Las parejas dejan de tener sexo por múltiples razones. El estrés en el trabajo, malas condiciones de salud, diferencias irreconciliables, la monotonía o el resentimiento que forja una infidelidad. Todas estas razones, según algunos psicólogos que han estudiado el tema, están atadas a un patrón: la incapacidad de hablar abiertamente de problemas no resueltos, que se acumulan internamente y derivan en la falta de intimidad. Un estudio publicado por International Society For Sexual Medicine concluyó que el 35 % de las parejas tiene en promedio entre una y tres relaciones al mes. Y que el 5 % de los encuestados no pasa de uno o dos encuentros sexuales anualmente. Esta situación es todavía más compleja para parejas que llevan relaciones largas.
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Sigue a Cromos en WhatsApp¿Qué pasa si una pareja no tiene relaciones sexuales?
Brotan las preguntas: ¿Qué ocurre cuando, sin importar el motivo, una persona deja de encontrar placer sexual en su pareja? ¿Es posible que la relación fluya con armonía y satisfacción? ¿Qué tan pernicioso resulta para la estabilidad del vínculo? Laura Morán, sexóloga, terapeuta familiar y autora del libro Perfectamente imperfectas (2023), sostiene en un informe que las relaciones de pareja en las que no hay actividad sexual son más frecuentes de lo que pensamos. Para muchas personas, dice Morán, el sexo puede ser considerado importante, pero no urgente. Si es necesario tachar actividades de la lista de prioridades, suele restarle horas al descanso y al placer, porque esto no es vital en la sociedad hiperproductiva y acelerada en la que vivimos.
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La sexóloga añade que la crianza de los hijos, el cambio de dinámicas que eso conlleva, y el padecimiento de problemas físicos o de salud mental pueden terminar de dinamitar el deseo por la pareja. Por otro lado, la sexóloga Silvia Sanz, autora del libro Sexamor (2021), apunta que ha conocido casos de personas que aman a su pareja y les atrae, pero encuentran los momentos íntimos muy calcados, previsibles, poco estimulantes. Por eso, de un modo inconsciente, evitan tener relaciones. No obstante, también ha conocido casos en los que simplemente los integrantes de la relación hallan bienestar y entretenimiento en otras actividades compartidas, y están embarcados en un proyecto de vida en común

¿Es posible mantener relaciones satisfactorias y estables sin sexo? En muchos casos es imposible.
Cuando la falta de sexo se vuelve problemática
El problema, en el fondo, no es la falta de sexo para mantener la vitalidad de una relación; el verdadero problema es cuando el deseo por el otro es asimétrico, desigual.
Si una parte quiere tener relaciones sexuales, mientras que la otra se niega, es muy probable que se genere una tormenta, porque el o la rechazada sentirá una rechazo contra su propia persona. El alargamiento de esta situación en el tiempo y la falta de comunicación al respecto dará lugar al crecimiento de una carga opresiva, tensa, que en cualquier momento estallará. Esa sensación de distancia emocional suele, además, lesionar la autoestima y provocar resentimiento. Puede ser el caldo de cultivo perfecto para infidelidades y rupturas.
La abstinencia sexual, cuando no es compartida, se agrava con la constante comparación. Algunas personas tienden a creer que son los únicos que padecen este problema, mientras que en su círculo cercano todos disfrutan de buen sexo. Lo cierto es que, de acuerdo con datos de al revista Psicology Today, en Estados Unidos el 15 % de las parejas tiene sexo con poca frecuencia. Es clave, según recomiendan algunos terapeutas, comprender que, aunque es conveniente naturalizar la sexualidad humana, tanto a solas como en pareja, no debe interiorizarse como una obligación o una imposición, porque esta carga es justamente incoherente con el placer. El sexo puede tener la importancia que cada uno quiere darle.
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Es posible potenciar la intimidad en la pareja fortaleciendo la comunicación, pues así puede fijarse una base sólida para buscar otras formas de intimidad que trasciendan del sexo, a través de sorpresas y experiencias de conexión conjuntas. Existen diferentes maneras de nutrir la intimidad en las relaciones: tomarse el tiempo para decirle a la pareja lo que se aprecia de ella y mostrar gratitud haciendo algún regalo; preguntar con cierta recurrencia cómo está el otro y qué le haría bien, ofreciendo un espacio seguro para que muestre su vulnerabilidad; dedicar tiempo para hacer planes conjuntos, como cocinar, ir a cine y viajar; mostrar gestos cálidos, como besos, abrazos y caricias.
Por último, si se constata en una pareja que hay un desequilibrio en el deseo sexual y que este está causando daño emocional, esta situación puede ser vista como una oportunidad para revisar por qué está sucediento esto y qué pueden hacer en conjunto para encender la chispa.
Algunas conclusiones sobre las parejas que no tienen sexo
- Algunos planes para nutrir la intimidad, más allá del sexo: cocinar y comer juntos, apoyarse mutuamente para lograr objetivos, ir al cine, tener espacios de dialogo sincero y tener expresiones verbales amorosas.
- El verdadero desafío en una relación no radica tanto en la falta de sexo como en la desarmonía del deseo entre ambas partes. Cuando uno de los integrantes anhela intimidad mientras el otro se rehúsa, surge un desequilibrio que puede desencadenar tensiones. En estos casos, quien enfrenta el rechazo no solo percibe una negativa al acto en sí, sino que también puede interpretarlo como un cuestionamiento a su valor personal, lo que abre la puerta a conflictos emocionales profundos.
- Las principales razones detrás de la falta de sexo en parejas están atadas, según algunos psicólogos que han estudiado el tema, a un patrón: la incapacidad de hablar abiertamente de problemas no resueltos, que se acumulan internamente y derivan en la falta de intimidad.
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