Los computadores de 'Raúl Reyes'

EL INSTITUTO INTERNACIONAL DE Estudios Estratégicos (IISS) analizó durante dos años, con el permiso del gobierno colombiano, los equipos de computación recuperados tras el bombardeo al campamento de Raúl Reyes en marzo de 2008.

El reporte fue revelado esta semana. Nada realmente nuevo salió a la luz pública. No por eso, sin embargo, la confirmación de los pactos de cooperación entre el gobierno venezolano y las Farc dejó de ser difícil. Por fortuna, el estilo pragmático del presidente Juan Manuel Santos y el innegable profesionalismo de la canciller María Ángela Holguín han sabido calmar la “política del micrófono” y se las han arreglado para pasar la página de tensiones entre los dos países. Las relaciones comerciales con Venezuela se han restaurado y el trato entre mandatarios llegó, tras complicados años, al mínimo de respeto requerido, por lo menos de puertas para afuera. Además, aunque menor, y presionada por la extradición de Walid Makled, la deportación a Colombia de Joaquín Pérez Becerra, acusado de adelantar la diplomacia y el financiamiento de las Farc, fue diciente.

¿Quiere esto decir que los vínculos entre la Farc y el gobierno del presidente Chávez se disolvieron? Muy probablemente no. La relación del grupo guerrillero con la Revolución Bolivariana es, sin duda, como lo dijo el reporte de la agencia de inteligencia británica, “duradera, resistente y estratégica”. La real ventaja es que estamos lidiando con esta problemática de una manera más inteligente: estamos apostando por recuperar legitimidad y aliados contra la lucha insurgente. Fue sin duda penoso el trato que recibimos de la región en los últimos años de la administración Uribe. ¿De qué nos sirvió aislarnos y enemistarnos con todos los otros? Bastante falta nos hizo, por lo menos, el apoyo de Unasur en los momentos más críticos con Venezuela. No en vano ahora el agresivo despliegue diplomático de la administración Santos. Todavía no tenemos el liderazgo, pero somos un actor dinámico que está ganando una influencia que desde ya rinde sus frutos.

¿Debería ser más firme nuestra diplomacia? Tal vez. No estaría de más pedirle insistentemente al gobierno de Venezuela que por lo menos algunos de los funcionarios que aparecen vinculados con las Farc sean relevados de sus cargos. Algo que sería, como la deportación de Joaquín Pérez Becerra, un gesto amable. Una presión más clara debe verse también en la frontera. Debemos asegurarla, repoblarla y levantar una infraestructura que le recuerde al vecino país que nuestro destino es compartido. El pragmatismo del presidente Santos es distinto al estilo ideologizado del presidente Chávez. Un hecho que no debemos perder de vista si queremos cerrarle todas las puertas al conflicto. Cualquier esfuerzo que adelantemos para acercar a las dos naciones, más allá de la política, es por ello bienvenido.

¿Qué garantiza que los canales de comunicación sigan abiertos? En realidad, nada. Sin embargo, la habilidad con la que los dos gobiernos han manejado la revelación de los archivos no deja de sorprender. Aparte de unos pronunciamientos esporádicos del presidente Correa en Ecuador —no es para menos, en los equipos de computación recuperados aparecen registros sobre financiación de las Farc en su campaña presidencial— se ha sentido la calma. La cooperación, es claro, está funcionando. Como lo dijo el propio presidente Santos: “el presidente Chávez ha cumplido”. Así, si bien no estamos ante el más fiel compromiso —y seguro nunca lo estaremos—, hemos logrado que el gobierno venezolano vea la conveniencia de tenernos de su lado. Algo que no permeará su sueño revolucionario, pero influirá en las decisiones diarias ayudándonos a mantener el frágil equilibrio.