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Redacción Cromos / 16 Mar 2021 - 9:28 p. m.

Niños traviesos: ¿hasta dónde se deben permitir sus travesuras?

Las travesuras son inherentes a los niños y no siempre deben ser impedidas por los padres. Lo fundamental es que aprendan de ellas, que no atenten contra su bienestar y que no riñan con los límites establecidos en el hogar.
niños, niñas, travesura en casa
Foto: GettyImages
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Pintar la mascota, desenrollar un rollo de papel higiénico y hacer con él un caminito largooo por todo el apartamento, romper algún que otro objeto de gran valor económico o sentimental, poner a volar los plumones de su almohada por todo el cuarto o formar una torre de cojines para abrir la despensa y averiguar qué alimento puede saciar el hambre que tiene.

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¿Te suena conocida alguna de estas acciones o similares? Si tu respuesta es afirmativa, es porque probablemente tienes un pequeño juguetón rondando por tu casa experimentando travesura tras travesura.

Tal vez te ríes, angustias, ofuscas o incomodas por los riesgos, “desastres” o impertinencias originadas por las pilatunas de tu hijo cuando están en el hogar o de visita. Pero tú tranquila, en concreto no es un signo de alarma sino una muestra más de su normal proceso de formación y desarrollo.

“Las travesuras son comportamientos que presentan los niños en diferentes espacios o contextos y a los cuales, en su gran mayoría, no se les da mayor relevancia cuando suceden porque no implican riesgo alguno. Por el contrario, tienden a llamar la atención de otras personas.

A medida que se van desarrollando, inician la exploración de su entorno generando diferentes conductas tanto adecuadas como inadecuadas, que pueden presentarse con el objetivo de obtener retroalimentación del contexto; por ejemplo, reírse de los niños cuando irrespetan o mencionan una ‘grosería’. Hacer seguimiento a esto es muy importante debido a que una travesura puede convertirse en un comportamiento inadecuado que puede mantenerse a lo largo del tiempo o que ponga en riesgo al niño”, destaca Leidy Mendoza, psicóloga de la Universidad El Bosque.

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Y en este proceso, un aspecto fundamental es la exploración y el interés por escudriñar y tocar por cualquier rincón e investigar sobre cualquier objeto que encuentre en su camino.

Por este deseo es que muchas veces sin querer queriendo y sin el ánimo de molestar, lastimar o dañar algo, hacen diabluras, como cuando están pintando con acuarelas sobre un papel y se les va un poco la mano, hasta colorear la mesa y dejar una que otra manchita en el piso.

Pero en otras oportunidades las hacen con pleno conocimiento de causa y pueden quitar los objetos de una mesa, subir en ella un asiento y encaramarse para esconder en una gaveta pertenencias de mamá o papá. En estos casos, las realizan cuando están enojados, como una forma de llamar la atención o al querer algo y de esta manera doblegar la voluntad de los padres o de quienes los cuidan.

Antes de criticarlo, reprimirlo o ponerte de mal genio por sus travesuras, comprende que pueden funcionarle positivamente para su formación y procesos de aprendizaje, pues al destapar un celular, embetunar tus medias o “decorar” las paredes, busca investigar lo desconocido y obtener nuevos conocimientos.

Además, para aprender tienen que equivocarse, pero también descubrir a través de ensayos y errores sus capacidades imitando lo que hacen sus padres o allegados y posesionándose de sus roles.

Sin embargo, y a pesar de que algunas de sus pilatunas pueden causarte hilaridad y esbozar sonrisas en tu rostro, para que no ocasionen mayores inconvenientes o riesgos ni a tu hijo ni a sus posibles “damnificados”, te indicamos algunas sugerencias.

Ayúdalo en su formación.

Sus travesuras no deben tomarse exclusivamente como actos o momentos de ocurrencias, jocosidad o reprensión, si es el caso. Muy posiblemente podrás sacarle provecho a cada una y que redunde en más conocimientos o mejor educación y comportamiento: claridad de límites, consideración hacia los demás, cuidado, respeto, etc.

Actúa con previsión.

Ante tanto experimento y exploración de tu pequeño, tomar medidas de seguridad y prevención no está demás, si se trata de evitar contingencias y accidentes. Por lo tanto, la invitación es a dejar fuera de su alcance objetos, medicamentos o sustancias que puedan causarle intoxicaciones, tropezones y otros peligros, además no permitirle que juegue cerca de ventanas o escaleras, entre otras medidas.

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Dialoga con él.

“La comunicación con los hijos, utilizando un lenguaje acorde con su desarrollo, es indispensable para lograr aprendizajes frente a diferentes actividades permitidas, donde logren comprender la importancia del cuidado o del seguimiento de reglas que son establecidas por padres o cuidadores, evitando así llegar a situaciones donde no se logre dar un apropiado manejo”, explica Leidy Mendoza.

Procede con claridad.

Es comprensible que algunas de sus diabluras te provoquen risa, pero es pertinente que la controles y no las celebres cuando creas que ameritan reconvención o establecimiento de reglas y límites para que sepa qué puede hacer y qué no. De lo contrario, se sentirá desconcertado y tu intención de brindarle enseñanzas no funcionará adecuadamente.

Usa la pedagogía.

Tu hijo aún es pequeño y no entiende todos los conceptos de lo que está bien o mal hecho ni calcular peligros y riesgos. Por eso es necesario que lo guíes, pero no con regaños o conversaciones extensas, sino con creatividad y herramientas que sean fáciles de entender para él: dibujos, cuentos, títeres, sociodramas, manualidades, etc.

Sé firme.

Como algunas inocentes e inofensivas pilatunas provocarán diversión y serán aceptadas, es posible que tu hijo se sienta alentado para hacer lo que le plazca. Es el momento de responder con calma y respeto pero con determinación para que te respete, te obedezca y comprenda que no todo lo que haga será tolerado.

No procedas con tanta autoridad.

Para la psicóloga Leidy Mendoza, “mostrarse severo con los niños que están conociendo y explorando su entorno, limita su desarrollo, iniciativa y desempeño en diferentes momentos que contribuyen a su aprendizaje. Por esto, es importante establecer límites o reglas para la participación en actividades, dando a conocer esto de manera asertiva a los niños, con el fin de obtener a largo plazo beneficios en su autonomía y ejecución de tareas en diferentes contextos”.

Destina un lugar.

Para que no destruya la casa, habilítale un espacio amplio donde pueda hacer y deshacer, con diversos materiales e implementos y siempre y cuando no impliquen peligros para su seguridad y bienestar, ni para los integrantes del hogar.

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