Miedos infantiles, ¿cómo manejarlos?

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Algunas series de televisión, películas o historias de terror que ven o les cuentan a los niños pueden causarles temor. Pero más allá de la ficción, sucesos poco agradables y cercanos o relacionados directamente con ellos, también influyen en episodios de miedo que, de no ser tratados con celeridad, pueden volverse más frecuentes y causar dificultades más profundas.

El miedo es una reacción natural del ser humano frente a un suceso desagradable, a un riesgo o amenaza, y en un niño de cualquier edad también debe entenderse como un comportamiento normal en su desarrollo, siempre y cuando se disipe rápidamente y no deje huellas negativas que perduren en el tiempo.

“Los miedos de los niños muchas veces se relacionan con su forma de ser o personalidad, aunque también inciden las experiencias propias que viven en su entorno familiar o social”, así lo expresa Manuel Ruiz, psicólogo de la Universidad Javeriana y Magister en Consejería de Loyola University Chicago. Es decir que no son atribuibles exclusivamente a un motivo sino que pueden desencadenarse por diversos factores.

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Soledad, personas extrañas, maltrato, castigos, oscuridad, pérdida de seres u objetos queridos, separación de los padres, ciertas novedades, dormir sin compañía en sus cuartos, caídas, fantasmas o monstruos, ir al jardín o al colegio por primera vez y ciertos animales, son tan solo algunas de las razones por las que tu hijo puede sentir miedo. Si es así, tú puedes ayudarlo a evitar que se convierta en una costumbre si sigues algunas recomendaciones.

Trata de calmarlo… “No pasa nada, no te preocupes”, “estoy contigo, nada malo te va a suceder”, o frases similares, te ayudarán a tranquilizarlo, siempre y cuando las digas con afecto y respeto y, mucho más, si las acompañas con un gran abrazo y otras manifestaciones de cariño. Lo importante es que comprenda que estás a su lado para cuidarlo y apoyarlo incondicionalmente; de esta manera, se sentirá más seguro.

Y cálmate tú. Comprobado está que lo experimentado en el hogar puede ser transmitido al niño. Si tú te espantas cuando ves una cucaracha en presencia de tu hijo, es probable que sin querer le inculques ese pánico. Por eso es necesario que cuando estés con él trates de controlar al máximo tus miedos y debilidades.

No lo sobreprotejas. Amarlo no es estar siempre a su lado como guardaespaldas tratando de que esquive todos los obstáculos, peligros y temores. El miedo es algo natural e incluso necesario para que aprenda, desde pequeño, a enfrentar los situaciones que lo ponen en peligro, pero también desafíos y dificultades. Para ello necesita de ti, que estimules la confianza en sí mismo y su autonomía, pero por favor, sin burlas, golpes o amenazas.

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Dialoga con él. Con un lenguaje sencillo, acorde con su edad, y de acuerdo a sus miedos, explícale al niño que las brujas o monstruos no existen, que las personas que los visitan son buenas, que en el colegio conocerá buenos amigos o que te alejarás de él por poco tiempo pero que pronto regresarás. También deja que exprese y exteriorice sus miedos, de esta forma te dará pistas sobre la forma adecuada en la que puedes ayudarle a superarlos.

Créele. Frases como: “Es mentira que te de miedo ese perrito inofensivo” o “La oscuridad no puede asustarte”, no te ayudarán, ni a él tampoco. Si las remplazas por “Entiendo que tengas temor, te voy a proteger” o “Sé que te asustaste, pero ya estarás bien”, por ejemplo, serán más beneficiosas. Siempre permítele decir lo que siente y valida la información que te da, motivándolo a enfrentar sus angustias con confianza y seguridad.

Pon a volar tu imaginación. No todo está escrito, cree en tu talento para implementar con él y tu familia métodos propios que lo estimulen a afrontar y superar sus temores. Inventen canciones, escriban cuentos, creen juegos, usen témperas, plastilina o crayolas, entre otras opciones. La idea es entender el contexto de sus miedos.

Según Manuel Ruiz, “los miedos infantiles no son eternos, dependiendo de la edad algunos desaparecerán gradualmente y otros surgirán”, pero también es probable que se mantengan por mucho tiempo, situación a la que deberás prestar atención, sobre todo si provocan respuestas físicas o emocionales negativas y significativas, como ansiedad, rabietas, preocupación, desmayos, ensimismamiento, dolores de cabeza o de estómago y mareos, entre otras.

Cuando los miedos de tu pequeño se desborden y te resulten inmanejables, incluso afectando sus quehaceres en el hogar, en el colegio o en su entorno social, será necesaria la inmediata mediación y orientación de un especialista para evitar trastornos más perjudiciales para su salud y bienestar, como angustias, fobias, ansiedades o estrés, tanto a edades tempranas como posteriores.

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