Desde 1989 un equipo nacional no compite en la ronda gala

Colombia y el sueño de volver a tener un equipo en el Tour de Francia

En 1983 el Pilas Varta fue el pionero en la competencia de ciclismo más importante del mundo. El Café de Colombia cerró ese ciclo hace 28 años. Ahora, el Manzana Postobón quiere repetir la historia.

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Era necesario un toque de altanería y de atrevimiento. Y eso lo tenía Miguel Ángel Bermúdez, un hombre locuaz, estratega y bastante hábil con la palabra. Este boyacense, que montaba bicicleta con Luis Carlos Galán por la carrera séptima de Bogotá a principios de los años 80, fue el responsable de que un equipo colombiano fuera invitado para correr el Tour de Francia en 1983. Con una seguridad impresionante buscó patrocinio en la empresa privada en una época en la que la recesión tenía a las grandes compañías del país con números rojos. Después de tocar puertas, de mover influencias, de construir un discurso válido y llamativo, el entonces presidente de la Federación Colombiana de Ciclismo logró que Pilas Varta comprara la idea y aceptara poner el dinero necesario para viajar a Europa. (Vea también: "Hemos salido de un día con mucho peligro": Nairo Quintana)

Bermúdez buscó a Martín Emilio Cochise Rodríguez y a Rubén Darío Gómez para que comandaran la escuadra durante la ronda gala. De inmediato la recomendación de ambos fue reclutar a un mánager con experiencia en grandes carreras que ayudara en el proceso. El elegido: Luis Ocaña, el español que vulneró la supremacía de Eddy Merckx y que ganó el Tour en 1973 y la Vuelta en 1970 (en 1994 se pegó un tiro en la cabeza en su finca en la localidad francesa de Caupenne de Armagnac).

“Me sorprendió mucho porque cuando llegó le dijo a Bermúdez que con Édgar El Condorito Corredor podíamos pelear la camiseta amarilla ¡Qué mentira! Desde ahí me di cuenta de que él quería tener injerencia en las decisiones deportivas y no sólo en las administrativas”, recuerda Cochise, que respondió plausive cuando le contaron tremenda afirmación. “Eso es mentira, Miguel Ángel. Bajémonos de esa nube que esto no es una Vuelta a Colombia o a Venezuela. Es el Tour y la cosa no será tan fácil”. (Lea también: Sin Valverde, Nairo tendrá que replantear su estrategia en el Tour)

De ese hecho histórico para el pedalismo nacional quedan varias anécdotas que cuentan los corredores elegidos (Patrocinio Jiménez, Alfonso Flórez, Cristóbal Pérez, Julio Rubiano, Samuel Cabrera, Édgar Corredor, Rafael Tolosa, Abelardo Ríos y José Alfonso López). Como que antes de viajar a Francia recorrieron varias tiendas de Colombia entregando pilas para generar recordación y entendiendo que en nuestro país siempre nos emocionamos con mucha facilidad. Ya en carrera los recuerdos son varios. La mala relación con el francés Laurent Fignon, un déspota que repartía codazos en el pelotón sin medir consecuencias. “Son de una raza inferior”, dijo en una entrevista acerca de los colombianos antes de iniciar la carrera.

La multa de 70 francos a varios integrantes del equipo por parar a orinar en los matorrales. “No conocíamos a fondo las reglas, sólo sabíamos pedalear”, apunta Cochise. También el regaño de Patrocinio Jiménez a Corredor, un muchacho de 20 años, que asombrado antes del viaje arrojó una simple frase que puso iracundo al nacido en Ramiriquí, Boyacá.

Patro, toca pedirle un autógrafo a Bernard Hinault cuando estemos allá.

—¡Usted es que es guevón! Nosotros podemos pedalear como ellos.

Al final, el corredor francés no participó por una vieja molestia en una de sus rodillas. La mente quería, pero el cuerpo no. Igualmente, evocan el asombro del lote cuando los vieron sacar los pedazos de panela. Incluso, que Pedro El Perico Delgado casi se parte un diente al intentar morder uno de los cubos que llevaba Jiménez. La falta de estrategia y el comportamiento pulsional hicieron que el lote les cogiera fastidio, pues cada vez que veían una subida salían disparados como locos. “Ey, colombianos, calmados”, les gritaban. Pero, ¿cómo pedirles que controlaran sus instintos si era lo único que sabían hacer?

No hubo victorias de etapa, pero sí un día en el que con una velocidad inusual en la subida Patrocinio Jiménez coronó en el primer lugar el temible Alto del Tourmalet, ganándole el duelo al local Robert Millar, un corredor calculador que se limitó a ir a la rueda del boyacense durante 140 km. Ese día el colombiano terminó cuarto en la jornada, se puso la camiseta de las pepas rojas (ganó dos de los cuatro ascensos que hubo) y escaló 53 posiciones en la general, para ubicarse en el puesto 21. “Hoy grité como nunca lo había hecho en la vida… Hoy me olvidé que era un periodista y me convertí en un colombiano que celebra ruidosamente una de las más grandes conquistas de estos escarabajos de oro del ciclismo mundial”, escribió Rafael Mendoza, enviado especial de El Espectador a la competencia.

Al final, la diferencia entre el ciclismo aficionado y el profesional pesó, y mucho. Sin embargo, la precariedad en el conocimiento de la dinámica del deporte no fue un impedimento para que el Pilas Varta sellara una historia que sigue ardiendo como una llama cuando de evocar el estreno de un equipo colombiano en la carrera por etapas más importante del mundo se trata.

En 1989 el sueño terminó

Raúl Moreno, un hombre con un bigote abultado, pero bien organizado, que se parecía a Juan Valdés, era el encargado de que todo funcionara de manera sincronizada en el equipo Café de Colombia. Que el bus de dos pisos estuviera siempre impecable para las entrevistas, que los autos permanecieran inmaculadamente blancos y que los uniformes no tuvieran una sola mancha. Un orden confundido con obsesión de una de las personas más importantes en la escuadra que tenía como figura a Luis Herrera (dos años antes campeón de la Vuelta a España).

Para ayudar al escalador de Fusagasugá en los terrenos perjudiciales como el largo llano y sus fuertes vientos de costado y la crono por equipos, la escuadra nacional contrató al francés Bernard Richards, el danés Jesper Worre y al italiano Mario Scirea. Julio Cadena, Samuel Cabrera, Martín Ramírez, Alberto Camargo y Henry Cárdenas, completaron la nómina.

El planteamiento, las circunstancias de carrera y el fuerte nivel que hubo en esa edición desembocaron en una mala actuación del conjunto nacional que tuvo como mejor resultado el puesto 19 de Herrera y el 20 de Camargo, el primero a 16 minutos del ganador, el estadounidense Greg LeMond. Los egos fuera de control, las altas peticiones del grupo de pedalistas en cuanto a remuneraciones y premios, y la organización de las vidas individuales de los ciclistas que desorganizó fortunas, la falta de resultados en un acuerdo deportivo con bases comerciales, entre otras situaciones, terminaron por aburrir a los directivos de la Federación Nacional de Cafeteros, quienes optaron por finalizar el proyecto de manera tajante, sin opción a replantear el nuevo camino. Cada ciclista tomó su rumbo y así culminó la historia de una de las escuadras más famosas de nuestro país, sellando una era en la que muchos hicieron propia la innovación para demostrar que de este lado del Atlántico también había corredores y muy buenos.

Volver, el objetivo

En esta edición del Tour de Francia hay siete ciclistas colombianos, de los cuales dos son líderes de sus escuadras (Nairo Quintana, del Movistar, y Esteban Chaves, del Orica). Esta abultada participación de escarabajos hace recordar a aquellos equipos como el Pilas Varta, el Café de Colombia y el Postobón, los únicos en disputar una ronda gala. Y la pregunta es: ¿qué tan cerca estamos de volver a llevar un conjunto nacional a la carrera más importante del mundo? El Team Manzana Postobón es el que más cerca estaría de hacerlo.

Luis Fernando Saldarriaga es el director deportivo de la escuadra paisa, que desde hace tres años inició un proyecto a largo plazo con el que busca volver a posicionar a una escuadra nacional en la élite de este deporte. En este tiempo han conseguido invitaciones para diferentes carreras del World Tour, en las que se han destacado sus ciclistas. El cuidado con el dopaje y la apuesta a una tecnología avanzada, han hecho que esta escuadra se haya quedado con uno de los cupos para la Vuelta a España de este año.

“Para volver a un Tour de Francia con un equipo colombiano hay dos caminos: conseguir la licencia Wolrd Tour o recibir una invitación”, afirma Saldarriaga. El primer camino es el más complicado, pues se necesita un presupuesto muy amplio que por ahora no sería factible en el país. Para obtener la licencia de la máxima categoría es necesario una inversión mayor a los 10 millones de euros, algo así como $35 mil millones . “Habría que subirles el sueldo a los ciclistas, comprar camiones, tecnología y una serie de gastos que por ahora son muy excesivos”, resalta Saldarriaga.

El segundo camino es el que podría seguir el Team Manzana Postobón, y es destacarse en las carreras en las que está participando (World Tour) para así recibir en los próximos años una de las cuatro invitaciones que entrega la organización de la ronda gala a los 23 equipos con licencia continental. “Hay que apostarle a trabajar duro para tener mejores resultados que los 22 rivales”, culmina Saldarriaga, el hombre detrás de la formación de cinco de los siete ciclistas que hoy en día representan a Colombia en el Tour de Francia (Quintana, Chaves, Pantano, Henao y Atapuma). “La idea es repetir ese proceso que tuve con estos muchachos nuevos. Y hay con qué”.

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Luis Guillermo Montenegro - Camilo G. Amaya

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