Los efectos negativos de dar a tus hijos regalos en exceso. ¿Qué deben hacer los padres?

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Es cierto que los obsequios alegran la vida de los pequeños, pero cuando hay exceso, se incentiva un aprecio desproporcionado por lo material y se desvirtúa el aspecto emocional.

Cumpleaños, Navidad, día del niño, al aprobar el año escolar, por cumplir bien con sus deberes... Son varias las fechas y ocasiones en las que a algunos pequeños les dan regalos ¿Y a quién, incluidos los adultos, no le gusta recibirlos?

La variedad que ofrece el mercado en la actualidad es incalculable, por eso puedes elegir entre muñecos, pistas de carros, de acción, peluches, didácticos, juegos de mesa, instrumentos, para construcción, bicicletas, electrónicos y un larguísimo etcétera.

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¿Pero se justifica atiborrar a tus hijos con tantos? Seguramente para ellos será fabuloso porque podrán entretenerse en grande y no tendrán tiempo para aburrirse con tantas opciones. Sin embargo, una gran cantidad no es sinónimo de felicidad y, por el contrario, puede tener alcances negativos.

“Los regalos son un estímulo encaminado a reconocer, agradecer o exaltar logros de los niños. Cuando estos reconocimientos se vuelven cotidianos, el sentido de premio se pierde y será cada vez más difícil delimitar en qué momento realmente se ha merecido o logrado.

Esto puede llevar a crear un imaginario que puede pasar a costumbre, de sentir que siempre se le debe dar algo a cambio de cualquier acción, y esto lleva a desdibujar el esfuerzo, disciplina y constancia como bases del éxito”, aclara Bárbara Lee Rojas, psicopedagoga especializada en procesos de aprendizaje.

En primer lugar, si lo haces porque gran parte de tu día te la pasas trabajando y cumpliendo deberes o compromisos de diversa índole y te sientes culpable, no le estás brindando el tiempo y espacio necesarios para educarlo, formarlo y, sobre todo, para disfrutarlo y pasar momentos divertidos y provechosos para los dos.

Si obras de esta manera para mantenerlo ocupado y que no interrumpa tus actividades, o para que desfogue su energía y deseos de exploración, pero lejos de ti, también lo malacostumbras y lo incitas a que se apegue a los objetos materiales y se aparte de lo emocional y sentimental, que representan un gran valor en la vida de los niños y de todo ser humano.

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“Sacaste buenas notas en el colegio, ten este regalo”, “si te portas bien hoy donde tus primos tendrás un gran obsequio”, “ordenaste el cuarto como te lo pedí, aquí tienes tu muñeca”. Y tu pequeño sigue acumulando y acumulando regalos y más regalos, hasta el punto de dispersar su atención sin centrarse en unos específicos, no saber cuántos tiene y no disfrutar de algunos, pues antes ya le han llegado otros.

Todo exceso es dañino y ofrecerle regalos a un niño a diestra y siniestra tiene sus repercusiones nocivas si en algún momento se le deja de proveer por cualquier razón: reclamos, pataletas, extrañeza, frustración, malos entendidos, individualismo, egoísmo, desorden, insatisfacción o proclividad al consumismo desmedido, entre otras.

Por eso es fundamental que desde muy pequeñito lo formes para que entienda que no toda acción es merecedora de obsequios, y que no toda fecha especial es motivo para formar una montaña de regalos. De esa manera, le inculcarás grandes aprendizajes.

Adquirirá principios:

Cuando le brindas tantos obsequios, casi que sin esforzarse, lo puede tomar como una práctica rutinaria y algo tan cotidiano, que no los apreciará. Pero cuando son entregados ocasionalmente y por algún mérito importante o por una fecha muy especial, valorará más lo que ha hecho y tu esfuerzo por destacarlo.

Aceptará la frustración:

Aprenderá que no todo lo que haga bien o toda tarea cumplida tendrá una recompensa, y que son más significativos los logros y su dedicación que los detalles materiales.

Practicará la solidaridad:

Es probable que tu hijo reciba gran cantidad de regalos, mientras que muchos otros niños tal vez no tienen ninguno. Acostúmbralo desde sus primeros años de vida a ser generoso, a compartir y a donar, pero no los que se han dañado o los menos llamativos o costosos sino los que estén en buen estado, incluso que no haya usado.

No hará todo por premios:

“Un buen plan de estímulos familiares lleva a premiar acciones que representan valores que suman al proyecto de vida grupal y personal. No debe haber reconocimiento por deberes, pues son el aporte a labores que contribuyen con la armonía, orden y estética del hogar. Estos deben generarse como reconocimiento a esfuerzos que sobresalen de la cotidianidad. Esto lleva a valorar el esfuerzo por el resultado para sí mismo y no porque los demás deban apreciarlo”, aclara la psicopedagoga Bárbara Rojas.

Será más ordenado:

Al no tener tantos juguetes, chocolates u otros presentes, estimará más y cuidará mejor los que posea en el momento. Entenderá que para que duren un buen tiempo, cada uno debe permanecer en el lugar adecuado y donde no sufran daños o se pierdan.

Decidirá mejor:

Si entiende que para ser plenamente feliz no requiere de tantas cosas, y que el consumo tiene que ser responsable, podrá decidir qué necesita y qué no, qué la falta y qué le sobra. Además, no esperará tu llegada para decirte “qué me trajiste”, sino para expresarte que extraña tu presencia y todo su amor y su afecto hacia ti.

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