Hiperacusia en niños ¿Cómo intuir si un niño la padece?

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Por las dificultades físicas y psicológicas que puede generar este trastorno, es fundamental que los padres presten atención a las reacciones que pueden significar que sus hijos lo padecen.

Los pitos de los autos y sus motores cuando ruedan por las calles, las sirenas de las ambulancias y carros de la policía, el perifoneo en varios locales comerciales, las conversaciones y carcajadas de los transeúntes o el bullicio de los niños en sus horas de recocha.

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Son ruidos y sonidos que forman parte del ‘paisaje’ de cualquier centro urbano y que pasan desapercibidos para muchas personas, pero que para otras son muy molestos y dañinos, porque es posible que sufran de hiperacusia, que en pocas y sencillas palabras es una gran sensibilidad auditiva a ruidos fuertes.

Dicha alteración auditiva puede afectar a la población en general y se estima que entre un 9 y 15% de ella la padece, incluidos los niños, para quienes se convierte en una situación más compleja porque les cuesta expresar y describir la dificultad por la que atraviesan, motivo por el que es complicado buscar intervención temprana.

En un mundo de tanto avance, desarrollo e interacción social, es difícil que los niños escapen a la exposición de sonidos con frecuencias altas o de ruidos producidos en el ambiente donde se desenvuelven.

Por esta razón, muchos de ellos sufren de estrés auditivo, que puede desencadenar en diversos problemas como la inflamación del sistema auditivo, especialmente en los pequeños cuyo oído aún está en pleno proceso de desarrollo.

Llanto, susto, quejas, nerviosismo o estrés en ámbitos ruidosos, cubrimiento de sus oídos para protegerse, temblores o dificultad para dormir, son algunas señales que pueden indicarte que tu hijo sufre de hiperacusia o algiacusia. Si es así, es posible que se sobresalte o angustie incluso con sonidos suaves, que para él se tornan muy fuertes.

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Los niños con hiperacusia suelen retraerse y evadir estar con amiguitos, compañeros de colegio y otras personas, especialmente si se forman grupos grandes y hablan con tono elevado. Tampoco soportan el ruido de alarmas, aspiradoras, sirenas, motos, algunos carros, televisor o equipo de sonido con un volumen que para el resto de la gente puede ser normal, pero para ellos resulta alto.

También le huyen al cine, conciertos, restaurantes, centros comerciales y a cualquier lugar donde las aglomeraciones son evidentes o donde se produzcan sonidos que los moleste más que al común de las personas. Esta situación puede provocar cambios a nivel emocional, en el comportamiento social y formativo, pues en algunos casos se les dificulta concentrarse en clase.

Aunque no hay cura para la hiperacusia ni procedimiento ciento por ciento eficaz, si es posible que este trastorno sea más tolerable para el niño o adulto que lo tiene. Para Marcela Ferrer, fonoaudióloga especialista en audiología, “es importante hacerle al niño una valoración audiológica y del ambiente en el que se desenvuelve; es decir, entornos familiar, social y escolar”.

Con pruebas especializadas, el médico especialista determinará si tu hijo tiene hiperacusia, te indicará qué tratamientos o terapias son los adecuados para él y si requiere orientación psicológica para el manejo de ansiedad, estrés, inconvenientes para dormir o concentrarse, etc.

Pero tu ayuda desde casa y en familia también será vital para impedir que posteriormente surjan otras complicaciones, como vértigo o tinnitus, también conocido como acúfenos, y que consiste en escuchar zumbidos o ruidos en los oídos.

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Una de las medidas preventivas es no exponerlo a altos niveles de ruido pero evitando el silencio absoluto. “Al niño no se le puede aislar del ambiente sonoro, no se puede meter en una cajita de cristal, pero en un principio si hay que evitarle situaciones de ruido extremo e ir introduciéndolo poco a poco para que logre la tolerancia necesaria”, resalta la fonoaudióloga Ferrer.

Música suave, sonidos relajantes, como el cantar de los pájaros y otro tantos que nos regala la naturaleza, son opciones para que el oído de tu pequeño se adapte cada día mejor a niveles superiores de volumen, sin que tengan que ser muy altos o desagradables.

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