¿Qué hacer cuando le da la ‘mamitis’?

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Para toda mamá, es una emoción escucharlo decir por primera vez “ma”… sobre todo cuando llevamos varios meses diciéndole a nuestro bebé di: “maaa-má”. Pero con el tiempo, y como parte de su desarrollo, esta palabra se convierte en su favorita. ¿Qué hacer con tu hijo cuando entra en la etapa de la ‘mamitis’?

Uno de los momentos más esperados y emocionantes de toda mamá es, precisamente, cuando su bebé de pocos meses de nacido pronuncia lentamente y por primera vez esa palaba: “ma-má”, sin importar que todavía no lo haga con algún sentido.

Los sentimientos más sublimes afloran y en ese espacio solo se respira amor, tanto de uno como del otro lado.

De allí en adelante se le escuchará repetirla una, otra vez y mil veces y muchas más, para enseñar un aprendizaje nuevo, pedir alimento, saciar una necesidad o demostrar todo el cariño que tiene para ofrecer.

Pero durante una etapa de su vida, generalmente entre los seis o diez meses y hasta los dos años (en algunos desde antes, en otros más allá de este límite), surge un apego exagerado hacia su cuidador principal, habitualmente la madre, pero también es posible que sea el papá, un abuelo, etc.

Es cuando aparece la tan renombrada mamitis, periodo en el que los bebés están más ligados física y emocionalmente al ser que los trajo al mundo y ante su ausencia lloran, se sienten afligidos, desprotegidos y angustiados. En una palabra, han perdido la seguridad ¿Por qué? Pueden ser muchos los motivos, entre otros, nacimiento de un hermano, cambio de casa, comienzo de su vida en la guardería o el jardín infantil, enfermedad, etc.

Si estás viviendo una situación parecida, no tienes por qué preocuparte o pensar que estás haciendo algo indebido durante la crianza de tu hijo.

Todo lo contrario, la mamitis es un proceso normal que evidencia un sólido vínculo afectivo entre los dos, y por eso la angustia de tu pequeño cuando te alejas de él, así sea por un mínimo instante.

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“El vínculo fuerte y seguro con mamá es importante en el desarrollo socio-emocional del bebé, lo que posteriormente y cuando crezca se convierte en seguridad, autonomía y autoestima.

Este vínculo se fortalece teniendo momentos con el bebé donde exista contacto físico: abrazos, besos, juegos”, asegura la psicóloga Ana María Lora, directora de Ludikcenter.

No obstante, para que no se convierta en un comportamiento incesante y duradero en el tiempo y ratificar que ese llamado te sigue despertando ilusiones y emociones, hay que buscar un equilibrio, como complementa la doctora Ana María: "es importante la combinación de estos dos escenarios: el de momentos de vínculo con espacios de separación.

El bebé sentirá deseos y necesidad de estar con mamá, pues se siente tranquilo, seguro y a gusto y es donde viene su ‘reclamo’, ya sea con llanto o pataleta.

Cuando ella se aparta o se va debe darle la seguridad de que luego estará con él. Es aquí donde el objeto transicional toma valor (su juguete favorito, una cobijita, un pañuelo…), pues es el objeto que le permite al bebé recordar a la mamá y le ayuda a manejar la ansiedad que le produce separarse de ella".

Por lo tanto, es primordial que apliques ciertas recomendaciones que permitirán que dentro de muy poco tu hijo sea más autónomo, tenga más confianza en sí mismo y se adapte adecuadamente a lo desconocido, sin desarraigarse de ese afecto especial y tan necesario que los une a los dos.

Jueguen. Es de las actividades que más goza tu hijo, por sencilla que sea. Mientras se distrae puedes distanciarte un poco pero hablándole, riéndote y sin demorarte en volver junto a él. Con el paso de los días, podrás salir del cuarto y cada vez por más tiempo hasta que puedas decirle que ya regresas y no sienta miedo o llore.

Valora su progreso. Manifiéstale con aplausos, reconocimientos y muestras de cariño sus logros; entenderá que está haciendo bien las cosas y te dará vía libre para ausencias más prolongadas sin que sienta angustia.

No lo aísles. Es probable que durante esta etapa no quiera permanecer con nadie más, ni siquiera con su papá. Pero es difícil que estés siempre a su lado, razón suficiente para que poco a poco lo reintegres a su círculo familiar y de allegados y que siempre, en tu presencia, comparta más tiempo con ellos, primero escuchando sus voces y después acercándose más hasta que permita que lo tengan en sus brazos, por ejemplo.

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Siempre con la verdad. No desaparezcas de su vista sin avisarle, es mejor que le digas: “Voy por tu juguete y ya estoy contigo”, “Cariño, tengo que salir pero no me demoro”. Se entristecerá y muy seguramente llorará, pero a tu regreso percibirá por instinto que lo expresado no era mentira y cada vez que te ausentes tendrá menos temores y no te extrañará tanto.

¿A quién lo recomendarás? Has ganado mucho cuando logras que tu bebé se quede bajo el cuidado de alguien más sin que se sienta triste y abandonado. Por tal razón, si vas a marcharte por mucho o por poco tiempo, asegúrate de que sea responsable y con quien él se sienta cómodo y feliz para que no pierda de nuevo la confianza y seguridad que ha alcanzado.

Comunícate con él. Al no estar presente físicamente, escuchar tu voz siempre será motivo de alivio y alegría para tu hijo. Así que coge tu celular o teléfono y hazle una llamadita de vez en cuando para recordarle que lo amas y lo extrañas, especialmente si la separación se prolongará por días.

Con cariño sí. Lo único que entiende si “huyes” es que lo has abandonado. Entonces, al partir de nuevo y cuando comiencen sus episodios de intranquilidad no te enojes por sus reacciones, lo que más necesitará es tu comprensión y muestras de cariño, que también debes conservar a tu regreso: felicitaciones, caricias, besos, juegos…

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