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12 Dec 2021 - 11:00 p. m.

Egan Bernal: La mirada de una madre

Flor Gómez cuenta cómo es su relación con el campeón del Giro de Italia 2021. “Todos los días le dejo su mensajito antes de irme a dormir”
Juan Sebastián Lombo

Juan Sebastián Lombo

Periodista de la sección Política
Egan Bernal celebra su título en el Giro de Italia 2021 / AFP / Luca Bettini
Egan Bernal celebra su título en el Giro de Italia 2021 / AFP / Luca Bettini
Foto: AFP - LUCA BETTINI

Hablar con la madre de un deportista es tener acceso al detrás de escenas de los orígenes, victorias y derrotas de los que ocupan las páginas de los periódicos como héroes de un país. Quién más que ellas para saber qué pasaba por la cabeza de los campeones cuando se consagraron o cayeron de los pedestales en los que los tenía una nación en la que al ganador lo celebran como si fuera un triunfo propio y al que pierde lo condenan al ostracismo. Por lo menos este es el caso de Flor Gómez, conocida en el ámbito deportivo por ser la madre del único campeón colombiano del Tour de Francia y ganador del Giro de Italia 2021, Egan Bernal.

Antes de hablar de su hijo, reconoce que su visión de él es muy diferente a la de los demás, pues es su mamá y ha podido ver de primera mano la forma en la que Egan “se ha dedicado a su profesión y a amar lo que hace”. Ella ha sido una de las testigos privilegiadas de una carrera que comenzó cuando él tenía siete años y ahora, con 24, ha conseguido algunos de los logros más importantes del ciclismo colombiano. No solo se convirtió en el vencedor más joven del Tour de Francia en 110 años de historia y el segundo colombiano en hacerse con una maglia rosa, sino que fue ganador del Tour de l’Avenir, la primera edición de la Colombia Oro y Paz, el Tour de California, la París Niza y la Vuelta Suiza, entre otras carreras.

Para muchos, ese palmarés sería una sorpresa, sobre todo por la corta edad de Egan. Para doña Flor no lo es. Ella asegura que sabía que “ese niño iba a ser alguien grande en la vida”. Gran parte de esa premonición posiblemente venía de ese amor de madre, pero, sobre todo, de ver que desde la primera competencia su hijo ocupaba los primeros lugares. “Siempre vi algo especial en él. Comenzó ganando esa primera carrera”, expresó la progenitora del ciclista zipaquireño. “De casualidad pasamos por un instituto y estaban organizando una carrera . Él quiso competir y lo inscribimos. Era una competencia muy sencilla y la ganó. Fue algo muy espontáneo”, recordó Flor sobre esa primera victoria. En ese momento Egan no tenía ninguna preparación, pues apenas era un niño y solo usaba su bicicleta para jugar. Pero probar las mieles del triunfo fue fundamental para lo que seguiría: “Eso le dio muchísimo amor al deporte, a su ciclismo”.

Ese amor alimentó el sueño de ser profesional, pues incluso mantuvo este deseo a pesar de la renuencia de su padre, Germán, quien intentó ser ciclista pero la situación económica no se lo permitió y por eso no quería que su hijo siguiera el mismo camino.

Con un “siempre estuvo en los primeros lugares”, Flor resume los años de Egan en el ciclomontañismo. Allí los triunfos se dieron en campeonatos panamericanos, latinoamericanos y tuvo importantes resultados en los mundiales, con medallas de plata y bronce. Pero hubo un pequeño paréntesis que casi se convierte en punto final. Egan comenzó a estudiar Comunicación Social en la Universidad de La Sabana y fue muy difícil conciliar los entrenamientos y las clases. “Intentamos que llevara las dos cosas de la mano. Hubo un momento en el que me decía que no le daba el tiempo para llegar a la universidad. Siempre llegaba tarde y todo era a las carreras. Fue muy difícil. Me decía: ‘Mami, ¿qué hago?, monto bici o voy a la universidad’”, recuerda.

Ante la incertidumbre, ella le dio un consejo: “La universidad nunca la van a cerrar, pero sumercé es buen ciclista y le apasiona. Algún día cuando quiera volver a la universidad allí va a estar”.

Egan volvió al ciclomontañismo y tuvo destacadas actuaciones en mundiales, pero el objetivo ya estaba fijado en el ciclismo de ruta. “Esa fue la escuela y algo muy bonito que le dio mucho potencial. Pero como su objetivo eran los mundiales, decía que quedaba campeón y ya quedaba ahí”. El paso de la trocha a la carretera se dio a finales de 2015, cuando Egan se probó con el equipo italiano Androni Giocattoli. Sin haber nunca antes competido en ruta, fue inscrito en la prueba júnior del Tour de Flandes y ganó. “Era un cambio esperado, lo que queríamos”, explica Flor. Desde entonces Egan pasa su tiempo entre Colombia y Europa, en donde se desarrolla buena parte del calendario de la UCI.

“No siempre podemos viajar y acompañarlo, porque tengo mi otro hijo acá, aunque he tenido la oportunidad de ir a algunas carreras para estar con él”. Pero eso nunca ha sido impedimento para que Flor siga el día a día de Egan y le envíe buenas energías: “Todos los días le dejo su mensajito antes de irme a dormir. En la mañana se levanta y me dice que ya sale y me pide la bendición”. Y en competencia lo sigue por televisión. “Me da felicidad y miedo. A veces lloro, le pido a Dios por él para que nada pase y le envío buenas energías.”.

A pesar de la distancia, la tecnología los mantiene en contacto: “Algunas veces me cuenta los recorridos, me dice cuál etapa va a estar buena, las expectativas que tiene y hasta cuando va a atacar”.

Algo curioso les pasó el 26 de mayo, en la etapa 17 del Giro, cuando Egan tuvo un mal día y Daniel Felipe Martínez lo esperó y le dio ánimos para que perdiera el menor tiempo posible y no cediera el liderato. “Una cosa es que me dijera lo que quería hacer y otra la cosa que se diera en carrera. Ese fue el día de mi cumpleaños y él quería dedicarme la etapa, pero fue cuando tuvo la crisis”. Al respecto reconoce que por fortuna su hijo “es un niño muy maduro y sabe lo que hace. Sabe que todos los días no van a ser buenos y que no todos van a ser malos”.

Ser la madre de un deportista exitoso también hace que los insultos y reclamos duelan más, sobre todo en un país en el que “cuando sus campeones están arriba, la gente es triunfalista y les da duro cuando están lesionados o pierden”.

Mientras para Colombia el mayor logro de Egan fue ganar la camisa amarilla del Tour de Francia, ella le tiene más cariño al título del Giro de Italia, que ganó este año. “Son carreras muy diferentes. El Tour fue algo sorpresa, aunque ni tan sorpresa porque sería no tener fe en él. Siempre tuvimos confianza, pero no pensamos que fuera a empezar con lo más grande. Pero el Giro fue su renacer, se volvió a sentir vivo, recuperó esa chispita que se necesita para triunfar en el ciclismo”.

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