Medidas para evitar la gripe en el embarazo

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Las embarazadas, por tener cambios fisiológicos y un sistema inmune suprimido o disminuido, también forman parte de este grupo más propenso a adquirir infecciones como la gripe, que puede desencadenar, en caso de complicarse, problemas para ellas y sus bebés.

Casi ningún ser humano escapa durante su existencia a la gripe; algunos más, otros menos, con mayor o menor intensidad, pero todos sufren sus consecuencias una, dos, tres… o muchas más veces. Mayores de 65 años, niños y personas inmunosuprimidas o con enfermedades crónicas, son los grupos poblacionales más susceptibles a contraerla.

Las embarazadas, por tener cambios fisiológicos y un sistema inmune suprimido o disminuido, también forman parte de este grupo más propenso a adquirir infecciones como la gripe, que puede desencadenar, en caso de complicarse, problemas para ellas y sus bebés. Durante el primer trimestre de gestación se relaciona con un incremento de malformaciones cardiacas, defectos del tubo neuronal y labio leporino, mientras que en los segundo y tercer trimestre se asocia con riesgo de parto prematuro, aborto, muerte fetal, sepsis neonatal y bajo peso del recién nacido.

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Durante el embarazo los síntomas de la gripe son similares a los que sufre cualquier persona, pero pueden surgir repentinamente: tos seca, secreción nasal, fiebre mayor a 38°, malestar general, escalofríos, dolor de cabeza y muscular, inapetencia, náuseas o dolor de garganta. Y aunque generalmente en 8 o 15 días la persona ya se ha repuesto, las gestantes y quienes están en el grupo de mayor riesgo pueden llegar a padecer neumonía, bronquitis, otitis o sinusitis, entre otras afecciones.

Para las gestantes, “el mayor riesgo es que se genere una complicación mayor asociada a la gripe; por ejemplo, una neumonía o un episodio de estrés respiratorio y que requieran manejo intrahospitalitario, cuidado intensivo y terapia con antibiótico”, asevera Ayda Rocío Castillo Méndez, ginecoobstetra de la Clínica de la Mujer.

Diferentes estudios han demostrado que las probabilidades de hospitalización por causa de gripe son más altas en gestantes que en mujeres que no están embarazadas, motivo por el que epidemiólogos y médicos recomiendan que se vacunen contra esta infección de las vías respiratorias producida por el virus de la influenza.

Muchas mujeres en esta condición tienen temor de vacunarse por posibles efectos negativos para su salud y la del bebé. Sin embargo, no hay motivos para preocuparse porque la posibilidad de que se presenten daños importantes es mínima. Sensación de picor, enrojecimiento o dolor en la zona donde se aplicó la vacuna, mayor sensibilidad, fiebre leve, dolencia muscular o de cabeza, son las consecuencias más reportadas por este tipo de inmunizaciones.

En cambio, los beneficios si son muchos, como la reducción de probabilidades de contraer la infección y de tener dificultades respiratorias o cuadros gripales graves, además de producirse una transferencia hacia el bebé de los anticuerpos proveídos por la vacuna y que lo protegen del virus durante sus primeros seis meses de vida; también se disminuyen los riesgos de que presente otras infecciones respiratorias como neumonía, bronquitis, asma y bronquiolitis.

Para las gestantes se recomienda el tipo de vacuna antigripal inactivada, que se inyecta en el brazo y contiene virus muertos o inactivos, aspecto positivo porque se presume que no hay compromiso alguno ni para la embarazada ni para el feto, pudiéndose aplicar en cualquier momento. La inmunidad contra la gripe no es vitalicia, si en anteriores embarazos se vacunaron no importa, hay que volverlo a hacer.

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La doctora Ayda Rocío Castillo recalca que además de estar vacunada contra la influenza, es importante que la gestante evite el contacto con personas enfermas y tomar suplencia de vitaminas. “Al presentar síntomas respiratorios que comprometan su estado general, debe consultar de inmediato con el especialista. Si ya tiene los síntomas establecidos, los antigripales están contraindicados; por lo tanto, es conveniente solo un manejo sintomático de soporte y medidas caseras”, aclara.

Entre estas medidas están descansar bien, mantener una alimentación sana y balanceada, lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón, no compartir utensilios ni alimentos con otras personas, no entrar en contacto con familiares y allegados sin el uso de tapabocas y tomar gran cantidad de líquidos con el fin de reponer los perdidos por causa de deshidratación o fiebre.

Las embarazadas deben ser conscientes de los peligros de la automedicación; cada caso es diferente y, por lo tanto, es fundamental seguir siempre las indicaciones del médico tratante, quien tendrá en cuenta diversos factores para formular el tratamiento más indicado.

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