Una ‘pola’ por la paz: la iniciativa para construir jardines para los hijos de excombatientes

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Las cervezas La Roja, Sumeria, Fómeque y la marca de ropa Manifiesta, lanzaron este viernes, 25 de septiembre, una edición especial con la que buscan recaudar fondos para construir tres centros de cuidado para los hijos e hijas de excombatientes y para las comunidades aledañas a los ETCR de Mutatá (Antioquia) y los municipios de Icononzo y Planadas (Tolima). Se estima que en todos los espacios de reincorporación del país hay 764 niños en total.

En el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) del municipio de Icononzo (Tolima), hay un proyecto que ha dado más frutos que el resto. Se llama Semillas de Reconciliación y está concentrado en una casa de 30 metros cuadrados en la que se concentra toda la esperanza de los excombatientes que hace más de tres años dejaron las armas y llegaron hasta este lugar para ver avanzar la implementación del Acuerdo de Paz. Quienes pasan por allí a diario dicen que solo oyen carcajadas, algunos sonidos que provienen de instrumentos musicales y pasos ágiles y firmes de quienes no tienen miedo de hacerse oír: este es el centro de cuidado de los hijos e hijas de los exguerrilleros de las Farc.

Fue un lugar que adaptaron los mismos padres de la generación de “los hijos de la paz” en 2017 y que han procurado mantener con esfuerzo durante estos años; pero el tiempo ha pasado factura y la falta de mantenimiento a la construcción tienen el salón con humedades y goteras que ya son incontrolables. “Los niños se mojan adentro de la misma casa y los instrumentos musicales que nos han donado se están dañando, porque no tenemos más en dónde guardarlos sino acá”, cuenta Ana Vanessa Rodríguez, una mujer indígena, excombatiente y una de las profesoras de Semillas de Reconciliación.

Con el sueño de levantar ese lugar y construir centros de cuidado infantil en los 24 ETCR del país y en todas las áreas de reincorporación de exguerrilleros, los proyectos productivos Cerveza La Roja y la cooperativa Tejiendo Paz, ambas de Icononzo, lanzaron este viernes, 25 de septiembre, la campaña #PolaPaz, una edición especial de la cerveza con la que buscan recaudar fondos para autofinanciar la construcción de, por ahora, tres jardines infantiles: uno en la zona de reincorporación de Icononzo, otro en el municipio de Planadas y el último en el municipio de Mutatá (Antioquia), hasta donde llegaron 93 excombatientes desplazados desde Ituango, hace dos meses. Un cuarto proyecto que se financiará con la iniciativa será el de Semillas de Reconciliación, la escuela de música de Icononzo.

En los dos primeros municipios los centros de cuidado infantil se construirán dentro de las áreas de reincorporación de excombatientes. En Mutatá (Antioquia), la iniciativa será diferente. “Ellos, de alguna forma, han sido los más afectados por la situación de desplazamiento que han vivido entonces no quisimos dejarlos por fuera, aunque no sean un ETCR formal. Las familias que llegaron hasta allá muchas no tienen ni siquiera un espacio para vivir bien y menos para el cuidado de sus hijos, entonces la idea es crear algo desde ceros allá y que pueda garantizar, por lo pronto, los derechos de los niños y niñas", cuenta la gestora del CNR.

La meta inicial era vender 2.500 cervezas de la marca La Roja, pero en el camino se unieron otras dos marcas de cerveza artesanal (Sumeria y Fómeque) que también destinarán parte de las ganancias de sus productos, desde octubre hasta diciembre, a la construcción de estos centros de cuidado. También la marca Manifiesta, que vende ropa confeccionada en la cooperativa Tejiendo Paz, se unió a la iniciativa. Nicolás Hurtado o “Carlos Alberto”, como lo conocían en la guerra, actual gerente de La Roja, cuenta que “este es un proyecto por las generaciones futuras, por los hijos de nuestros compañeros y compañeras que llegaron en medio de la ilusión de un país en paz”.

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La versión de #PolaPaz no será la tradicional cerveza artesanal negra de La Roja sino que para esta ocasión transformaron su producto en una cerveza rubia y clásica. Al lanzamiento no solo asistieron las familias que se beneficiarán de los lugares para sus hijos sino que también hicieron presencia los artistas Alejandro Riaño, Julián Román, la activista Mafe Carrascal de la Corporación El País Primero y Mario Muñoz, subcantante de “Doctor Krápula”, quienes se comprometieron a ser embajadores y voceros de la campaña que va hasta finales del 2020.

Para Valentina Beltrán, integrante del componente FARC en el Consejo Nacional de Reincorporación (CNR), hubo una inspiración directa por trabajar con las nuevas generaciones. “Esta historia arranca cuando llegamos a las zonas veredales, cuando el barro nos llegaba hasta la rodilla. Y en el ETCR de Antonio Nariño en Icononzo (Tolima) llegamos hombres y mujeres en armas y junto a nosotros dos niñas y un niño de meses de nacidos y una niña que ya tenía dos años. Esos cuatro niños nos llevaron a conspirar y desde ahí nos sentamos a pensar cómo sería el futuro de construir esta paz que tiene muchas dificultades y muchos retos”. Aunque han pasado casi cuatro años, el proceso que comenzó con apenas cuatro menores de edad en Icononzo, hoy hay más de 100 niños y niñas que han nacido desde que se firmó el acuerdo de paz y viven junto a sus padres el regreso a la vida civil.

Y en los 24 ETCR que hay en todo el país, hasta noviembre del año pasado, había 764 niños y niñas que habitaban con sus familias en estas zonas, según datos del CNR, sin contar las familias que han llegado a las Nuevas Áreas de Reincorporación (NAR). Por eso, para Floralba Loaiza, presidenta de la Asociación de Mujeres Farianas de Icononzo, la creación de estos lugares es urgente y prioritaria: “la problemática que hemos venido viendo es que no tenemos un sitio para el cuidado de estos niños y niñas hijos de nuestros compañeros y por el incumplimiento del Estado hemos tenido que autofinanciarnos y construir estos lugares cono nuestros propios recursos y con mano de obra de gente de la comunidad. Ahora necesitamos alrededor de $24 millones para la construcción del centro en nuestro ETCR Antonio Nariño”, menciona.

La idea, según plantearon los líderes de la campaña en el lanzamiento, es construir desde cero un espacio con varios salones para tener lugares de recreación y música en los que puedan atender a los más pequeños hasta que hagan su tránsito a la educación primaria. Una de las características de estos centros de cuidado es que no serán exclusivos para los hijos e hijas de los exFarc, a pesar de que estarán ubicados dentro de los ETCR, sino que serán espacios abiertos a las familias de las comunidades de esos territorios y que requieran de este servicio.

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Ana Vanessa Rodríguez, de 34 años, lleva seis meses preparándose para la que dice, es su vocación: ser maestra infantil. Desde que comenzó su proceso de reincorporación había trabajado en proyectos productivos agropecuarios que le permitían la subsistencia de su familia; sin embargo, hace dos años nació su hija y desde entonces se ha dedicado al cuidado de ella y al de los hijos de otras compañeras que se ausentan durante el día para asistir a sus trabajos. “En estos años, la mayoría de mujeres hemos sido mamás por primera vez y nos hemos tenido que alejar de las labores de trabajo para dedicarnos de lleno al hogar, pero hay muchas compañeras que tienen la necesidad de salir a sus empleos y por eso es importante tener un lugar en el que ellas puedan dejar con confianza a sus hijos”, cuenta.

Y precisamente en el acuerdo pactados en La Habana se planteó la importancia de llevar a estas familias, modelos de vida con enfoque de género. Beltrán, del CNR, lo explica claro y conciso: “Éramos más las mujeres que no queríamos la maternidad en el conflicto por convicción, pero en la transición eso ha cambiado. Pero queremos cumplir otros roles por eso el cuidado compartido es fundamental para poder participar en los proyectos productivos, sociales, políticos, entre otros".

La idea, entonces, es que los centros de cuidado se conviertan en un proyecto avalado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), las alcaldías municipales, las gobernaciones y el CNR, con el fin de que las cuidadoras, que son excombatientes de las Farc en su totalidad, reciban una remuneración por este trabajo. Y para cumplir con los requisitos de formalización que exige el ICBF, ellos se inscribieron a través de la Modalidad Propia e Intercultural que establece esta entidad. Alejandro Leal, psicólogo y encargado del proyecto, cuenta que la metodología se llama Lugares para la Paz y para Soñar (LuPaz). Es un método de educación propia basada en tres pilares: cuidado, cuidado compartido y autocuidado. “Hasta ahora estos centros de cuidado están presentes en 15 de los 24 ETCR en total y lo que buscamos es que, para la atención a primera infancia (de los cero a los ocho años) para que los menores aprendan y estén en contacto con la naturaleza y con el entorno que los rodea, para que no sean ajenos a ello”.

Por ejemplo, en el caso del componente de cuidado compartido, en Icononzo hicieron un museo de la memoria con los más pequeños en los que, junto a sus padres, debían construir los relatos sobre su vida cuando estaban dentro de las filas de las Farc. “Ellos luego con hojitas o cosas que se encontraban en el entorno y la naturaleza, trataban de personifican a sus papás dentro de la vida en confrontación armada, para tener memoria sobre lo que vivieron”.

Para el caso del componente de autocuidado, otra actividad fue enseñarles sobre el uso de las huertas caseras y la manutención de ganadería, para mostrarles algunas formas de subsistencia en la ruralidad. Y en el caso del cuidado, las docentes se encargan de propiciar espacios para el buen vivir, bienestar, buena alimentación y salud de los niños y niñas. “Sabemos que no en todos los ETCR tienen la posibilidad de construir un espacio de cero por el tema de recursos, por eso no es indispensable que haya una estructura como tal para desarrollar los laboratorios de aprendizaje, pero sí esperamos que haya al menos unos salones con condiciones óptimas para los niños”, comentó el psicólogo.

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Con la campaña #PolaPaz, por ejemplo, se podrá construir un centro de cuidado desde cero solo en el espacio territorial de Icononzo. La razón, según Beltrán, se debe a que de los 24 ETCR que hay en total, este es el único que tiene un predio propio. “El resto son terrenos baldíos o que están en proceso de compra, y mientras no sean propios no hay licencias para construir”. Entonces, en Planadas y en Mutatá, los otros dos municipios que se beneficiarán de la campaña, lo que podrán hacer es adecuar una de las casas o espacios ya existentes para dotarlos con los elementos necesarios para el cuidado de los más pequeños.

Pero para que el proyecto cobre vida y se cumpla el objetivo en su totalidad, las mujeres y hombres excombatientes que están vinculados con los centros de cuidado deben capacitarse y formalizarse como Técnicos en Primera Infancia. Hasta el momento, la mayoría han hecho cursos cortos de seis meses sobre pedagogía infantil, alimentación en la primera infancia y primeros auxilios. Como Ana Vanessa, que dice que “en el último curso que hicimos aprendí sobre juegos para los niños, aprendí a interpretarlos y la importancia de fomentar en ellos la creatividad”. Su sueño de ser Técnica y formalizar sus estudios está cerca, pues según el CNR, la idea es que comiencen a capacitarse este año.

La educación que impartirán en los centros de cuidado no es convencional ni tradicional. Cada ETCR, según sus necesidades y la de su entorno, construirá un modelo educativo “para que los menores puedan hacer un tránsito adecuado a la educación básica primaria, que esa ya tendrán que hacerla en otros colegios de sus regiones”, explica el psicólogo Leal.

La dotación de los jardines en elementos como sillas, mesas, colchonetas, juguetes, instrumentos musicales, tableros y materiales de papelería estará a cargo de Unicef, gracias a una alianza que logró el Consejo Nacional de Reincorporación con esta entidad. ONU Mujeres y el Sena, por su parte, capacitarán a los docentes y los formarán en diferentes áreas para ejercer el cuidado de los niños y niñas. Para la maestra Rodríguez, “esto es como un sueño hecho realidad porque habemos muchos excombatientes que nos gusta más enseñar que dedicarnos a otros proyectos o al cuidado en la casa. Además es la oportunidad que tenemos de ver a una generación que solo conoce la paz”.

Si usted quiere aportar para la construcción de los jardines infantiles puede comprar la edición especial de #PolaPaz de La Roja, a través de sus redes sociales o tiendas distribuidoras o puede adquirir cualquier cerveza de las marcas Sumeria y Fómeque. También recibirán aportes quienes compren los productos textiles de la marca Manifiesta Hecho en Colombia.

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