A veces, hay nombres que se hacen eternos. Faustino Asprilla es uno de ellos. Nació el 10 de noviembre de 1969 en Tuluá, Valle del Cauca, y su talento lo llevó de una ciudad pequeña del suroccidente colombiano a grandes vitrinas europeas: Parma y Newcastle. El Tino no necesita introducción en ninguna parte de Colombia ni en el mundo del fútbol. Es figura reconocida en Atlético Nacional y fue pieza clave de una de las mejores selecciones en la historia de Colombia, la de Francisco Maturana en los años 90. Asprilla no solo fue talento; fue carisma, valentía y desequilibrio.
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Su voz autorizada es importante cuando dos de sus grandes amores están en el foco: Atlético Nacional, que esta noche (8:15 p.m.) se estrena en los cuadrangulares semifinales de la Liga BetPlay contra Once Caldas, y la selección de Colombia, que el viernes 6 de junio jugará contra Perú en Barranquilla y el martes 10 contra Argentina en Buenos Aires, por las fechas 15 y 16 de las eliminatorias suramericanas rumbo al Mundial 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá.
Nacional y su gran apuesta: la Libertadores
Faustino Asprilla conoce bien lo que es vestir la camiseta verde. En dos etapas con Atlético Nacional (1990-1992 y 2002) jugó 87 partidos, marcó 31 goles y dio 26 asistencias. Sus números fueron buenos, pero lo que verdaderamente dejó huella fue su calidad.
Actualmente, el cuadro verdolaga es el campeón de Liga, Copa y Superliga en el ámbito local, y cuenta con una de las mejores y más amplias plantillas del país. Sin embargo, su gran reto está en la Copa Libertadores de América. “De local han sido fuertes, hicieron los nueve puntos posibles en el torneo, los han ganado muy bien. Pero afuera dejaron una imagen bastante pobre porque no sumaron ni un solo punto”, dijo el tulueño, de 55 años, en entrevista con El Espectador.
Y no es una crítica gratuita. El equipo de Medellín perdió en sus dos visitas a Brasil y en la última jornada en Montevideo contra Nacional de Uruguay. Aunque llegó con la clasificación asegurada, desperdició la posibilidad de ser cabeza de serie al quedar segundo, y tendrá un rival de mayor nivel en el sorteo de la próxima fase, que se realizará el 2 de junio.
El fantasma del rendimiento de visitante sigue flotando. De hecho, su racha reciente, incluso en la liga local, no es la ideal. “Si el equipo quiere pelear Libertadores de verdad, tiene que empezar a mejorar. Eso lo saben los jugadores. Porque si no, los rivales ya van con la idea: de visitante les aguantamos el resultado y de local los sacamos”.
Sobre el presente del plantel, Asprilla es directo. Aplaude a figuras como Edwin Cardona, a quien disfruta como espectador y lo percibe como uno de esos socios ideales dentro del campo de juego. “Técnicamente, es superior a la mayoría de jugadores en el fútbol colombiano. Siempre con cabeza arriba. Entiende el juego como pocos y tiene un pie maravilloso”. Sin embargo, también advierte sobre su condición física y la limitación que le genera: “Si se sostiene, puede ser clave, pero necesita cuidarse para estar entero los 90 minutos”.
Sobre Kevin Viveros no escatima elogios: “Vino de La Equidad, no era tan goleador allá. Y mire ahora, cuatro goles en Libertadores. Eso es crecimiento y confianza. Es algo muy bueno para Nacional”. El atacante bonaverense de 25 años llegó como alternativa de Alfredo Morelos, pero consiguió la titularidad, gracias a sus buenas actuaciones y goles.
Con Marino Hinestroza, que fue llamado de nuevo a la selección de Colombia por el técnico Néstor Lorenzo y suena para ser fichado por un par de clubes del exterior, el mensaje es más extrafutbolístico y un llamado de atención. “Tiene unas condiciones tremendas. Tiene regate, cambio de ritmo y desborde. Lo que tiene que hacer ahora es enfocarse. Está más pendiente de los gestos, de cómo festejar, que de su juego. Primero haga el gol, y luego piense en celebrar. Si se concentra, puede ser determinante”.
En los cuadrangulares el primer rival será Once Caldas, que vive un semestre más que positivo con un plantel corto, compitiendo tanto en Copa Sudamericana como en el torneo local. Del blanco blanco de Manizales Faustino Asprilla rescata el presente de Dayro Moreno, máximo goleador histórico del fútbol colombiano con 361 anotaciones. “Nunca se lesiona, es raro no verlo en la cancha. A su edad, estar siempre ahí es admirable. Se cuida, se entrena bien. Su anticipo, su olfato de gol, es algo que aún lo hace temible. Es más rápido mentalmente que muchos jóvenes. Lo admiro mucho”. Además del conjunto caldense, Nacional compartirá en el grupo B con los dos grandes representantes del fútbol bogotano: Millonarios e Independiente Santa Fe. En la segunda fecha, deberán visitar la capital colombiana el próximo jueves 5 de junio (8:15 p.m) contra los embajadores en El Campín.
Colombia: sistema perdido, confianza en jaque
Fausto analiza con la experiencia de quien estuvo en la cancha y conoce los camerinos. Con la camiseta de la selección de Colombia jugó 60 partidos y marcó 20 goles. Participó en dos Copas del Mundo ( Estados Unidos 1994 y Francia 1998) y en dos Copas América.
Al preguntarle por la clasificación y el rendimiento de Colombia, levantó las cejas, esbozó una media sonrisa y soltó, con ironía afilada: “¿Usted quiere unas eliminatorias más fáciles? Estas son las más accesibles de la historia. Hoy estamos mal, y seguimos adentro. Más sencillo, imposible. Pero eso no es excusa para jugar mal”.
Como la gran mayoría de colombianos, seguidores de la tricolor, muestra su inconformidad con el equipo. Los dirigidos de Néstor Lorenzo empezaron bien las eliminatorias y fueron subcampeones de la Copa América 2024, pero el nivel cayó de forma drástica. Solo obtuvo cuatro de los últimos 18 puntos. En la última presentación, empató con Paraguay en Barranquilla tras ir ganando 2-0.
Sobre la posibilidad de nuevos nombres, como Dayro o Edwin Cardona, es claro: “Si están bien, claro que deberían estar. Pero el fondo no es ese. El problema no es de nombres, es de funcionamiento. El entrenador tiene que leer mejor los partidos y ajustar a tiempo. Hay talento. El problema es el sistema. Veo jugadores confundidos. El técnico también se ha confundido. Replantea mal los partidos, cambia sin sentido. Mete tres centrales para cerrar partidos y termina perdiendo el control”.
Según Asprilla, el ejemplo perfecto está en acciones concretas que sucedieron en el juego contra Paraguay: “El problema era en la mitad. Richard Ríos andaba mal, Jefferson Lerma estaba solo. Tenía a Juan Camilo Portilla en el banco, que ya había demostrado que podía aportar en esta selección, y no lo puso. Son lecturas que se deben hacer desde el banco y transmiten confianza a los jugadores”.
Y recordó otro momento particular del enfrentamiento con los guaranís: “Mete a Yerry Mina, nos hacen el gol y las circunstancias pedían sacarlo otra vez para reajustar el equipo y no lo hizo. Eso desordena. Los jugadores sienten esa falta de claridad. Se nota. Y cuando uno deja de creer en el entrenador, se cae todo”.
A pesar de eso, Asprilla es optimista. Cree que Colombia puede y debe ganarle a Perú. “Ya no hay excusas. Hay que ganar. El que juegue, que lo haga como si fuera su primer y último partido. Una victoria nos deja a un paso del Mundial e irían más tranquilos a enfrentar a Argentina”.
Pese a la carga de emociones que pueden generar que simpatice y aliente a sus equipos, el Tino Asprilla sigue disfrutando su vida, con alegría y espíritu de fiesta. Días atrás, participó en un torneo de leyendas en Curazao, al lado de Carlos Valderrama y René Higuita, entre otros. En la antesala del torneo, sonreía y contaba emocionado sobre la posibilidad de participar y reencontrarse con figuras históricas de clase mundial.
“La alegría más grande es que mi nombre es respetado gracias a lo que hice en el fútbol. Por eso aún nos invitan a estos eventos tan lindos. Rivaldo, Clarence Seedorf, los hermanos De Boer, Sergio Goycochea... Grandes figuras. Lo mejor es compartir. Estar en la playa, en el hotel, reírnos, contar historias de camerino. Saber que fuimos rivales y ahora somos amigos. Eso es lo que queda del fútbol”.
Al consultarle con quién compartiría cuarto, si el torneo se jugara como antes, en verdadera concentración de equipo, no lo dudó un segundo: “Con Víctor Hugo Aristizábal, como siempre. En Nacional, en la selección, en los Juegos Olímpicos... Siempre estuvimos juntos”.
Faustino Asprilla jugó 516 partidos como profesional. Marcó 169 goles y dio 125 asistencias. Dejó huella en Nacional, en la selección de Colombia (con presentaciones memorables como la del histórico 5-0 en Buenos Aires, el 5 de septiembre de 1993), en Parma y en Newcastle, donde todavía lo recuerdan con cariño. Y gracias a ese legado, hoy disfruta de torneos de leyendas, de la buena vida y de Curazao. Porque los grandes nunca se van, solo cambian de escenario.
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