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El papelón que ya no sorprende

Antonio Casale
Jugadores de Millonarios se lamentan al perder un partido de la Copa Sudamericana 2026 contra O'Higgins en el estadio Nemesio Camacho El Campín de Bogotá, Colombia.
Jugadores de Millonarios se lamentan al perder un partido de la Copa Sudamericana 2026 contra O’Higgins en el estadio Nemesio Camacho El Campín de Bogotá, Colombia.
Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castañeda

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Hay derrotas que duelen. Hay derrotas que avergüenzan. Y hay derrotas que, por repetidas, dejan de ser una sorpresa para convertirse en un diagnóstico.

Lo de Millonarios ante Barranquilla Fútbol Club pertenece a la tercera categoría.

Sí, claro que estas cosas pasan en el fútbol. El Real Madrid, por ejemplo, sufrió en 2009 el famoso Alcorconazo: perdió 4-0 contra el Alcorcón, entonces en la tercera categoría del fútbol español, en la Copa del Rey. Esas historias son parte de la magia de las copas. David puede derrotar a Goliat.

Pero eso no justifica a Millonarios. Porque al equipo azul no le pasa de vez en cuando. Le pasa demasiado.

El año pasado, en esta misma Copa, lo eliminó Envigado, un equipo de la B. Ahora fue Barranquilla, el último de la segunda división, el que lo dejó por fuera. Empataron 1-1 y los barranquilleros ganaron 5-4 en los penales.

Y lo verdaderamente preocupante no son los penales. Es que durante buena parte del partido no hubo en la cancha una diferencia evidente entre el equipo grande de la A y el último de la B.

Ese es el problema.

Porque tampoco es algo que haya empezado ayer. En la Libertadores de 2024, Palestino, con un presupuesto muy inferior, le ganó 3-1 a Millonarios en Chile y después empató 1-1 en Bogotá. Este año fue O’Higgins, otro club con muchos menos recursos, el que lo eliminó de la Sudamericana: ganó en Chile y volvió a Bogotá para imponerse 2-1.

No es que Millonarios no pueda perder contra equipos de menor presupuesto. Eso hace parte del fútbol. El problema es que se está haciendo demasiado habitual que equipos con muchos menos recursos le compitan de igual a igual y terminen ganándole.

Y ahí está la diferencia entre una sorpresa y un patrón.

Uno ve a Millonarios y encuentra cosas elementales que no deberían ocurrir con semejante nómina: entregas deficientes, controles defectuosos, decisiones equivocadas, poca claridad, poca intensidad y una efectividad que no corresponde a un equipo que pretende ganar títulos. Del otro lado había un equipo con muchos menos recursos, pero con hambre, orden, concentración y una convicción enorme.

Por eso Barranquilla no es el problema. Barranquilla es el síntoma.

Y el contexto hace que esta eliminación sea todavía más grave.

Millonarios lleva dos torneos consecutivos de Liga sin clasificarse entre los ocho: el segundo semestre de 2025 y el primero de 2026. Ya no estamos hablando de un accidente, de una mala noche o de una eliminación inexplicable. Estamos hablando de una tendencia.

Por eso creo que los dueños tienen que entender que llegó la hora de hacer algo diferente.

No sé si eso significa vender. Puede ser. Ellos sabrán cuál es la decisión empresarial que consideran correcta. Pero sí tienen que revisar, de arriba abajo, la manera en que están haciendo las cosas.

Porque un club grande no puede permitir que la diferencia entre su camiseta y la del último de la B desaparezca en la cancha.

Y menos puede permitir que eso se convierta en una costumbre.

Millonarios necesita un cambio. No otro discurso. No otra promesa. No otro proyecto que pida paciencia.

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Algo diferente.

Porque, sinceramente, esto ya no da más.

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Comentarios
  • Olegario(51538)•Hace 39 segundos
    Pobre Bogotá con esos equipos del fútbol profesional tan, pero tan malos, especialmente ese de Millonarios con una hinchada tan leal. Ambos, Santa Fe y Millonarios, son bocado de cardenal para los equipos de provincia. Qué vergüenza!

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