La pandemia de coronavirus desata una nueva guerra por el aborto en Estados Unidos

Varios activistas acusan a los republicanos de aprovechar y explotar cínicamente la crisis originada por el brote de COVID-19 para prohibir el aborto en la nación. Dos estados ya suspendieron las prácticas, y podrían sumarse más en las semanas que vienen.

Los trabajadores construyen una morgue improvisada en las afueras del Hospital Bellevue para manejar un aumento esperado en las víctimas de coronavirus en Nueva York.AFP

A principios de esta semana, los gobiernos locales de Ohio y Texas en Estados Unidos les ordenaron a las clínicas de aborto en sus territorios que detuvieran los abortos “no esenciales” debido a la pandemia de coronavirus para “ahorrar equipo y espacio hospitalario” que serviría para asistir la emergencia de salud nacional.

Por otro lado, en estados de corte liberal que se han visto mucho más afectados por el brote del nuevo coronavirus, como Nueva York (nuevo epicentro de la pandemia), Washington y Nueva Jersey, los gobernadores consideraron que las clínicas de aborto y planificación familiar son un servicio médico esencial que tiene que seguir a pesar de la crisis.

Este choque de acciones frente al aborto en medio de la pandemia reveló una reactivación de la guerra por esta práctica en el país, en la que varios activistas acusan a los conservadores de aprovechar y explotar cínicamente el pánico por el COVID-19 para imponer sus ideologías en el sistema sanitario.

“No es sorprendente ver al fiscal general de Texas, Ken Paxton, usar cualquier excusa para sacar adelante su agenda ideológica”, dijo Kathy Miller, presidenta de la asociación local de defensa al aborto Texas Freedom Network. Destacando “la ventana temporal limitada” que tienen las mujeres en este estado para abortar, Miller estimó en un comunicado que “posponer” las intervenciones "significa negarles a las mujeres el derecho constitucional de tomar esas decisiones de manera segura".

Texas y Ohio No serán los últimos estados en usar el argumento de suspender los abortos en nombre de la lucha contra el coronavirus, ya que los opositores a la práctica en todo el país exigen que las clínicas que brindan servicios de aborto cierren durante esta pandemia. Más de 50 líderes de grupos “provida” nacionales y locales en el país han escrito una carta a Alex Azar, secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos, pidiéndole que evite que la industria del aborto "agrave una crisis con otra".

La carta se enfoca principalmente en Planned Parenthood, llamándola “la cadena de aborto más grande de la nación”, y dice que al cesar los abortos quirúrgicos y químicos ahora se liberará el equipo médico que tanto necesitan para atender la pandemia y se disminuirá la demanda de salas de emergencia debido a las complicaciones del aborto. Pero los defensores del aborto no están de acuerdo con estas posiciones.

“Terminar médicamente un embarazo no deseado es un servicio de salud esencial, uno que el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG), la Sociedad Estadounidense de Medicina Reproductiva y una serie de grupos médicos principales declarados deben mantener accesible incluso durante este brote de COVID-19”, destaca Robin Marty, director de comunicación de Yellowhammer Fund, un fondo de aborto en Alabama.

Las medidas para restringir el aborto en Ohio y Texas no son espontáneas, pues surgieron a partir de una nueva ola de endurecimiento de las reglas sobre el aborto en los estados conservadores en los últimos tres años en las que prácticamente se prohíbe el acceso a este procedimiento. Otros gobiernos, como el de Kentucky y Idaho, también están promoviendo nuevas restricciones durante la pandemia. Todo este accionar coincide con un reciente impulso de los republicanos para convencer a la Corte Suprema de que reevalúe el fallo de Roe v. Wade por el cual se despenalizó el aborto en el país.

Desde que el polémico juez Brett Kavanaugh juró como nuevo miembro de la Corte Suprema y solidificó la mayoría conservadora en el tribunal, los activistas a favor y en contra del aborto han estado esperando por que el fallo sea revocado. Los movimientos de derechos reproductivos se han preparado para que, inevitablemente, muchos estados del país ya no permitan el aborto legal. Lo que no se imaginaban, como destaca Robin Mary, es que ese momento llegara justo en medio de una pandemia.

“Es aterrador quedar embarazada durante una pandemia mundial mortal que despejó los estantes de las tiendas de comestibles, comenzó a abrumar a los hospitales e infectar al personal, recortó cientos de miles de empleos, confinó a muchos estadounidenses a sus hogares y, en algunos casos, prohibió a los padres estar presentes en la habitación del hospital durante el parto. Pero es un tipo especial de pesadilla estar en esa situación si el embarazo fue el resultado de la violencia o no fue deseado para empezar. Sin embargo, en esta realidad distópica, los líderes republicanos en Texas y Ohio están explotando cínicamente el nuevo brote de coronavirus como pretexto para promover sus objetivos ideológicos personales y criminalizar el aborto”, destaca Laura Basset, escritora de GQ.

No son solo los estados de color rojo, es decir, los de tendencia republicana, los que ahora quedan vulnerables frente a la suspensión de los abortos. Independientemente de si un estado tiene una agenda política contra el aborto o no, las clínicas en las que se practican abortos están expuestas a la incapacidad de obtener suficiente equipo hospitalario para proveer estos servicios en el futuro, por lo que podrían verse obligados a cerrar. Además, las reducciones de transporte aéreo hacen que sea mucho más difícil para los médicos que proporcionan abortos movilizarse por el país a áreas rurales donde se mantienen abiertas estas clínicas.

“Hemos entrado directamente en una América posterior a Roe v. Wade y es mucho peor de lo que esperábamos. Y sucedió en un momento de colapso económico y aislamiento social obligatorio, dos factores adicionales que hacen que sea cada vez más probable que veamos un repunte en los embarazos no deseados muy pronto”, destaca Mary. Históricamente, los embarazos no deseados se multiplican en épocas de recesión económica debido a la falta de disponibilidad de anticoncepción asequible. Le puede interesar: Coronavirus: lo que la cultura pop nos dijo de las pandemias

Sin servicios de aborto legales y accesibles solo hay dos resultados posibles, según destaca Mary. Por un lado, están los métodos ilegales que podrían poner a una persona embarazada en riesgo legal o físico, por el otro un embarazo y parto continuos durante un período donde nuestros sistemas médicos ya están abrumados. Ambos panoramas no son positivos. “En otras palabras, prohibir el aborto en este momento significa que algunas mujeres, las de menos recursos y más vulnerables, se verán obligadas a dar a luz durante esta pandemia global, ya sea que sean psicológicas o económicamente capaces de criar un hijo”, destaca Basset.

La pandemia de coronavirus ha dejado en claro que el sistema de salud estadounidense presenta problemas muy graves. Según informa Basset, justo antes de que estallara la crisis, una cuarta parte de los estadounidenses dijeron que tenían que retrasar o evitar el tratamiento médico porque no podían pagarlo. Mientras países como Corea del Sur y Alemania respondieron a la pandemia con un control relativamente mejor mediante el establecimiento de pruebas de manejo gratuitas, el Dr. Anthony Fauci, uno de los principales funcionarios de salud de Estados Unidos, reconoció simplemente queel sistema de salud de Estados Unidos no puede desplegar pruebas generalizadas para los brotes porque no está configurado para ello.

El presidente Donald Trump, quien se ha bautizado como el “presidente más provida de la historia”, ha demostrado falencias preocupantes en su respuesta a la pandemia. No solo su respuesta ha sido tardía, según expertos, sino que le ha mentido al pueblo sobre los alcances del virus y ha promocionado una cura que puede y ha conducido a personas a la muerte.

“Si los políticos realmente se preocuparan por la vida humana, gastarían toda su energía tratando de arreglar este sistema y atendiendo las recomendaciones de los expertos médicos sobre cómo evitar que se multipliquen las muertes relacionadas con el coronavirus”, concluye Basset, quien además destaca que mientras Texas dirige su campaña contra el aborto, es calificado como el tercer peor estado del país en respuesta al coronavirus, según un informe compilado por WalletHub. “Quizás los políticos allí deberían reenfocarse lejos del útero de las mujeres por un minuto”, destaca.

 

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Camilo Gómez / @camilogomez8

El Mundo

La pandemia de coronavirus desata una nueva guerra por el aborto en Estados Unidos

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