Lideresas sociales en Colombia resisten en medio de la violencia y de la pandemia

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En conmemoración al Día de la Defensora de los Derechos Humanos, resaltamos la labor de Yirley Velasco y Clemencia Carabalí, dos lideresas que le dedican la vida a sus comunidades. La situación actual de ellas y de miles de mujeres defensoras en el país está relatada en el último informe de la organización Sisma Mujer.

Las lideresas sociales en Colombia conforman en sus territorios canales de atención, escucha y apoyo a las comunidades. Sea por medio de organizaciones, alianzas o fundaciones, las defensoras de derechos humanos trabajan 24 horas al día, siete días a la semana en una labor que más que ser un trabajo, es una vocación de vida. Por este motivo, en conmemoración del Día Internacional de la Defensora de Derechos Humanos, resaltamos la labor de dos de ellas, Yirley Velasco y Clemencia Caribalí. Su situación actual y la de miles de defensoras de derechos humanos en el país está relatada en el último informe de la organización Sisma Mujer.

Yirley Velasco es lideresa social en los Montes de María, una región del caribe colombiano que ha sido fuertemente azotada por la violencia. Los montemarianos llevan décadas en medio del conflicto armado y sufrieron en carne propia los estragos de la guerra por parte de todos los actores armados. Especialmente de los paramilitares, que fueron los responsables de al menos 10 masacres que ocurrieron en el año 2000 en esta región. Una de ellas fue la masacre de El Salado, que ocurrió del 16 y el 22 de febrero de aquel año.

Fue en esta masacre y posterior toma paramilitar que Yirley fue víctima de violencia sexual. Ella tenía solo 14 años y hoy 20 años después, dice, sigue sanando las heridas internas y externas que le dejó ese doloroso episodio en su vida. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) después de la masacre “este pueblo de 4.500 habitantes fue abandonado durante dos años, tiempo suficiente para que la vegetación invadiera las construcciones hasta ocultarlas”.

Aunque Yirley lleva en sus venas ese ímpetu de liderazgo (pues su madre fue durante muchos años lideresa también en los Montes de María), fue a raíz del hecho victimizante al que sobrevivió que decidió emprender el camino de la defensa de los derechos de las mujeres. “Había más mujeres que fueron víctimas de los paramilitares y cuando llegó el proceso de reparación de El Salado que iba a ser supuestamente transformador, nunca nadie habló de nosotras las mujeres. Entonces desde allí nació la idea de ganar espacio, de hablar y exigir nuestros derechos. Y ya llevo 17 años de liderazgo. Esta es una labor maravillosa. Uno da amor y recibe amor”.

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Pero no ha sido únicamente en El Salado, Yirley y la organización que fundó “Asociación Mujeres Sembrando Vida-Sobrevivientes de Violencia Sexual” llevan acompañando durante casi dos décadas a mujeres víctimas de otros municipios de Bolívar como el Carmen de Bolívar y María La Baja. Actualmente acompañan a 120 mujeres de este departamento.

“Yo hace unos 20 años era una mujer que vivía con mucho rencor. Siempre decía yo quiero vengarme de las personas que me hicieron todo. Yo estaba llena de odio y eso se reflejaba en mi familia. Entonces yo dije ellos no tienen la culpa y para liderar a las mujeres tenía que sanar el corazón y transformar ese odio en amor”, asegura Yirley.

Sin embargo su labor de liderazgo le ha traído asedios y amenazas a tal punto que tuvo que salir desplazada con su familia y ahora, cuenta con un esquema de seguridad que vela por su vida. Pero al contrario de lo que pensaron quienes enviaron las amenazas y panfletos en su contra, no lograron doblegarla sino por el contrario, la fortalecieron y ahora más que nunca lleva en el corazón a las mujeres que acompaña: “yo soy lideresa social y tengo muchas necesidades. Todas sobrevivimos porque como yo siempre digo mi pago son sonrisas”.

Precisamente las cifras de amenazas contra lideresas sociales en Colombia es preocupante. El último informe de Sisma Mujer “Lideresas y defensoras durante la pandemia: entre la violencia sociopolítca de género y el Covid-19″ recopila la situación actual de las defensoras. Por ejemplo, según la Defensoría del Pueblo que en el periodo de enero a junio de 2020, la Defensoría del Pueblo registró 151 conductas vulneratorias contra lideresas sociales y defensoras de derechos humanos, que incluyen 132 amenazas, 11 homicidios, 7 atentados, y una retención arbitraria.

En lo corrido de 2020, cada 19 horas se registró una agresión contra mujeres defensoras de derechos humanos, se dice en el informe. Fiscalía General de la Nación reportó tener investigaciones en curso por distintos delitos contra lideresas sociales, de estas entre enero a agosto 19 de 2020, se registraron 280 amenazas, un caso de delito sexual y 16 casos de lesiones personales contra lideresas y defensoras de derechos humanos.

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Y pese a la pandemia, la violencia contra las lideresas sociales escala a tal punto que los homicidios contra ellas, en comparación con el año anterior, se han duplicado. Así lo registra el informe de Sisma Mujer citando cifras del Sistema de Información sobre agresiones contra personas defensoras de DD.HH en Colombia (SIADDHH) del programa Somos Defensores. Según esta fuente, los asesinatos de defensoras se incrementaron en un 100%, es decir que se duplicaron, al pasar de 3 asesinatos de lideresas, de julio a septiembre de 2019 , a 6 para el mismo periodo de 2020.

A pesar del estado de vulnerabilidad en el que se encuentran las mujeres defensoras de derechos humanos en Colombia, el cual se ha ido agudizando desde la pandemia, ellas continúan resistiendo y acompañando a sus comunidades.

Ese también es el caso de Clemencia Carabalí. Ella es una lideresa afro que vive y trabaja en el norte del Cauca, principalmente en el municipio de Buenos Aires. Ella lleva 32 años dedicada al trabajo social y comunitario en protección a los derechos de las mujeres y de los pueblos étnicos en Colombia.

Clemencia ha trabajado en diversas organizaciones sociales como de la Asociación de víctimas Renacer Siglo XXI y de la Asociación de Mujeres Afrodescendientes del Norte del Cauca (ASOM). Desde esas dos instancias “he contribuido a mi comunidad, mi familia y a las mujeres del país”, dice.

“Las épocas más duras en el norte del Cauca fue con la llegada de los paramilitares. Fue una oleada de violencia sexual y de esclavización doméstica. Usaron a las mujeres como carne de cañón para sus estrategias militares y las desplazaron. Fue muy duro”, recuerda Clemencia. Y ella reconoce que la violencia no solo se ha dado puertas afuera, sino también dentro del hogar: “hay cientos de mujeres víctimas de violencia doméstica, intrafamiliar y psicológica”.

Frente a la situación de los pueblos afrodescendientes, Clemencia dice: “la sociedad tiene una deuda histórica con la población negra y tiene que ver con acabar las prácticas de racismo. Que nos permitan ser, estar y hacer a partir de lo que somos y de los inmensos aportes que le hemos dado a este país. Pero el racismo es una barrera muy grande que no nos permite ser mujeres ni ejercer nuestra ciudadanía. Hay que subsanar el daño de la exclusión, que se nos mire como menos. Eso es lo que nos permitiría avanzar”.

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Pero Clemencia asegura que estos meses no han sido fáciles especialmente por la emergencia sanitaria. El desempleo ha impactado en la región y los grupos armados y delincuenciales continúan disputándose el territorio. Así también lo advirtió ONU Mujeres: “durante esta crisis se ha incrementado la violencia contra las mujeres, se ha afectado el desarrollo de sus actividades y limitado a las lideresas y defensoras de derechos humanos su labor”.

De acuerdo con la directora de Sisma Mujer, Linda Cabrera, en el marco de la emergencia sanitaria se generaron nuevos escenarios de riesgos para las defensoras. “Las mujeres empezaron a liderar en los territorios la canalización de ayuda humanitaria, la difusión de información y atención. Esto hizo que tomaran represalias en su contra y las estigmatizaran, tomaran represalias en su contra e incluso las tacharan como portadoras del virus”, asegura Cabrera.

Sisma Mujer realiza periódicamente el análisis de las situaciones de las lideresas sociales en Colombia porque reconocen y desean resaltar la importancia de ellas para la construcción de tejido social y de territorios en paz. Para conocer el informe completo visite el siguiente enlace o la página web de la organización.

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