¿Es malo quedarse en la cama todo el día?

Pensamos que nos merecemos el descanso pero, por lo general, el encierro no permitirá que nos relajemos realmente y afectará nuestra salud física y mental.

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Todos nos hemos sentidos seducidos por ese llamado de nuestra cama los domingos. “Me merezco este descanso”, nos decimos. “Después de esta difícil semana con mi jefe, debería envolverme en las cobijas todo el día, consentirme, dejar que Netflix me aleje de todos los problemas”. Al rato, no obstante, la culpa empieza a trabajar. “¿Como vas a desperdiciar ese sol?”, nos motiva la parte más sensata de nuestro cerebro. “Hace rato no haces ejercicio, estás oxidada, deberías aprovechar la ciclovía”. Sospechamos que lo mejor para nosotros es levantarnos, pero las sábanas nos agarran de los pies, los masajean y entonces pensamos: “Diez minutos más”.

Es fácil caer en la tentación de quedarse en la cama y, probablemente, si cedemos a ella un día no será perjudicial para nuestra salud. No obstante, si quedarnos encerrados en la casa se convierte en una constante, nuestro cuerpo empezará a notarlo.

El primer inconveniente con el que nos encontramos durante esos días de hibernación, es que no nos exponemos a la luz del sol, que es clave para que absorbamos la vitamina D que regula nuestro sistema inmunológico y reduce la inflamación de nuestro cuerpo, de acuerdo con Rochini Rajapaksa, profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York citado por la revista Time.

Así mismo, “los rayos del sol permiten calibrar nuestro reloj interno, que regula el apetito, el sueño, los niveles de energía y el estado de ánimo”, asegura Kenneth Wright, director del Laboratorio de Sueño y Cronobiología de la Universidad de Colorado. Estudios han confirmado que trabajar en las noches repercute en la salud y el bienestar de las personas, ya que aumenta su riesgo de obesidad, diabetes, adicciones y depresión, entre otras.

Por otra parte, así suene trillado, no podemos olvidar los beneficios que ofrece la naturaleza o simplemente estar al aire libre. El oxígeno y los árboles también pueden aliviar los síntomas de una depresión y aumentar nuestros niveles de energía hasta un 40%, según una serie de experimentos de la Universidad de Rochester. Adicionalmente, un estudio de la Universidad de Glasgow, en Escocia, encontró que las personas que hacen ejercicio cerca de la naturaleza tienen menor riesgo de sufrir enfermedades mentales que aquellos que hacen deporte en la casa o en un gimnasio.

“Salir a la naturaleza relaja y aumenta nuestra capacidad de enfocarnos, a la vez que libera nuestra mente del trabajo”, dice Richard Ryan, profesor de Psicología y autor principal del estudio de la Universidad de Rochester. En esta medida, para alejar nuestra mente de una ardua semana en la oficina es más beneficioso ir a un parque que enviciarnos con Netflix. La cercanía a ese mundo verde, que encontramos por fuera de nuestras cuatro paredes, incluso se ha relacionado con menores síntomas de desórdenes de atención en los niños.

Todos estos beneficios que llegan al cruzar la puerta de nuestra casa y despejar nuestra mente, van en contravía de las rutinas que nos atrapan dentro de ella. El trabajo, los computadores, las redes sociales y hasta la televisión nos inducen a estar en un modo “multitarea” (multitasking) que nos encamina a la ansiedad y a la depresión. Por esta razón, deberíamos escaparnos al exterior al menos 20 minutos al día, según Richard Ryan. Solo necesitamos 20 minutos para mejorar nuestra vitalidad y nuestra calidad de vida (claro, si somos capaces de dejar guardado el celular).  

 

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