Mi hijo se volvió adicto a las pantallas durante la cuarentena, ¿qué puedo hacer?

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En tiempos en los que los padres tienen que lidiar con los niños, el trabajo y las labores del hogar, la televisión y el celular se convirtieron en herramientas claves para sobrevivir, pero a medida que volvemos a la normalidad, deberíamos empezar a evitarlas.

En medio del teletrabajo ha sido imposible no caer en la tentación de prender las pantallas de la casa. Tengo un hijo de un año y medio, y mi esposo y yo trabajamos, así que hemos tenido que turnarnos para cuidar al bebé, quien está en una edad en la que demanda atención permanente. Puede que pase unos minutos entretenido con un carro o un libro, pero muy pronto quiere mostrarnos un nuevo descubrimiento o simplemente involucrarnos en sus juegos. Aunque hemos hecho todo tipo de acrobacias para estar a su lado, y eso también le ha permitido desarrollarse a pasos agigantados, ha habido momentos en los que ya no tenemos piruetas para reaccionar, como cuando los dos tenemos una reunión a la misma hora, o una entrega urgente descuadra nuestro minuciosamente pensado cronograma. En estos casos, lo único que puede entretener a un chiquito por varios minutos es una pantalla.

Así que hemos caído en las terribles redes de la televisión y el celular, conscientes de que no son ideales para un bebé y de que al final nosotros también nos vemos perjudicados, ya que se convierten en un vicio difícil de manejar. Una vez los niños se enganchan, soltarlos es una tarea compleja. Varias teorías indican que para adquirir un hábito, malo o bueno, se necesitan 21 días, así que es muy probable que la mayoría de los niños confinados durante meses, desarrollen una adicción a las pantallas.

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Por esta razón, la organización Pantallas Amigas –creada hace más de 15 años con la misión promocionar el uso seguro y saludable de Internet y otras tecnologías– ha puesto en marcha una campaña para que los niños (y los adultos también) empiecen a reducir paulatinamente el uso excesivo de pantallas. Sus recomendaciones se dividen en seis puntos:

1. Indentificar que cosas hace tu hijo con las pantallas que antes no hacía

"Al igual que recuperamos nuestra vida habitual en las progresivas fases del desconfinamiento, es necesario realizar un esfuerzo proactivo y consciente para identificar esos excesos de uso de pantalla que han podido incorporarse a la vida de todos los miembros de la familia y realizar una reducción progresiva, una desescalada planificada, en la cantidad y momentos de utilización, no pocas veces inconsciente o poco provechosa", explica Jorge Flores, Director de Pantallas Amigas.

Esos nuevos hábitos adquiridos son los que tenemos que empezar a dejar. Por ejemplo, poner a los niños frente a la televisión mientras almuerzan o darles el celular cuando están inquietos… Claro, esto solo será posible en la medida en que volvamos a tener ayuda en casa y todo vuelva a la normalidad, de lo contrario seguiremos necesitando distracciones en momentos de ocupación.

2. Ten claridad de las rutinas

A veces no somos conscientes de que el uso de las tecnologías está atado a las rutinas. Por ejemplo, ahora, cuando el bebé se despierta, pide que lo subamos a la cama y prendamos el televisor. Y nosotros, agotados con la multiplicación de las tareas y aún adormilados, lo hacemos. Todas las mañanas el mismo proceso, cuando antes solo se acercaba a la cama para invitarnos a jugar. A muchos les ocurre a la hora del almuerzo, ponen Youtube en el celular para que el niño reciba la comida al estar distraído con la pantalla (en medio del teletrabajo no tienen el tiempo que se necesitan para alimentar a un niño a quien lo último que le interesa es sentarse frente a un plato a masticar). Al ser conscientes de la manera en que incorporamos estos aparatos en nuestro día a día, podemos empezar a tomar acciones para modificar esas costumbres cotidianas que posiblemente adquirimos durante la pandemia para que la vida fuera más fácil.

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Es necesario medir, así mismo, si al volver a la normalidad el niño, solo, se va alejando de las pantallas a medida que sus rutinas cambian nuevamente. Puede que nos preocupemos en exceso y, al final, tal vez lo único que necesita el bebé es volver a lo de antes, tener la posibilidad de salir al parque o de jugar con la niñera para olvidarse de la tecnología.

3. Establece objetivos

Este proceso requiere mucha claridad, conciencia y ambición mesurada. La idea es que al final el niño esté menos apegado a las pantallas y haga un uso racional de ellas, pero tampoco es necesario satanizarlas y apuntar a eliminarlas de nuestras vidas. Para ello es necesario avanzar con pasos cortos. Por ejemplo, no tenemos que pensar en eliminar de entrada la televisión al despertar, pero si en reducir el tiempo de exposición al aparato. El sobreuso se reduce de manera paulatina.

4. Plantea una estrategia a seguir

Una vez tenemos claros los objetivos, hay que pensar en las estrategias para alcanzarlos. Cuando los niños son más grandes, involucrarlos en el reto será clave, porque su fuerza de voluntad les ayudará a avanzar, pero cuando son más pequeños hay que recurrir a trucos, como:

. Desactivar las notificaciones, para que el celular no suene y no tiente a los chiquitos.

. Dejar el móvil fuera de la vista o alcance del niño

. Ofrecer alternativas de ocio lejos de las pantalla: un deporte, salir al parque, leer, hacer manualidades...

. Comer y cenar en familia sin pantallas ni televisión de por medio

. Fomentar la comunicación en persona en lugar de hacerlo a través de las pantallas

5. Comparte tu propósito

Si tu hijo es mayor, habla con él. Explícale por qué vale la pena perseguir este objetivo, qué le va a aportar, de que manera lo van a acompañar, lo bien que la van a pasar. Si él lo ve como una oportunidad, ya habrás dado un paso enorme. También es muy importante que el padre haga parte del proceso.

6. Revisa tu plan

Tenemos que ir midiendo si estamos logrando lo que nos hemos propuesto y, de no ser así, reajustar la estrategia. Si, por el contrario, estamos alcanzando las metas, los expertos recomiendan premiar los triunfos. Además, es necesario tener en cuenta que lo que haremos será establecer nuevos hábitos y rutinas, entonces, una vez más entra en juego la teoría de los 21 días: debemos hacer todo lo posible porque esas prácticas se repitan durante 21 días sin pausa para que se conviertan en hábitos positivos para los niños.

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