Theo Epstein, el 'rompemaldiciones' en el béisbol de Grandes Ligas

El presidente de operaciones de los Cachorros de Chicago rompió una sequía de 108 años con la novena de la ‘ciudad de los vientos’. En 2004 logró el campeonato con los Medias Rojas de Boston, equipo que no había celebrado en 86 temporadas.

Theo Epstein, presidente de operaciones de los Cachorros de Chicago. Foto: AFP

Cuando llegó a los Medias Rojas de Boston, en 2001, era un desconocido. Arribó junto a Larry Lucchino, quien llegó a ocupar el cargo de Director Ejecutivo del equipo. Su ascenso fue rápido. Lucchino siempre le vio condiciones tanto en la organización de los Orioles de Baltimore como de los Padres de San Diego  y cuando se dio la oportunidad fue nombrado gerente general interino, en remplazo de Mike Port. “Mi vida cambió notoriamente”, dijo Theo Epstein. Comenzó a trabajar 16 horas al día, raramente dejó Fenway Park antes de medianoche. Su dedicación dio frutos y mediante estrategias ambiciosas, le cambió la cara a los Medias Rojas hasta que en 2004 acabó con una maldición de 86 años: la del ‘Bambino’ Babe Ruth.

No fue fácil. Su equipo tuvo que meterse en la historia del béisbol para lograr ese anhelado trofeo en Boston. Se convirtió en el primero y, hasta ahora, único equipo en revertir una serie que perdía 0-3 para ganar 4-3. Fue contra sus archirrivales, los Yanquis de Nueva York. Pero lo logró. Acabó con más de ocho décadas de sequía de los Medias Rojas y repitió en 2007. Su paso por Boston terminó en 2011. “La razón por la que me voy no tiene que ver con poder, presión, dinero o relaciones, tampoco tiene que ver con octubre”, y era cierto. Semanas atrás los Cachorros lo entrevistaron y ese se convirtió en su nuevo reto.

Junto con el gerente general Jed Hoyer, Epstein reestructuró totalmente al equipo. Albert Almora Jr. fue el primer jugador seleccionado en el draft bajo la administración Epstein. Y ahí comenzó el recambió. Salieron de jugadores estrellas como Jeff Samardzija, Carlos Zambrano, Alfonso Soriano y Starlin Castro. Y se reforzó con las selecciones en el draft: Kris Bryant en 2013 y Kyle Schwarber en 2014. Además, trajo a Jake Arrieta (de Baltimore), Anthony Rizzo (San Diego) y Addison Russell (Oakland). También invirtió en el mercado de agentes libres tras la temporada de 2014, consiguiendo al lanzador Jon Lester y luego al lanzador John Lackey, al jugador general Ben Zobrist y a los jardineros Dexter Fowler y Jason Heyward.

De a poco fue formando su equipo. Siempre con un jugador como estandarte: Anthony Rizzo. El primera base es la figura de Chicago. Pero a él se le han sumado los bates de Bryant, Schwarber y esta temporada Javi Baez, Willson Contreras, Fowler, Zobrist y Heyward. Esta es la columna vertebral de la ofensiva de Chicago. Mientras que el cuerpo de lanzadores con Arrieta, Lester, Hendricks y Lester se convirtió en uno de los mejores de las Grandes Ligas. A los abridores le añadió un buen bullpen, que terminó reforzando con Aroldis Chapman. Y creó un staff que fue impecable durante 2016. Los lanzadores tuvieron la mejor efectividad en las Grandes Ligas y la ofensiva fue la segunda mejor en la Liga Nacional. 

Fue dominante, armó el equipo a su imagen y semejanza y el miércoles acabó con la ‘Maldición de la Cabra’. Llevó a Chicago a celebrar en una Serie Mundial después de 108 años. Con el trofeo del 'clásico de otoño' en la mano, Theo Epstein, con una amplia sonrisa y bromeó: “No necesitamos un avión para volar a casa”. El ahora presidente de operaciones de los Cachorros, sabe que lo que acabó de lograr con Chicago fue notorio. “Ganamos uno de los mejores partidos en toda la historia”, expresó  tras ganarle a los Indios por 8-7 en 10 entradas en Cleveland. “Fue simplemente increíble, un homenaje a nuestros jugadores, a su espíritu de lucha”.

Ese último juego entre dos equipos cuyos tanques estaban casi vacíos, necesitó de un impulso adicional para garantizar el desfile y colocarse un anillo de Serie Mundial y acabar con la sequía. Estos Cachorros, al igual que los Medias Rojas de 2004, fueron construidos con la mano hábil de Epstein, el propio Gaudí de béisbol, un arquitecto sin igual con un estilo inigualable. Este fue su equipo, su hacer, todo el camino hasta el último out, con el tercera base Kris Bryant, impulsado por Epstein, sonriendo mientras sacaba del guante un roletazo en busca del primera base Anthony Rizzo, una adquisición especial de Epstein.

 

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