Cuando Morfeo aparece y desaparece en el embarazo

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Sin duda alguna, dormir es un gran placer, y algunas personas se lo toman tan a pecho, que “cinco minuticos más” se convierte en su pensamiento preferido para hacerle trampa al inicio del día. Ni escándalos cerca de su cama, temblores o despertadores con zumbidos o sonidos pospuestos cada cierto tiempo logran despertarlos y quitarles la somnolencia.

Si estás “registrada” en este grupo de quienes duermen mucho, con pereza incluida, y piensas quedar embarazada, o ya lo estás, es posible que tengas que adaptarte a un nuevo ritmo en tus hábitos de sueño. ¿Por qué? Porque como bien lo sabrás, en esta etapa se presentan en tu organismo cambios hormonales, metabólicos y emocionales, completamente normales, que te preparan para el nacimiento de tu bebé.

“Los cambios en el patrón del sueño son producidos por los cambios hormonales. Pueden ser somnolencia o insomnio. El aumento del edema cerebral, es decir, acumulación de agua en el cerebro, contribuye a la somnolencia, y la ansiedad que genera el embarazo puede causar insomnio. Es más frecuente la somnolencia, es decir, sueño y cansancio constantes en la mitad de las embarazadas, y solo el 10% de ellas presentan insomnio”, asegura la ginecoobstetra Ayda Rocío Castillo Méndez.

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En conclusión, no se presentan las mismas circunstancias durante todo el periodo de la gestación. Al principio, durante el primer trimestre, el aumento notorio de la progesterona (hormona que tiene como función preparar tu útero para albergar el embrión), te provocará un estado de adormecimiento y agotamiento que te inducirá a querer descansar y a dormir más.

Sin embargo, poco a poco, y a medida que tu cuerpo se adecúa a tu nueva realidad, esa sensación de somnolencia y desaliento desaparecerá, aunque es muy probable que desde el segundo trimestre la situación cambie y comiences a padecer de insomnio y a despertarte varias veces en la noche por diversas razones.

Deseos constantes de orinar, posturas inadecuadas al dormir, molestias digestivas como estreñimiento y acidez, incremento del ritmo cardíaco, dolores de espalda y extremidades, calambres, aumento notorio del vientre, ansiedad y estrés, son algunos de los motivos por los que tal vez se te dificultará conciliar el sueño, darás una que otra vuelta a lado y lado de tu cama o te levantarás más veces de lo normal.

No te desanimes ni pierdas el control, porque como para todo inconveniente hay una o más soluciones, tendrás a tu disposición diversas alternativas para que tus noches no se hagan eternas y tu sueño sea lo más reparador posible.

Atención con la comida. Durante el embarazo tendrás que alimentarte muy bien, pero procura que tu menú en las noches sea liviano y lo menos condimentado posible, unas dos o tres horas antes de acostarte y sin muchos antojos con el fin de evitar pesadez, acidez e indigestión. Tomar líquidos e hidratarte bien es fundamental, pero trata de evitarlos con tres o cuatro horas de antelación a tu encuentro con la cama, especialmente las bebidas estimulantes, diuréticas o que contengan cafeína, como el tinto o el té. Con seguridad, no tendrás que levantarte tanto para orinar.

Realiza pocas actividades nocturnas. ¡Cuando es a dormir es a dormir!. Por eso es aconsejable que con anticipación te enfoques en descansar bien y te olvides de asuntos relacionados con el trabajo, oficios de la casa, programas de televisión, ejercicio intenso, computadores, celulares, etc.

Date una buena ducha. Cinco o diez minuticos de un agradable baño bajo el agua a medio calentar, permitirá que te relajes física y mentalmente y, de esta manera, te liberarás de tensiones antes de irte a descansar después de un día pesado.

Busca la calma. Leer un buen libro, escuchar música suave y de tu agrado, hacerte masajes o practicar yoga u otras técnicas de relajación, también son opciones que te ayudarán a pasar noches tranquilas durante el periodo de gestación.

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Que sea una rutina. Acostarse y levantarse todos los días a una misma hora es complicado por los diferentes oficios y compromisos que tienes. Pero en lo posible, procura convertirlo en un hábito que te permita mantener una buena higiene del sueño y, por consiguiente, días más tranquilos y productivos en todo sentido.

Ensaya una buena posición. Es fundamental, y muchos especialistas recomiendan a las gestantes recostarse hacia el lado izquierdo y con las piernas y caderas dobladas, pues la sangre fluirá adecuadamente y habrá mejor circulación y respiración; además, el hígado y los riñones trabajarán con mayor eficacia.

Las almohadas también cuentan. Una o dos bajo tu cabeza reducirá las probabilidades de que presentes reflujo o acidez, ya que la zona superior de tu cuerpo estará más levantada. Una bajo tu abdomen te brindará más comodidad y evitará presiones excesivas, y otra entre tus piernas permitirá que tu columna esté más recta e impedirá que todo el peso recaiga solo sobre una de estas. Además, los pies elevados sobre una almohada o un cojín pueden ayudarte a evitar los fastidiosos calambres y otras incomodidades.

Cuando el caso sea de somnolencia, la doctora Castillo recomienda tomar siestas pequeñas durante el día, y dormirse temprano y a la misma hora para recuperar el sueño. “Para controlar el insomnio, es importante evitar actividades estimulantes y aparatos electrónicos en la noche, y optar por leer y tomar aromáticas relajantes. Si a pesar de estas medidas es persistente por varias noches seguidas, es mejor consultar al médico”, complementa.

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