turismo es una actividad alterna, porque aún no ha sido sostenible,” afirma Pacho.

Me siento con la obligación de que esta columna sirva de medio para que el Gobierno Nacional invierta en la infraestructura de Damas del Nare, y sobre todo que le dé el reconocimiento, empoderamiento y propiedad que estas campesinas y campesinos merecen. Ojalá sus voces sean escuchadas.

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