Un anticipo de muerte

La artista Clemencia Echeverri presenta su más reciente producción: ‘Juegos de Herencia’, una videoinstalación de 24 minutos y fotografías que exploran un particular festejo.

Una lluvia torrencial propia de la naturaleza generosa del Pacífico recibe al espectador en una sala oscura con ocho pantallas y una proyección en el piso, que empiezan a contar de forma fragmentada un rito heredado de los inmigrantes españoles y que se implantó en los años 30 en el Chocó colombiano.

Clemencia Echeverri, después de haber leído una investigación del Ministerio de Cultura sobre las fiestas populares colombianas, quedó inmediatamente impactada sobre una específica que sucede todos los 20 de julio en el pueblo El Valle, en el Chocó. Un gallo es enterrado en un hueco y un hombre con los ojos vendados, entre tropiezos y vueltas propias del conocido juego de la gallina ciega, intenta con un machete decapitar al animal. En parajes ibéricos este era un ritual para demostrar hombría e ir a la guerra por medio del sacrificio de un animal.

En el Chocó es considerado un juego, sin mayores implicaciones o significados. Un momento muy masculino, pero al que asisten niños y mujeres. Unos gallos puestos a colgar sobre unas barras en  las calles y el resonar de los tambores son signos para que el pueblo se reúna en círculo y celebre este juego.

Con una impresionante puesta en escena, por medio de los stills fotográficos, un sonido impecable, el movimiento de las imágenes lentas, rápidas y una cámara que muchas veces funciona como testigo, Echeverri entrega una propuesta plástica que acerca, amplifica y pone en cuestión estos juegos de herencia que han pasado de generación a generación. Es a la vez una mirada sobre los orígenes que permean la cotidianidad, nuestros gestos y comportamientos. El espectador se enfrenta a un anticipo de la muerte, la sombra humana acecha al gallo que absorto mira su lapidación.

Los contundentes sonidos del golpe seco del machete sobre la tierra, su paso por el aire, los cantos de ritual, el mar, las olas, la lluvia, llenan de fuerza las imágenes y sobrepasan su propia frontera.

Alrededor de dos años tardó Echeverri para unir todo el material y desplegarlo en las pantallas de manera dislocada, enfocada para que el espectador, según su deseo, logre construir la narrativa, saque el dato original y entre en el terreno de las evocaciones. Se perciben violencia, muerte y resistencia.

 Carrera 5a#26-92. Tel.:3375827. Hasta el 21 de abril.

 

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