En el espacio de reincorporación que dejó el “Paisa” siguen comprometidos con la paz

No hay nada que pueda derrumbar el compromiso con la paz de los excombatientes que hoy están en Miravalle, San Vicente del Caguán. Ni siquiera ver el inminente rearme de Hernán Darío Velásquez, el Paisa, su líder en la guerra y quien arrancó su proceso de reincorporación. Hoy solo piensan en el campeonato nacional de rafting que preparan para noviembre.

Excombatientes que habitan en el espacio territorial de Miravalle preparando el almuerzo para sus compañeros. Lo que en la guerra se conocía como "hacer la rancha"Colombia2020

En Miravalle no hubo tiempo para discutir los pormenores del video en que Iván Márquez, el Paisa y Jesús Santrich, entre otros excomandantes de las Farc, anunciaron su regreso a las armas. Esa declaración los cogió ocupados. Por estos días en el espacio de reincorporación ubicado en zona rural de San Vicente del Caguán (Caquetá) los excombatientes trabajan y gestionan alrededor de su principal apuesta: organizar el campeonato nacional de rafting en el río Pato. Ni haber visto empuñando de nuevo un fusil al que fue su líder en la guerra y quien lideró en un principio su proceso de reincorporación, Hernán Darío Velásquez (el Paisa), movió los cimientos de la paz que no se detiene en esta zona del país.

Hasta antes de salir del radar de las autoridades, en agosto de 2018, el Paisa permaneció en el espacio de reincorporación de Miravalle, en donde dio los primeros empujones para los proyectos productivos en los que pusieron su fe los exguerrilleros que lo seguían, que integraron la extinta columna móvil Teófilo Forero de las Farc. Entre ellos el proyecto bandera de este espacio de reincorporación, el rafting por el río Pato, y un hidrotornillo para generar energía a través de las aguas de ese mismo río.

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A pesar de ese liderazgo que una vez tuvo el excomandante de la Teófilo Forero sobre los hombres y mujeres que hoy habitan en Miravalle, nada ocurrió luego de la declaración del 29 de agosto sobre la retoma de las armas. “Cada quien vio el video, nadie habló de eso, ni el más mínimo comentario. Había actividades ya programadas y cada quien salió a cumplirlas y ya”, relata María de los Ángeles Vargas, excombatiente de la guerrilla que habita en este espacio territorial. A ella hasta le sorprende que los medios de comunicación los hayan contactado para averiguar qué había pasado luego de conocerse el video. “Yo no sé si es que creían que íbamos a dejar todo tirado”, agrega.

Nadie en este espacio, donde viven hoy 80 excombatientes, pensó seguir el camino de su exlíder, pero, aunque no lo justifican, dicen que respaldan los motivos por los que tomó esa decisión. Además de sostener que el Gobierno Nacional no le ha dado cumplimiento a algunos aspectos de lo pactado en La Habana, como la Reforma Rural Integral o la sustitución de cultivos de uso ilícito, algunos dejan ver que la decisión de rearmarse obedece más al temor de correr la misma suerte que Simón Trinidad, exguerrillero extraditado a los Estados Unidos. Más cuando el Paisa o Romaña están vinculados a secuestros y asesinatos de ciudadanos de ese país. “Si eso le pasó a él (Simón Trinidad), imagínese que puede pasar con algunos de los del video, cuando ya ha habido algunas aceptaciones de responsabilidad”, dijo un excombatiente del espacio.

De hecho, todavía en Miravalle hablan de los sobrevuelos de drones que denunciaron en su momento el Paisa e Iván Márquez (quién también estuvo en este espacio antes de apartarse del proceso de paz). Denuncias que, dicen, no fueron escuchadas, ni tampoco el partido FARC “hizo eco de la situación que ellos estaban viviendo”. Información que después entregaron a la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP cuando llegó a esta zona indagando por el paradero de esos excomandantes. “Uno lamenta que se haya llegado a esa situación porque nosotros fuimos los primeros en denunciar la falta de garantías que tenían ellos para poder estar acá con nosotros, acompañándonos en el proceso de reincorporación y prácticamente no le pararon bolas a eso”, dice hoy Hermides Linares, excombatiente que hoy está al frente del proyecto de rafting.

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Cuando se conoció la declaración de quienes retomaron las armas, los excombatientes de Miravalle estaban dispersos en distintos territorios cumpliendo con sus tareas. Una delegación estaba en Risaralda, en un intercambio sobre turismo comunitario para aprender de cabañas ecoturísticas y replicarlas en este espacio, un proyecto en el que han venido trabajando desde hace meses. Hermides Linares estaba en Florencia haciendo gestiones para el campeonato nacional de rafting, que proyectan realizar la primera semana de noviembre en el río que una vez fue su retaguardia militar. Después viajaba a Medellín a un conversatorio en una universidad sobre turismo. María de los Ángeles estaba en el casco urbano de San Vicente, donde actualmente estudia un técnico en Administración de empresas. “Hay compromisos que ya hemos adquirido que tenemos que seguir asumiendo”, dice ella.

Quien sí estaba en el espacio de reincorporación es el hombre que asumió el liderazgo tras la salida del “paisa”, Rodolfo Rodríguez, exmando medio de la columna Teófilo Forero. Igual que sus compañeros, es firme en la defensa de la reincorporación. “Cuando murió Manuel Marulanda Vélez en las Farc fue un vacío intenso. Pero lo superamos. Igual con Jacobo Arenas y así sucesivamente con cantidad de líderes de las Farc. Si hoy se fueron ellos, tendremos que superarlo, no es otra cosa distinta”, afirma.

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A pesar de su compromiso con el proceso, Rodríguez no es muy optimista frente al panorama actual en el espacio. Según dice, la mayoría de los proyectos productivos están estancados y aún ninguno es autosostenible para los excombatientes. Para el de piscicultura, por ejemplo, necesitan energía y actualmente no cuentan con ello, por ende ese proyecto tampoco avanza. El único que está en marcha es el de rafting, pero han sentido falta de voluntad de parte del Gobierno.

El viernes 6 de septiembre estaban programadas dos visitas al espacio con miras a gestionar el campeonato nacional de rafting, pero las dos las cancelaron. Una era un equipo del viceministerio de Turismo y la otra era la del gobernador del Caquetá, Fabio Augusto Parra. Ambas fueron canceladas por temas logísticos, pero en el espacio se sienten como falta de voluntad.

Pero la incertidumbre más grande que invade a estos hombres y mujeres, es que el Gobierno no ha definido el futuro de la tierra en la que están asentados. “Nosotros aquí no sabemos de aquí a mañana si se acaba el arriendo que paga el Gobierno por este terreno, si el dueño va a decir ‘bueno, desocúpenme que necesito esto’, entonces en eso estamos. Nadie nos da razón, nadie se hace presente a decirnos cómo va lo de las tierras”, reclama Hermides.

A Rodolfo Rodríguez lo único que en este momento le produciría tranquilidad es que les compren y les titulen la tierra y que así puedan dedicarse de lleno a proyectos productivos. “¿Uno que hace aquí? ¿Vivir por envejecer? No creo”, dice. Lo que lo aferra al proceso de paz es la ilusión de un pedazo de tierra para asentarse con su familia. “Si yo algún día tengo con qué comprarme un pedacito de tierra con gusto me iré a ponerle cuidado y a hacer mi familia allá. Ese es mi pensado”. Como a él, a muchos ya los amarra a la paz la familia y los hijos que tuvieron tras la firma del Acuerdo. “En este momento ya hay más compromisos hacia este lado, que hacia el lado de las armas. En el espacio a nadie le sonó la idea porque todos ya tienen consolidados hogares. La gente decidió tener hijos porque pensó y tiene claro que iba a darse la pela por la paz”.

Hoy, además del cumplimiento a lo pactado, piden que, tras el anuncio de algunos excomandantes de rearmarse, no los estigmaticen por haber sido quienes integraron la Teófilo Forero y haber estado al mando del Paisa.

 

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Sebastián Forero Rueda / @SebastianForerr

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