Fernando Gaviria cerró el ciclo de progreso del ciclismo nacional

Con su victoria en la tercera etapa del Giro de Italia, el pedalista colombiano logró un triunfo para la historia.

AFP

Si hace 30 años, en este mismo mes de mayo, mientras Lucho Herrera batallaba en la Vuelta a España para conseguir la primera victoria de Colombia en una de las tres grandes competencias del año, algún vidente hubiera previsto lo ocurrido en la tercera etapa del Giro de Italia de este 2.017, en la que se impuso Fernando Gaviria, habría sido catalogado como un loco de atar, o como un soñador de imposibles. (Vea aquí el especial del Giro de Italia 2017 de El Espectador)

En ese entonces los colombianos ya eran considerados los amos de las cumbres gracias a los triunfos de Martín Ramírez en el Dauphine Liberé de 1.984, a la victoria de Lucho Herrera en Alpe D´Huez y a las etapas y los títulos de montaña en el Tour de Francia, el Giro y la Vuelta a España. Pero pensar en un éxito al embalaje y, en especial, cuando el viento barría con ráfagas enfurecidas la carretera y partía el lote en pedazos, estaba fuera de cualquier posibilidad, era algo que se salía de la lógica y hasta de cualquier mente iluminada. (No se pierda; Tribuna Deportiva: Fernando Gaviria, cuarto colombiano en vestirse de rosa en el Giro)

Lo de ayer fue la culminación de un batallar incesante, de un progreso lento pero efectivo, de un empuje y una verraquera que lleva en el alma todo colombiano que se mete a pedalear en busca de la gloria. En esa década del 80 los primeros que se atrevieron a acercarse a ese grupo endemoniado que rueda desbocado en los kilómetros finales de las etapas fueron  Rubén Darío “el Diablito” Beltrán y Carlos Mario Jaramillo, quienes comentaban aterrados que “esa leonera era muy brava”.

Y en los abanicos la situación no era muy distinta. Apenas comenzaba a soplar el viento lateral se iban al frente los grandotes y rápidamente formaban escaleras que minuto a minuto se iban distanciando porque adelante quedaban la mayoría de los rodadores mientras que los nuestros hacían esfuerzos sobrehumanos para meterse en cualquiera de los lotecitos intermedios. Fabio Parra quizás fue el primero que logró engancharse en alguno de los primeros mientras que los más pequeños eran bamboleados a su antojo por el viento en las posiciones finales.

Pero poco a poco los nuestros se fueron acomodando a estas difíciles circunstancias, al comienzo aprendiendo a rodar con multiplicaciones pesadas y trabajando incansablemente en los ejercicios contra reloj. Alvaro Mejía fue el primero en ganar una cronómetro en el Dauphiné Liberé y a él le siguieron Víctor Hugo Peña (quien en una cronómetro por equipos se enfundó la camiseta de líder del Tour de Francia) y en forma especial Santiago Botero quien llegó a ser campeón mundial de la especialidad.

Tuvieron que pasar largos años para que apareciera el colombiano que se iba a batir codo a codo en los impresionantes finales de las etapas pero su camino para llegar a conseguirlo fue bien diferente al de los demás escarabajos: el antioqueño Fernando Gaviria no se formó en las carreteras sino primordialmente en las pistas de los velódromos en las que consiguió títulos orbitales tanto en la categoría juvenil como en la de mayores. El equipo Quick Step, de Bélgica, lo llevó a sus filas y rápidamente comenzó a conseguir resultados, doblegando en clásicas y pruebas de una semana a los “monstruos” de la especialidad. Sin embargo para “graduarse” en esa feroz lucha necesitaba demostrar sus cualidades en una de las tres grandes Vueltas y con esa ilusión llegó, a los 22 años al Giro.

Desde que inició la preparación para la carrera se metió en la cabeza que no sólo tenía que ganar una etapa sino que quería vestir la camiseta rosa del líder. Este domingo era su última oportunidad. En la primera jornada no logró acomodarse y apenas terminó 12 y el sábado fue superado por tres de sus rivales. Al partir para esta tercera etapa sabía que no habría mañana porque la siguiente jornada terminará en un ascenso de primera categoría, en el Volcán Etna de Sicilia, en el que perdería, como todos los embaladores, demasiados minutos.

Y su equipo enfrentó los diez kilómetros finales con un coraje y una ilusión inmensa encabezado por esa locomotora que se llama Bob Jungels. Mientras que el viento arreciaba se puso delante y comenzó a romper el lote hasta que a un poco más de tres kilómetros logró distanciar a la mayoría de sus rivales y ponerlos a unos 20 segundos. De los diez corredores que quedaron al frente seis eran del Quick Step que con una entrega descomunal se vaciaron para conseguir la victoria y la obtuvieron gracias a la velocidad de Gaviria y al impulso final que le dio su lanzador, el argentino Maximiliano Richeze.

Desde hoy los corredores colombianos no solamente serán admirados por sus dotes inigualables de escaladores… Hoy ya cuentan con un embalador valiente y explosivo que se hará respetar en las llegadas y muy seguramente detrás vendrán otros corredores, grandes y fuertes, que no van a aceptar ser solamente gregarios de lujo sino que se prepararán para explotar esta nueva veta que se abre a nuestro ciclismo. Ya no tendremos que esperar a que llegue la montaña para ver lucirse a los nuestros, ya podemos gozar con las que hasta ahora fueron las aburridoras etapas llanas.