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10 Apr 2022 - 2:00 a. m.

Cochise, corazón de Jesús, cumple años dos veces

El jueves pasado llegó a los 80 años el primer campeón mundial del deporte colombiano. Un repaso por su legado, su carisma y su figura.
Thomas Blanco

Thomas Blanco

Periodista Deportes
Cochise ganó 39 etapas y cuatro títulos de Vuelta Colombia, la primera con 33 minutos de ventaja sobre el segundo.  / Archivo El Espectador
Cochise ganó 39 etapas y cuatro títulos de Vuelta Colombia, la primera con 33 minutos de ventaja sobre el segundo. / Archivo El Espectador
Foto: Archivo El Espectador y Andrés Piedrahita.

Por 69 años sopló las velas el 14 de abril. Los últimos once lo hizo el 7, una semana antes. Para algunos cumple dos veces: un poco del carisma que evoca su figura. “Vea, mi cédula lo dice todo clarito: ‘El 7 de abril de 1942 nació en Guayabal, en el barrio Cristo Rey de Medellín, un lindo niño bautizado como Martín Emilio Cochise Rodríguez’”, apunta en broma quien fue catalogado como el mejor deportista del siglo XX en charla con El Espectador, desde la Clásica de Rionegro, donde celebró su cumpleaños 80 trabajando como embajador del equipo Orgullo Paisa. “Yo no sé de dónde empezó el 14”.

En 2011, cuando se cambió oficialmente su nombre a Cochise, hizo el anuncio. “De ahora en adelante, para que lo sepan todos, mi fecha oficial de cumpleaños será el 7 de abril y doña María Cristina (su esposa) ya sabe que la torta para celebrar será para ese día y no el 14, como acostumbramos siempre”, apuntó en unas declaraciones recogidas por el periódico El Colombiano.

La espina de cambiarse el nombre de pila surgió cuando se postuló a las elecciones del Concejo de Medellín en 2003, cargo que ocupó por cuatro años en el gobierno de Sergio Fajardo. “Es que a Martín Emilio no lo conoce nadie”. Y entre los papeles que tuvo que presentar en la notaría para hacer el cambio reposaba su partida de bautismo, que estaba en poder de Gertrudis, su madre. Allí figuraba el 7 de abril. Fue así como en su nueva cédula no solo estrenó nombre sino fecha de nacimiento. Cosas que solo le pasan al dueño del Corazón de Jesús más lindo del mundo, que estuvo por tantos años en la carrera 84 n.° 37-6 del barrio Simón Bolívar de Medellín, y luego migró a Miami, donde lo tuvo hasta el final de sus días Gertrudis.

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¿Y el origen de su apodo? En los días de primaria, en el teatro del colegio Alfonso López, de Manrique Central, Martín Emilio quedó flechado por la personificación del actor Jeff Chandler de un indio piel roja, díscolo, también rebelde, que prendió las chispas de una rebelión en la película Flecha Rota. Se llamaba Cochise. “Yo quería ser Cochise”. Y lo fue.

“Para mí es un orgullo que la gente todavía me recuerde y me quiera. Uno ha sido responsable y la vida me ha traído cosas buenas y accidentes graves que casi me mandan de cajón, pero todo ha sido muy feliz porque he estado casado con una esposa muy querida, muy buena. Y que me dio tres hijos. Hoy solo una cervecita por mi cumpleaños, bueno de pronto solo algunas, porque mi mujer me tiene muy bien custodiado”.

Ella, María Cristina Correa Restrepo. “Una niña bien de Medellín”. Su abuelo: fundador del banco Bancoquia. Su tío: alcalde de Medellín. Su otro tío: rector de la Bolivariana, sacerdote también. Y su papá: un prestigioso abogado. ¿Cochise? “Yo tenía mi porte”. Pero su suegro nunca creyó en la relación. Y ya llevan más de cincuenta años casados...

La vio por primera vez cuando María Cristina fue a ver a un amigo al velódromo. Él optó por buscarla, una y otra vez, mientras ella esperaba el bus del colegio en el barrio Laureles. “Le dije que yo era Cochise, el gran campeón... mentiras. Le decía que era muy querida, le charlaba, que cómo se llamaba, y así empezó todo”. Y las serenatas con El Plebeyo de Los Morochucos de fondo. “Ella de noble cuna y yo humilde plebeyo. No es distinta la sangre, ni es otro el corazón”.

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El nirvana de su vida fue cuando le quitó la virginidad de títulos mundiales a Colombia y se coronó campeón de los 4.000 metros de persecución individual en la pista de Varese (Italia). “Imagínese, el primer gran logro del deporte colombiano lo conseguí yo. Fue muy efusivo, me llevaron con el cuerpo de bomberos por todo Bogotá. Una locura”.

Y la llamada de felicitación del presidente Misael Pastrana.

—Cochise, en nombre de toda Colombia le agradezco por el gran servicio que ha prestado a la patria porque estos son los actos que le devuelven al país la fe en sus posibilidades.

—Muchas gracias, doctor. Es un placer dialogar con usted y gracias por el apoyo del Gobierno.

Su figura, que desde hace varios años ya era una de las más populares del país, pasó a convertirse en un mito. Un año atrás ya había dado el primer gran golpe: batir el récord mundial de la hora en la Ciudad de México. Detrás de esos dos triunfos cósmicos para un país con complejo de inferioridad estuvo el manto de la dirección técnica y trabajo de relaciones públicas del italiano Claudio Costa.

Tras verlo en el Mundial de Leicester (Inglaterra) hizo todo el lobby con un mánager para que viajara a México a romper el reloj. Esa persona era Jacinto Benotto, propietario de las bicicletas Benotto. Ellos se encargaron de todo. Y Cochise, dirigido por Costa, como en una orquesta, apretaba o aflojaba dependiendo de las señas del italiano. Lo consiguieron. Luego llegó el título mundial en Italia. Y la última escala era en Múnich 1972: ser el primer campeón olímpico de Colombia. Era el favorito, pero otro colombiano se encargó de que no lo dejaran participar. Todos saben cuál es el peor enemigo de un colombiano.

Benotto, eso decía la camiseta que lucía Cochise en un entrenamiento cuando batió el récord de la hora, alusión a la casa italiana fabricante de bicicletas. Una fotografía que mandó le bastó a un barranquillero llamado Édgar Sénior para sacar al deportista del momento del país de los Olímpicos, que por esos días estaban reservados para atletas “aficionados”, que no tenían ningún tipo de patrocinio. Con comillas, porque la regla no se cumplía en el sentido estricto de la palabra. Y así, el Comité Olímpico Internacional excluyó al antioqueño de las justas. Y así también Cochise parió su frase célebre: “En Colombia la gente se muere más de envidia que de cáncer”.

¿Qué motivación hubo detrás? “Pura envidia, nada más. Ese señor me hizo declarar profesional sin serlo y yo de verdad tenía grandes posibilidades de ganar, era el campeón mundial. Fue algo muy injusto porque en realidad yo no recibía nada de nadie. Lo hizo por el lujo de mandar una carta la UCI a decir que no era aficionado y ellos se tragaron el cuento. ¡Y por una camiseta! Eso era como usar una camiseta de Alberto VO5, nada que ver. Nunca conocí a ese señor ni supe a qué se dedicaba”. Y el país tuvo que esperar 28 años más para festejar su primera medalla de oro, que llegó por cuenta de la pesista María Isabel Urrutia, en Sídney 2000.

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A regañadientes, a los 31 años, Cochise se hizo profesional como gregario de lujo de la escuadra italiana Bianchi-Campagnolo, comandada por uno de los mejores pedalistas del momento: Felice Gimondi. “Me hicieron profesional a la fuerza. Era muy difícil que me aceptaran en Europa tan veterano, pero la carta de presentación que tenía era muy buena. Le tenía que hacer el trabajo sucio a Gimondi, a Marino Basso y a un belga. El trabajo mío era muy berraco”, recuerda.

Y un año después del intenso papeleo de Édgar Sénior, el antioqueño debutó en el Giro de Italia. El 4 de junio de 1973 se adjudicó la decimoquinta etapa de la Corsa Rosa, el primer triunfo para Colombia en una de las tres grandes vueltas del ciclismo. Lo hizo en el trazado de 150 kilómetros entre Florencia y Fortei de Marmi.

“Luego de esos meses difíciles empezaron a decir en Europa que un tipo llamado Cochise había ganado. El ciclismo colombiano se metió en el radar del mundo en esa provincia que era muy famosa por el mármol. Y como yo le estaba trabajando a Gimondi y Basso, el entrenador me preguntó cómo me sentía. ‘Bien, pero ¿qué carajos hago? ¿Los espero, los empujo?’, le decía. Hasta que me dijeron que siguiera y le gané la etapa por tres segundos a Basso, compañero mío. Fue un orgullo muy grande para mí”.

Cochise Rodríguez era el hombre que se ensuciaba las manos por su equipo, el que lo empujaba, el que llegaba con las caramañolas, el que reconectaba a sus líderes con el pelotón sin importar la dureza del terreno. Por esos días no existían los puntos de abastecimiento en el Giro de Italia. Recuerda cómo se ponía de acuerdo con los gregarios de otros equipos para parar en las tiendas a recoger refrescos para sus capos de escuadra. “A veces uno iba tan cargado que le tocaba botar todo. Los refrigeradores eran muy oscuros, hasta cogíamos cerveza, pero a los italianos no les gustaba y la botaban”.

Su entrega sedujo a Gimondi, por lo que escogió al colombiano, quien era su gregario número uno, para que fuera su pareja en el Trofeo Baracchi, la contrarreloj más importante de esos tiempos. Se quedaron con el primer lugar. “Cuando íbamos en Bérgamo, Felice ya iba maleteando, iba con problemas y pensando en que nos debíamos retirar. Y no lo dejé: lo tuve que arrastrar 50 kilómetros sin que me hiciera un solo relevo. Nos tocaba cruzar la meta juntos, no sé cómo lo logramos. Había corredores de la talla de Eddy Merckx, mi amigo. Él era muy completo, muy corpulento. Sé que ya hablan de Pogacar, pero este es el mejor de todos los tiempos”.

Su ídolo, después su rival, fue Rubén Darío Gómez. “Era muy bajito, de Pereira, pero yo lo admiraba por ese coraje y ganas que tenía para ser tan completo a pesar de su estatura”. Sus otros grandes rivales fueron Álvaro Pachón y Javier el Ñato Suárez, quien es hoy uno de sus amigos del alma.

Hasta ganó una de las cuatro Vueltas a Colombia que conquistó con un hecho inédito: ganar la camiseta de montaña y también la de metas volantes. La primera la logró con 33 minutos de ventaja sobre el segundo. Así era. La llave de Cochise: la contrarreloj y sus colmillos temerarios para descender. Aprovechaba sus 1,80 de metros de humanidad y se les volaba a todos. El hombre que más etapas ha ganado en la Vuelta a Colombia (39).

Sigue montando en bicicleta. Entre semana hace 40 kilómetros en el Aeroparque Juan Pablo II. Cree que Rigoberto, con su carisma, es su encarnación. “Sí, con esa chispa la verdad es que sí se parece a Cochise”, dice, como siempre, hablando en tercera persona. “Los domingos aprovecho, me vuelo a Barbosa, por todos esos lados y hago 120 kilómetros, porque la bicicleta es lo que llevo en la sangre”, cierra, entre pocas o muchas cervezas, el primer gran mito del deporte colombiano.

@thomblalin

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