VIH, un problema de prevención

Expertos aseguran que hay medicamentos para controlar la epidemia, pero faltan campañas de diagnóstico precoz, entrega oportuna de medicinas, y programas preventivos y educativos de impacto.

Mientras que países de Europa y Latinoamérica han estabilizado la epidemia del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) con campañas de educación, prevención, diagnóstico precoz y accesibilidad a tratamientos antirretrovirales, los programas en Colombia son insuficientes para contrarrestarla y los medicamentos avanzados tardan años en llegar.

El infectólogo especialista en VIH Otto Sussmann, quien estuvo presente en una cumbre de VIH celebrada en pasados días en Cartagena para analizar nuevas opciones terapéuticas en antirretrovirales, aseguró que en el ámbito médico hoy es posible brindar un tratamiento efectivo y controlar la epidemia en el país, pero falta el compromiso del Gobierno, del sistema de salud y de diversos sectores de la sociedad para prevenir, diagnosticar a tiempo y educar.

También hizo presencia en la cumbre el infectólogo Ernesto Martínez,  líder en la revisión de las guías nacionales de VIH y presidente de la Asociación Colombiana de Infectología, capítulo suroccidente. Martínez explicó que las guías son direccionadas por el Ministerio de la Protección Social junto con la sociedad científica, que resultan del estudio de experiencias en diversos países y que orientan a quienes tratan pacientes con VIH. Aunque los avances alrededor de la epidemia son dinámicos, las guías en Colombia no se actualizan desde 2006. “Por decreto debieron actualizarse en 2008. Vemos la necesidad de incluir recomendaciones porque si los médicos se guían por pautas obsoletas, la atención a los pacientes no es óptima”.

El Observatorio Nacional de VIH indica que en Colombia hay inscritos 28.000 pacientes, de los cuales cerca de 18.000 están en tratamiento. Y estudios de Eurosida y del Ministerio de Protección Social señalan que por cada diagnosticado hay de siete a diez que son portadores sin saberlo —estiman, respectivamente, que hay 370.000 y 240.000 infectados en el país—. Por eso, cuenta Martínez, se necesitan campañas de diagnóstico precoz para identificar la masa flotante que, al no saber que porta el virus, magnifica la epidemia.

El programa para el sida de la Organización de Naciones Unidas afirmó que en 2010 la epidemia no presentó curvas de crecimiento sino mesetas en Tailandia, Brasil y Estados Unidos. Estas naciones aplicaron programas agresivos: lo primero que se ve al llegar a sus aeropuertos es la imagen de un condón y mensajes de prevención, no hay restricciones al pedir la prueba indiscriminadamente y se puede hacer de forma anónima. Sussman aseveró que en Colombia, en cambio, “hay cada día más pacientes nuevos y los programas no son activos. Lo que se hace en televisión no tiene impacto, la campaña ‘Sin condón ni pío’ generó una confrontación con la Iglesia y fue eliminada. El 56% de los pacientes se detectan en estados avanzados de su enfermedad, porque no hay campañas masivas de detección precoz”.

Complementario a las campañas masivas, los países que han controlado la epidemia tienen mayor acceso a tratamientos antirretrovirales. Hoy hay en Colombia medicinas que simplifican el coctel de pastillas que debía ingerir un paciente de VIH a sólo dos tabletas al día y, según los especialistas, no generan efectos adversos, como la lipodistrofia que generaban los medicamentos anteriores. Esta droga estaba en Europa desde hace cinco años, el retraso en llegar a Colombia se debe a la demora de acuerdos comerciales entre laboratorios farmacéuticos y su voluntad para expandir su mercado. En Panamá, por no ir lejos, ya existen tratamientos que sólo requieren una tableta y un año de tratamiento cuesta casi lo que un mes en Colombia.

Si hay más acceso a medicinas la epidemia disminuye, se controla el virus y hay menos transmisión. Aunque desde la guía de 2006 todos los medicamentos para tratar el virus están en el Plan Obligatorio de Salud (POS) y son de obligatorio cumplimiento para las EPS (si no son otorgadas, puede accederse a ellas por tutela), no suelen llegar de manera oportuna a los pacientes. Los médicos lo reconocen: “El tiempo mientras el paciente es diagnosticado y recibe las medicinas es muy valioso. Desafortunadamente en muchos casos hay trabas y el tratamiento comienza tarde, cuando es más riesgoso y menores las posibilidades de éxito”.

Además es necesario acabar con los mitos que envuelven al VIH. Expertos en salud pública dicen que la epidemia existe con mayor incidencia en poblaciones de riesgo, como hombres que tienen sexo con  trabajadores sexuales, pero también se expande hacia otras poblaciones. No es un problema de inclinación sexual sino de conducta sexual responsable, basta con tener un encuentro íntimo sin protección para estar en el escenario de riesgo. Martínez explicó que cuando comenzó a detectarse el VIH en 1987, la relación entre  hombres y mujeres infectados era de 17 a 1; en el año 2000, de 5 a 1 y hoy es de 2 a 1. “Y no son mujeres promiscuas sino amas de casa”.

La educación sexual tiene trabas en el país. Sussman y Martínez sugieren que habría impacto si se empezara a trabajar con niños entre 7 y 8 años, pero la sexualidad es un tema vetado por los colegios y la Iglesia católica en muchos casos. Además, hay pocos docentes capacitados para proveerla. Los padres tendrían que hacerlo, pero la mayoría tampoco tiene la capacitación. Ni siquiera la mayoría de médicos están preparados. Sussmann estima que el 70% de los pacientes son tratados por profesionales no especializados: “El sistema los rota permanentemente y no hay un programa continuo que les permita mantenerse actualizados”.

El médico catalán José Luis Blanco, del Hospital Clinic de Barcelona, también presente en la cumbre sobre VIH, aseguró que son importantes las campañas de prevención, pero no son suficientes. De acuerdo con él, la mejor manera de controlar la diseminación de la infección es identificando a los pacientes y poniéndolos en tratamiento, mediante programas agresivos sin restricción para solicitar la prueba indiscriminadamente, que permita a las personas hacerla de forma anónima y empezar un tratamiento estricto y oportuno. Un panorama que se ve lejano en Colombia, donde a pesar de que el VIH pasó de ser una enfermedad mortal a crónica hacia 1997, aún los pacientes mueren esperando un medicamento en las puertas de los hospitales.

 

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