¿Qué hacer para que tu hijo no rompa tantas cosas?

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El deseo de curiosear y tocar todo lo que ven, ocasiona que los niños hagan daños y rompan objetos, pero más con ánimo de exploración que de destrucción.

Juguetes, adornos, utensilios, libros, electrodomésticos… ¿Todo, todo lo que encuentra en su camino lo tiene que romper o dañar? Es la pregunta del millón, la que te haces cuando por donde vas encuentras estragos, y aún sin estar junto a él sabes perfectamente que un huracán llamado hijo estuvo allí.

No es que esté enfadado, tampoco que no le guste lo que con tanto empeño le has comprado o has adquirido para tu hogar. Entonces, ¿qué pasa? Sencillamente que entre los 2 y 4 años, como todo buen explorador, siente curiosidad por lo que observa y quiere saber cómo funciona todo lo que va hallando.

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Obviamente no tiene la intención premeditada de destruir, sino que por su deseo de escudriñar por los cajones, mesas y cada rincón de la casa, va haciendo daños por donde pasa, pues aún no tiene la destreza necesaria para agarrar y manejar bien los objetos ni está en capacidad de ser cuidadoso.

Por esta razón, puede coger de la misma manera una pelota o un jarrón valioso para experimentar y probar con ellos, descubrir qué hacen, cómo se sienten al tomarlos, de qué formas son, a qué huelen, etc. Así logra obtener datos importantes que facilitan el aprendizaje de las cosas, pero ante el escaso nivel de motricidad, suceden estos “pequeños” accidentes.

Es otra etapa de su desarrollo, y aunque cueste dinero y uno que otro enojo, es normal; hay que tener presente que lo que para los padres tiene gran valor sentimental o económico, para él es algo más para jugar. No obstante, no se debe dejar que dicha etapa transcurra como si nada; es fundamental que poco a poco y paso a paso le recalquen la necesidad de cuidar sus pertenencias y las de quienes lo rodean.

“Hay que explicarle qué objetos hay en casa, con cuáles se puede jugar y con cuáles no. Con los que no, es necesario establecer categorías; por ejemplo, objetos peligrosos: los que tienen filo, los que queman, los que pueden generar descargas eléctricas, herramientas y los que al romperse pueden causar daños”, explica Bárbara Lee Rojas, psicopedagoga especializada en procesos de aprendizaje.

Una vez explicadas las categorías, pídele a tu pequeño que te indique a cuál pertenecen objetos que ya están ubicados en espacios o que son nuevos en casa. Según Bárbara Rojas, “esto permite, con una sencilla pregunta, como por ejemplo: ¿Cómo calificas este objeto?, que analice y determine el tipo de relacionamiento que puede obtener de él: para jugar, una herramienta, un adorno, para qué sirve y qué ocurre si se le da uso o trato inadecuado”.

No se trata de impedir que juegue, explore o ensaye porque es un proceso natural dentro de su crecimiento, pero sí que existan parámetros para proteger los objetos, utensilios y artículos del hogar, y también para proporcionarle seguridad y bienestar. Para ello puedes utilizar ciertas estrategias como:

Bríndale opciones. Para que descubra y experimente a sus anchas y hasta el cansancio, escoge áreas no riesgosas e implementos o elementos con los que pueda hacer y deshacer: papel de distintas clases, hojas de cuaderno, juguetes para armar y desarmar y artículos que ya no sirvan, que no sean de valor y que no generen peligro alguno: tóxicos, fáciles de romper, filudos, pesados, etc.

Sirve de guía. Durante sus primeros años de vida, tu pequeño todo lo aprende por medio de ejemplos, modelos y hábitos. Por la misma razón, es esencial que todos los miembros del hogar siempre le den buen trato a todo lo que se encuentre en él, y que sean cuidadosos con lo propio y lo ajeno.

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Asigna lugares óptimos. Si los artículos son de gran valor comercial o emocional, o implican algún riego para tu hijo, ponlos en lugares que no estén a su alcance o guárdalos hasta que entienda que no debe cogerlos, o hacerlo con mucho cuidado; por ejemplo, los de vidrio, porcelana, cerámica, metal y otros materiales fáciles de romper, dañar o con los que se pueda pegar y hacer daño.

Establece límites. Con el fin de que tu pequeño sepa con claridad lo que está prohibido tocar y con qué elementos puede jugar, crear o experimentar.

Explícale sobre el valor de las cosas. Pero no solo el económico, también el artístico, personal, familiar o emocional. El objetivo es que comprenda el significado especial que representan ciertos objetos o implementos muy importantes para ti o para él.

No sustituyas lo que daña. “Si el bien es propio, no debe reponerse de inmediato, para que el niño tenga la opción de valorar lo perdido; incluso, se le puede proponer un ahorro para volver a obtenerlo. Cuando es más grande, si rompe o daña algo, sea propio o no, debe reportarlo y proponer una forma de subsanar el daño”, detalla Bárbara Rojas.

Intenta otras opciones. Si está muy activo cogiendo lo que no debe, prueba con otras actividades: pintura, manualidades, canto, baile, lectura de cuentos, etc.

Si después de los 4 años un niño sigue rompiendo o dañando cosas con frecuencia, si lo hace más por tratar de llamar la atención, como respuesta a algo que no le gusta o por probar la paciencia de los padres, es posible que tenga algún problema de motricidad o de comportamiento que debe ser valorado por un especialista.

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