Perfil del ciclista del Movistar

Winner Anacona y las adversidades que pasó para ser un ganador

Una lesión en la rodilla derecha por poco lo saca del ciclismo. Sin embargo, se recuperó y tras varios años de lucha logró su primer título World Tour en la Vuelta a San Juan.

Anacona celebrando el título en Argentina, el primero en una competencia World Tour. / AFP
Anacona en el podio de la Vuelta a San Juan.AFP

Para hacerle un reconocimiento a Winner Anacona por su primer título en una carrera por etapas, pues ganó el fin de semana pasado la Vuelta a San Juan en Argentina, hay que ir atrás para traer sus añoranzas, para mencionar sus tragedias, todo con el objetivo de realzar sus logros, hacer más valiosas sus victorias. A diferencia de lo que se dice de manera vaga, Winner no nació en Tunja en una sala de maternidad de una clínica. Lo hizo en Coper, un municipio del occidente de Boyacá, un lugar en el que la guerrilla y los paramilitares se pelearon el control de las áreas rurales en la década de los 90, donde la guerra congeló el tiempo y acabó con la gente. Y con una partera. 

La intermitencia en los horarios del notario y las ausencias prolongadas del cura hicieron que Rodrigo Anacona registrara a su hijo en Bogotá unos días después. “La familia de la mamá vivía allá y por facilidades tomamos esa decisión. En ese momento no teníamos a nadie en Tunja”.

Winner tampoco aprendió a montar en bicicleta en la capital boyacense. Lo hizo en Tinjacá, una población tan pequeña que con un simple golpe de vista, acompañado de un paneo, se puede observar casi en su totalidad. Hasta allí trasladaron a su padre, policía activo, luego de una travesía por varios pueblos circundantes, entre ellos Chiquinquirá, donde dejó por unos meses a su familia porque le quedaba más fácil llegar desde cualquier rincón del departamento.

Winner sí entró a la escuela de ciclismo de Tunja cuando tenía cinco años y allí entrenó hasta los 16. Primero con una bicicleta de hierro que le compró Rodrigo en Bogotá, después con otra que le mandó a hacer a la medida en Sogamoso. Que Anacona se formó en Boyacá y que le debe todo al departamento tampoco es muy cierto, pues, paradójicamente, la ciudad que le abrió las puertas para continuar su carrera fue la capital del país. Allí llegó gracias a Nelson Rodríguez, un exciclista que quiso conformar un equipo juvenil para darles la oportunidad a corredores talentosos que no estaban en los planes de nadie.

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En 2004, junto con Camilo Suárez, Edwin Ávila y el venezolano José Alarcón, entre otros, estuvo en el Piramis Team, escuadra que contó con el apoyo del IDRD (Instituto de Recreación y Deporte) y en la que tenía que cumplir un requisito para poder competir: hacer parte de la Liga de Bogotá. “La gente de Boyacá no vio con buenos ojos eso y al darse cuenta de que varios talentos de la región estaban conmigo pusieron problemas, entre esos no dar el paz y salvo necesario para cambiarse de club y de liga. A mí me tocó poner un reclamo en Coldeportes para que los dejaran competir”, rememora Rodríguez.

Las críticas de los medios boyacenses fueron fuertes, hostiles por momentos para un joven que solo quería correr sin importar el lugar. En 2006, cuando el dinero no dio para crear un equipo sub-23, Nelson empezó a ubicar a sus ciclistas, entre ellos Winner. De hecho, habló con José Alfonso El Pollo López para que le diera la oportunidad de estar en su escuadra, por ese entonces patrocinada por Coordinadora. “Fue a una Vuelta al Tolima y en plena carrera presentó problemas en la rodilla derecha y se retiró”.

El dictamen de los médicos: una molestia crónica en los meniscos. La solución: operar. Después de llevar papeles de una oficina a la otra, de pedir autorización aquí para que allá dijeran que no, fue necesario poner una acción de tutela. Y al fin la EPS Coomeva tuvo que hacer la intervención. “Yo le dije que se viniera a Bogotá, que acá con el IDRD podíamos hacer la recuperación, que no se preocupara, que podía vivir conmigo”.

Nelson se encontró con un Winner más tímido que de costumbre, decepcionado, que pensaba en entrar a la Universidad y que, llorando, le aseguró que su carrera, todavía precoz, había llegado a su fin. Durante ocho meses, Anacona hizo trabajos a doble sesión con una fisioterapeuta que le puso el Distrito. Salía de la casa de Rodríguez, en el barrio Quinta Paredes, a las ocho de la mañana, regresaba para el almuerzo y en la tarde volvía al Centro de Alto Rendimiento. La rutina se volvió hábito y el compromiso y la evolución cambiaron su actitud ensimismada con él y con la vida misma.

“Cuando volvió a montar, algo que parecía imposible, yo le propuse a un amigo que le daba patrocinio para su equipo siempre y cuando llevara a Winner a la Vuelta al Táchira, en Venezuela. El compromiso: que rodara, que sumara kilómetros, que recuperara sensaciones”. Sin embargo, Anacona fue el mejor de sus compañeros en la clasificación general.

Ese mismo año, Oliverio Cárdenas llevó un grupo de corredores a la Vuelta a Colombia y Nelson le pidió el favor de que lo incluyera. En esa oportunidad, en una etapa con llegada en la línea (180 kilómetros), fue el segundo mejor sub-23, por detrás de Darwin Atapuma, sin dejar de lado que en una jornada también de montaña se quedó con la camiseta del más combativo. “Subirse al podio lo hizo sentirse útil de nuevo, capaz de hacer grandes cosas”, apunta Rodríguez.

Después vino la propuesta del Colombia es Pasión, la espera que no dio Luis Fernando Saldarriaga para contar con él, la negativa de Boyacá por repatriarlo y, como es lógico, el no rotundo del Orgullo Paisa, pues su política era fomentar e impulsar a ciclistas antioqueños. “No vi de otra y empecé a buscarle una salida a Europa”.

Así empezó su etapa con el Partizán, con el fax medio borroso en el que venía el texto de invitación y con el que se presentó a la Embajada italiana para obtener la visa, permiso que le otorgaron el 11 de agosto de 2008, el día que cumplió 20 años. La historia dirá que su primera competencia en el Viejo Continente fue el Tour de Eslovaquia, que terminó en el puesto 31 de la general y que en la etapa de alta montaña fue el que le puso la rueda al italiano Luca Zanasca.

En la búsqueda de oportunidades, de procesos y de espacios para continuar con su formación, Winner pasó por el Maltinti Cattaneo y, tras un buen mundial sub-23 (que ganó el colombiano Fabio Duarte), firmó con el Caparrini Le Village Vibert, conjunto al que llegó como aprendiz y en el que fue segundo en el Girobio (el Giro de Italia para corredores menos de 23 años), por detrás de su compatriota Cayetano Sarmiento. “Winner iba de líder y en un día largo se deshidrató, le dieron calambres y perdió la carrera”.

En 2011 renovó contrato con el Caparrini y culminó sexto en el calendario italiano, algo que despertó el interés del Lampre Mérida. Luego vino la victoria en la etapa nueve de la Vuelta a España en 2014, su firma por el Movistar en el 2015 y, lo más reciente, el título de la Vuelta a San Juan. Toda una vida probando que la insistencia es y debe ser el mejor método de trabajo, que el talento necesita ser respaldado. “Ojalá este sea el comienzo de muchas cosas más, porque él sabe que debe aprovechar las oportunidades que tenga en una escuadra en la que tiene una misión clara: ser el más eficiente gregario”.

@CamiloGAmaya

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Camilo Amaya

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