¿Qué puedes hacer si tu hijo sufre de estreñimiento?

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Aunque causa fastidio y dolor, no es extraño que los niños padezcan estreñimiento temporalmente. No obstante, en tu hogar puedes implementar medidas para evitárselo a tu pequeño.

¿Tu hijo hace deposiciones con poca frecuencia?, ¿cuándo hace, las heces tienen un aspecto duro y seco?, ¿manifiesta dolor cuando entra al baño? Si todas tus respuestas fueron afirmativas, es posible que el pequeño sufra de estreñimiento, una de las razones más frecuentes de consultas médicas durante la infancia.

Ten en cuenta que como cada organismo es diferente, lo normal para tu niño puede ser un inconveniente para el hijo de una gran amiga tuya, motivo por el que no debes preocuparte si concuerdan sus patrones de excreción. El mayor porcentaje de niños defeca una o dos veces diarias, pero otros pueden pasar días sin hacerlo, sin que signifique que hay un problema de salud.

El estreñimiento es la disminución en la frecuencia (menos de tres a la semana) o el aumento anormal en la consistencia de las heces, y en palabras de la doctora Natalia Rincón Agudelo, médica Cirujana y especialista en pediatría de la Universidad Nacional de Colombia, “según la causa, los pacientes con estreñimiento se clasifican en dos grandes grupos: los que tienen alteración anatómica (por ejemplo, aganglionosis o estenosis intestinal), y los que tienen estreñimiento funcional, el caso de la mayoría de niños, donde no hay enfermedad estructural pero el intestino se moviliza con lentitud, y al estar las heces más tiempo en el colon, se absorbe más agua y se tornan duras”.

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Además de las escasas deposiciones y de su dureza, otros síntomas de estreñimiento en niños son sangrado en las heces o en el recto por causa de desgarro, dificultad para evacuar, dolor de estómago, náuseas, cólicos, inapetencia, enojo, incontinencia o movimientos como entrecruzar piernas o apretar glúteos para impedir que salgan las heces por temor a sufrir.

¿Por qué se produce el estreñimiento? Son diferentes las razones; una de ellas, la retención al no tener cerca un baño, por miedo al dolor si ha sufrido antes la misma sensación, al no gustarle hacer sus necesidades en lugares diferentes a su casa o, porque como todo niño, prefiere jugar con sus amiguitos y aguanta hasta encontrarse solo o no tener nada más con qué divertirse.

En estos casos, conscientemente evitan la deposición hasta que cede el deseo, y de tanto estar en el intestino, las heces se deshidratan y se convierten en grandes masas (fecalomas).

Otras causas se presentan por alguna enfermedad tratada con medicamentos que producen estreñimiento, por modificación de la dieta debido a falta de apetito o al no incluirse en ella suficientes verduras o frutas con gran contenido de fibra.

También influye el cambio de líquidos a sólidos, o en el caso de los bebés, al dejar de alimentarse exclusivamente con leche materna para agregar la de fórmula y, posteriormente, la alimentación complementaria.

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Variaciones en sus rutinas, predisposición genética, alergia a la leche de vaca, consumo excesivo de lácteos y derivados, sedentarismo y trastornos neurológicos, entre otros, también son factores de riesgo que aumentan las probabilidades de que tu hijo sufra de estreñimiento.

Aunque genera incomodidad, malestar y dolor, normalmente es una situación transitoria que, además, puede tratarse adecuadamente, siempre bajo la supervisión del pediatra tratante.

“Hay muchos laxantes, unos muy seguros, que se dan en dosis únicas en la noche y se prescriben según respuesta por mínimo cuatro meses para lograr ‘reentrenar’ el intestino, que es básicamente entrenarlo para evacuar a diario, con consistencia blanda y sin dificultad; este es el objetivo terapéutico. Es importante aclarar, que estos no generan dependencia, un mito muy común entre los padres; pero ante cualquier duda en el tratamiento, lo mejor es aclararla con el médico”, manifiesta la doctora Rincón.

La falta de respuesta terapéutica, la falla de medro (que no crece ni aumenta de peso), evidente distensión abdominal o dolor intenso, fiebre, ausencia de apetito y un inicio de este inconveniente durante el periodo neonatal o a muy temprana edad, son signos que requieren una consulta con el especialista para descartar afecciones preexistentes y evitar mayores complicaciones.

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Pero como ya ha se ha señalado, el estreñimiento casi nunca es grave y tú desde casa puedes tomar medidas para prevenirlo en tu hijo, entre estas: invitarlo a practicar algún deporte o actividad física, convenientes para una adecuada función intestinal; insistirle para que establezca la ida al baño como una práctica habitual y que no la demore tan pronto tenga una necesidad y motivarlo para que tome mucha agua y consuma alimentos ricos en fibra, como frutas, verduras, cereales o pan integral, entre otros.

La Academia Americana de Pediatría aconseja que niños y adolescentes entre los dos y 19 años, consuman una cantidad diaria de fibra equivalente a su edad más cinco gramos; es decir, si tu pequeño tiene siete años, debe ingerir 12 gramos de este componente.

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