Cultivando sacha inchi, los excombatientes de las Farc se quedan en Arauca

El cultivo del “maní de los incas” y el apoyo de la Gobernación y la Alcaldía lograron generar las condiciones para que este espacio de reincorporación se consolide como centro poblado de Arauquita. Gobierno comprará la tierra a exguerrilleros.

Omaira Fuentes es parte de la cooperativa Agropaz, que junto con la empresa Filimarpaz transforma el sacha inchi en aceite y nueces con chocolate./ Fotos: Gustavo Torrijos

Omaira Fuentes, conocida en la guerra como Nelly, todavía recuerda con precisión cómo vivió los primeros bombardeos del Ejército cuando llevaba pocos años en las filas de las Farc. El primero, rememora hoy, lo vivió el 9 de noviembre de 1990, un mes antes de que las Fuerzas Militares bombardearan Casa Verde, el campamento del Secretariado de las Farc en La Uribe, Meta. “Creí que se iba a acabar el mundo, nos metieron los aviones Kfir y esos tienen unos sonidos de presión psicológica. Lo único que hacía era enterrarme los dedos en los oídos y el Mono (Jojoy) nos regañaba por eso, porque decía que se nos reventaba el oído”.

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Fuentes se refiere a Víctor Julio Suárez Rojas, conocido como el Mono Jojoy, de quien fue muy cercana por haber integrado varios frentes del bloque Oriental de las Farc, que estaba al mando de ese jefe guerrillero. El bombardeo que relata ocurrió en Mesetas (Meta) y lo vivió cuando llevaba apenas cinco años en la subversión, pues ingresó en 1985, en pleno proceso de paz de esa guerrilla con el entonces presidente Belisario Betancur.

Esta veterana guerrillera cuenta hoy las anécdotas que le dejaron tres décadas de guerra desde el Espacio Territorial de Reincorporación y Capacitación (ETCR), de la vereda Filipinas, en el municipio de Arauquita (Arauca). A pesar de haber dejado las armas, sigue con su nombre de guerra, “porque fueron más los años llevando a Nelly que a Omaira”. Esos años la llevaron por los frentes Primero, Séptimo, 28, 31 y 43 en Meta, Guaviare, Caquetá y Arauca, de los cuales muchos de sus integrantes vendrían a parar a este espacio ubicado en zona de frontera con Venezuela.

Fueron alrededor de 400 los excombatientes de las Farc que se concentraron en ese espacio, que bautizaron como Martín Villa, por el histórico comandante guerrillero que perteneció a las guerrillas liberales e integró el Estado Mayor de las Farc, muerto por causas naturales en 2016. Es uno de los ETCR menos visitados, ningún medio de comunicación nacional había ingresado a él. Llegar hasta allí toma alrededor de tres horas por tierra desde la capital Arauca, por una vía pavimentada hasta un poblado llamado Puerto Jordán, donde empieza la trocha.

En el camino hay por lo menos tres retenes del Ejército Nacional y está enclavado en una zona donde el Eln ejerce una fuerte influencia. Sin embargo, hasta el momento, en el espacio no reportan que esa guerrilla haya intervenido en el proceso de reincorporación de los exintegrantes de las Farc que residen allí.

Aquí permanecen hoy alrededor de 180 excombatientes que hace dos años dejaron sus fusiles y decidieron empezar su tránsito a la legalidad. Meses después encontrarían lo que les está abriendo el camino hacia su sostenibilidad económica: el sacha inchi, “el maní de los incas”.

Un fruto originario de la selva amazónica, con forma de estrella, que por mucho tiempo fue desconocido para la mayoría de la población -aún lo es para muchos- y que en los últimos años ha venido tomando vuelo en el mundo por sus propiedades para la salud. En Colombia ha empezado a tomar fuerza como alternativa a los cultivos de coca, porque es de los pocos productos que puede hacerle frente a la rentabilidad de esa mata: la primera cosecha de sacha puede recogerse a los siete meses después de haberlo sembrado, unos tiempos similares a los de la coca y más ágiles que los del café o el cacao, que pueden tomar un par de años más.

Nelly es hoy una de las que lidera el proceso de producción de sacha inchi en el espacio de reincorporación y la propiedad con la que habla de ese fruto es muestra de su compromiso con el proyecto. Habla de que contiene omega 3, 6 y 9, vitaminas A y E, lo compara con el salmón y otros pescados.

Como ella, muchos han ido aprendiendo a conocer el fruto que los ha acompañado en la construcción de paz. Uno de los más avezados en el conocimiento de las propiedades del sacha es Wladislav Aguirre, quien en sus tiempos de guerra ejerció como médico en las filas farianas. Explica que el sacha, además de su alto contenido en omega 3, sirve como suplemento nutricional por el alto grado de asimilación de su proteína, que, dice Aguirre, es superior al de las carnes rojas.

Y tiene otra ventaja adicional, muy pertinente para las condiciones en las que se produce en este ETCR. “El sacha nos da espera. Por ejemplo, usted cosecha el plátano y si no lo saca, pues se madura y se pierde. Igual la yuca y el maíz. Mientras que con el sacha inchi nosotros lo podemos cosechar ahorita y brindarle unas prácticas adecuadas de almacenamiento y puede durar hasta un año. El grano da tiempo también para transformarlo”.

Y eso es lo que han hecho los excombatientes a través de dos cooperativas: transformar el producto y darle valor agregado. Para ello crearon la cooperativa Agropaz y la empresa Filimarpaz y ya tienen tres productos en el mercado: botellas de aceite de 250 ml, nueces con chocolate bajo la marca Nueces del Llano y nueces solas. Un proceso que beneficia a alrededor de 60 excombatientes y sus familias. A pesar de estar a tres horas del casco urbano del municipio han logrado sacar su producto y tienen varios puntos de venta en Arauca, Arauquita, Saravena y Villavicencio.

El proyecto de sacha no es el único que tienen en este espacio. “Mujeres pisando firme” está a punto de convertirse en una zapatería en la que participan 20 mujeres, excombatientes y de la comunidad. Por el momento se están capacitando con apoyo de la Gobernación de Arauca y esperan con ansias en las próximas semanas una feria en la que podrán exponer los productos que hicieron en las 300 horas de capacitación. Asimismo, en el Consejo Nacional de Reincorporación (CNR) está pendiente aprobar un proyecto de ganadería en este ETCR.

La conciliación

Al acercase el 15 de agosto, fecha en la que vence la vigencia jurídica de los ETCR, el Gobierno hizo un estudio sobre aspectos como la conectividad, las condiciones legales del terreno, la seguridad y su posible incorporación al ordenamiento territorial. “Con base en ese análisis les sugerimos a los excombatientes que de los 24 espacios, 13 se quedaran y 11 se desplazaran”, explicó el alto consejero para la Estabilización, Emilio Archila.

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Filipinas estaba en la lista de los 11 espacios que el Gobierno proponía reubicar. “Nosotros no queríamos irnos porque aquí tenemos todo. Mal o bien, tenemos las pequeñas cosas y volver a empezar de cero sería terrible. Aquí la mayoría de los compañeros siembran plátano, maíz y yuca junto con los campesinos, los vecinos. Lo mismo el sacha”, cuenta Fuentes.

Esos fueron sus argumentos cuando llegó el momento de concertar con el Gobierno. Y se sumó uno más: la Alcaldía de Arauquita se comprometió con ellos a ajustar el Plan de Ordenamiento Territorial para incluir el ETCR como nuevo centro poblado. Y así lograron quedarse.

En diálogo con Colombia 2020, Andrés Stapper, director de la Agencia de Reincorporación y Normalización (ARN) explicó cómo fue el proceso para que finalmente hoy se hable de la consolidación de este espacio. “En principio hablamos de 11 ETCR que observaban ciertas barreras, que una vez superadas, podrían quedarse en los territorios. En Filipinas habíamos identificado su posible traslado para acercarlos a centros poblados, a centros productivos, y garantizar así la seguridad integral de los excombatientes”.

Pero el fuerte arraigo y el potencial productivo que han demostrado los proyectos de los exguerrilleros en ese territorio hicieron que la intención de moverlos cambiara. “El argumento más fuerte para que se quede este espacio territorial son todos los procesos y los proyectos productivos que se han venido desarrollando allí. Cuando uno habla con los liderazgos del espacio, ellos han avanzado mucho no solo en los temas de reincorporación económica y sostenibilidad de la población, sino que también han venido adelantando procesos de formación de la mano con la Gobernación y la Alcaldía”, dijo Stapper.

El Gobierno adquirió entonces el compromiso de comprar la tierra para que allí se queden los excombatientes y se pueda hablar de la consolidación del nuevo centro poblado. Actualmente el predio está en proceso de avalúo y en un término de tres meses se concretará la compra, según el director de la ARN.

Como el de Filipinas, ya son seis los ETCR que lograron acuerdos con el Gobierno en este proceso de socialización. Pastor Alape, representante de FARC en el CNR, explicó a Colombia 2020 que esos seis se mantienen gracias al arraigo de los excombatientes en el territorio y del acompañamiento de las autoridades locales y departamentales.

Según Alape, los ETCR que ya lograron un acuerdo con la ARN, son los ubicados en Tumaco, Nariño; Caldono, Cauca; Caño Indio, Norte de Santander; Filipinas, Arauca; Charras (que se mueve a la vereda el Boquerón de San José), Guaviare y la Carmelita (se traslada a Villa Garzón), en Putumayo.

La clave para la reincorporación

Que proyectos como el del sacha inchi se consoliden es un paso enorme en el tránsito de los excombatientes de las Farc a la legalidad, pues es el corazón de su reincorporación económica. La Fundación Ideas para La Paz (FIP), en un informe sobre esta materia que conoció Colombia 2020, advirtió la importancia de estos proyectos para el éxito de todo el proceso.

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Si bien en el caso de Filipinas y el sacha inchi se trata de un proyecto autogestionado por los mismos exguerrilleros, es vital que el Gobierno Nacional apruebe el desembolso para otros tantos que aún esperan su visto bueno, indica la FIP en su informe “La reincorporación económica de los excombatientes de las Farc: retos y riesgos a futuro”. Hasta el momento, son solo 24 proyectos productivos colectivos los que han sido aprobados en todo el país.

“El lento avance en la aprobación y desembolso de estos proyectos productivos impacta directamente la oportunidad que tienen los excombatientes de generar ingresos legales y, en ese sentido, el cumplimiento mismo de la esencia de la reincorporación económica. También impacta negativamente el resto del sistema de beneficios económicos, ya que se desdibuja la naturaleza transitoria de algunos de ellos y se genera la necesidad de prolongarlos. El problema es que, hasta que se encuentren consolidadas las iniciativas productivas, los excombatientes seguirán dependiendo de la renta básica y de la provisión de alimentos, y tampoco podrán aportar al sistema de seguridad social”, resalta el informe.

Sin embargo, la generación de ingresos a través de los proyectos productivos no es el único factor necesario para garantizar la reincorporación económica, según la FIP. A eso se le suma la necesaria voluntad política que tiene que haber tanto del Gobierno Nacional como de la dirigencia de las Farc. En el primero, para hacer que el tema sea prioritario en su agenda y no dejarlo todo en manos de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), y en el segundo, para que no solo focalicen sus esfuerzos en el Consejo Nacional de Reincorporación (CNR), sino que se tengan en cuenta los espacios de donde muchas veces salen las necesidades reales a nivel local: los Consejos Territoriales de Reincorporación (CTR).

Por eso lo que ha sucedido en el ETCR de Filipinas envía una buena señal, porque es muestra de articulación institucional, pues la Gobernación y la Alcaldía han tenido un rol importante en el espacio, así como de voluntad política, pues finalmente excombatientes y Gobierno lograron concertar el futuro del territorio.

Escuche aquí la historia de Omaira Fuentes:

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Sebastián Forero Rueda / @SebastianForerr

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