Una conmemoración a la distancia

El ADN técnico del Atlético Nacional

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El club verdolaga cumple este jueves 30 de abril sus 73 años de vida profesional. Memoria a su proceso de formación técnica, desde Fernando Paternoster a Juan Carlos Osorio, con nombres ilustres como Oswaldo Juan Zubeldía, Francisco Maturana, Santiago Escobar o Reinaldo Rueda.

El primer equipo campeón de Atlético Nacional de Medellín fue el que armó el mundialista argentino Fernando Paternoster, recordado central del Racing que ofició como capitán de la selección Argentina que jugó la final ante Uruguay en el primer mundial de 1930. Cuando se retiró de las canchas, el capitán se hizo técnico y llegó a Colombia contratado para dirigir los primeros Juegos Bolivarianos de 1938 en Bogotá, con ocasión de los 400 años de la ciudad. Además, estrenando el estadio Nemesio Camacho El Campín.

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El torneo lo ganó Perú, que daba cátedra en la región, y Paternoster se quedó en Colombia. En Medellín, donde dirigió equipos como Victoria, Huracán o Unión Indulana, antes de asumir el campeonato profesional como DT del Atlético Nacional. Paternoster fue el entrenador entre 1948 y 1951. Respaldado por otro técnico que hizo historia en el verde de Antioquia en sus primeros años. Ricardo “Tanque” Ruiz, delantero argentino que jugó con Cali entre 1948 y 1950 y que se quedó en Colombia para suceder a Paternoster.

Hasta 1961, con algunos nombres, Fernando Paternóster y Ricardo “Tanque” Ruiz fueron los formadores del ADN primario del equipo paisa. El título de 1954 refleja la perspectiva técnica que aprendieron los jugadores de la entraña. Junto al uruguayo Ulises Terra que había llegado de Cúcuta, del paraguayo Casimiro Avalos importado del Pereira, y de los argentinos Atilio Miotti, Nicolás Gianastasio, Miguel Zazzini y Carlos Alberto Gambina, los de la casa. Hernán Escobar Echeverri, Ignacio Calle, Gabriel Mejía y Humberto “El Turrón” Álvarez.

Del central Hernán Escobar Echeverri hay que anotar que jugó también en Medellín y América, y es el padre de Alex Escobar, el pibe del barrio obrero, crack del América de Cali campeón de los 80 y 90. El lateral Ignacio Calle, apodado “El Loco”, pasó por Medellín y Huracán, fue seleccionado a centroamericanos e hizo parte del proceso al mundial de Chile 1962. Distintivo del verde hasta 1965. Gabriel Mejía fue un referente. Tapó desde el primer torneo de 1948 hasta 1964. En Nacional, Medellín, Cúcuta, Santa Fe, América, Cali y Bucaramanga.

El ”Turrón” Álvarez si es asunto aparte. Se ha escrito mucho sobre sus dotes, pero todo lo resume el comentario del gran Alfredo D Stefano en una entrevista, cuando le preguntaron por el mejor futbolista jamás visto, y citó que lo hizo en Colombia, viendo moverse en la cancha a Humberto Álvarez, a quien todos llamaban “Turrón”. Aunque pasó transitoriamente por Cali y Medellín, es otro que resume una época del Atlético Nacional, la de su crack en el cruce entre los años 50 y 60, antes, durante y después del título de 1954.

Al lado del “Turrón” Álvarez apareció otro emblema. Bernardo “Cunda” Valencia, brillante mediocampista o delantero que fue fugazmente al Cali, pero que en Nacional logró su consagración y fue seleccionado nacional. Cuando se retiró de la competencia siguió en la formación de jugadores y, entre el ir y venir de técnicos extranjeros de peso tratando en vano de que alguno se amañara para desarrollar un proceso deportivo, él fue siempre el hombre con el equipo en la cabeza. Asistente de uno y otro, y finalmente técnico principal hasta cerrar la década.

La revolución del equipo llegó de la mano de su propietario Hernán Botero Moreno que, para la década de los años 70, armó un equipo histórico a partir de un técnico recorrido: el argentino José Osvaldo Curti, que jugó toda su carrera en Italia. Dirigió a Nacional entre 1971 y 1976. Sin embargo, en los títulos del verde en 1973 y 1976, él no estaba sentado en el banco. Estaban dos colosos: César López Fretes y Osvaldo Juan Zubeldía. Pero José Curti, que también dirigió varios equipos argentinos e italianos, fue pieza clave del recambio formativo.

El equipo de Curti hizo historia en el campeonato de 1971 que al final ganó Santa Fe tras dos finales aguerridas en Bogotá y Medellín 0 a 0, y un desempate en Cali 3 a 2 a favor del equipo bogotano. Ahí ya estaban los que desarrollaron la semilla del equipo campeón. Gilberto Osorio, jugador de quince años como titular en el equipo, desde finales de los 50 a comienzos de los 70; o el lateral Gerardo Moncada, “El alemán”, varias veces seleccionado, dos veces campeón con Nacional y también con recorrido en Pereira, América y Bucaramanga.

El interminable Abel Álvarez, volante mixto, maestro, quince años en el equipo. El socio en la mitad de la cancha de los argentinos que le cambiaron la cara al equipo: Jorge Hugo Fernández y Tito Gómez. El Atlético Nacional que en 1972 fue tercero con Vladimir Popovic en el banco y que, al año siguiente, fue campeón con la misma base de Jorge Hugo Fernández, Tito Gómez, Abel Álvarez y Gerardo Moncada, pero manejando el equipo el paraguayo César López Fretes, de largo recorrido e incidencia en el fútbol nacional.

César López Fretes jugó como delantero, principalmente en Olimpia y fue figura nacional de su país, llegó a Colombia a jugar con el Pereira en 1951, y luego se hizo técnico, primero de Pereira y luego de Nacional. Dirigió varios seleccionados colombianos a centroamericanos, panamericanos, y una Copa América. López Fretes cogió la herencia de Curti y del yugoeslavo Vladimir Popovic -otro de capítulo aparte como exitoso técnico en Colombia con Nacional, Santa Fe, Cali y Millonarios-, y celebró con el equipo el segundo título de 1973.

La base, con el infaltable argentino Raúl Navarro en el arco, y los ajustes de la historia. Los delanteros Víctor Campaz y Hugo Horacio Lóndero. El primero vallecaucano, de donde venía también su hermano Téofilo, central del equipo, y el segundo argentino. Ambos con sello de goleadores. Muchos años tuvieron que pasar para que algún jugador superara el número de goles de Lóndero en el fútbol nacional. El “comanche” Salgado, aplicado marcador de punta que también pasó por Caldas y Bucaramanga, y el central histórico Francisco Maturana.

El equipo que fueron moldeando José Curti, Vladimir Popovic y César López Fretes, y que recibió en 1976 el estelar director técnico argentino Osvaldo Juan Zubeldía. Y esto si es hablar de otro nivel. Cuando llegó a Colombia Zubeldía era el entrenador más respetado en su país. Había ganado tres veces la Copa Libertadores de América entre 1968 y 1970 dirigiendo a Estudiantes de La Plata. Allí marcó un estilo, una escuela, la que  aprendió y desarrolló quien fue su técnico en la cancha: Carlos Salvador Bilardo, campeón mundial en 1986.

Cuando Zubeldía llegó al país había una base triunfadora, pero como lo reconocieron todos, desde los dirigentes y los aficionados hasta los periodistas deportivos, con el maestro cambió todo. Las formas de entrenar, el énfasis en las jugadas, los conceptos tácticos. Hasta las picardías para sacar ventaja. Zubeldía fue el técnico recorrido que siempre habían buscado los dirigentes para que desarrollara un proceso. Lo hizo, quedaron los títulos de 1976 y 1981, y la memoria de un equipo que empezó a renovarse con grandes talentos.

Empezó con los inamovibles. Raúl Navarro en la portería. Francisco Maturana haciendo pareja de centrales con Miguel Ángel “El zurdo” López, varias veces campeón de la Copa Libertadores con Independiente de Avellaneda. El comanche Salgado en la marca. Y otro histórico del fútbol colombiano con tres pulmones, el samario Eduardo Retat, que merece biografía aparte. Seleccionado como jugador y como técnico y también, en esa doble condición, con una carrera que comenzó en 1968 jugando con Santa Fe y no termina como técnico.

Uno de los primeros intérpretes de Zubeldía en la cancha. Eduardo Retat es la esencia del fútbol samario, de la misma escuela del maestro Alfredo Arango o de la dinastía Valderrama, con Jaricho, Pablo, Alex, Alan, Ronald y el histórico Carlos “El Pibe” Valderrama. La entraña de Osvaldo Calero, Radamel García o Antony de Avila. En el campeón de 1976 estuvo con su coterráneo Eduardo Emilio Vilarete y el argentino Jorge Olmedo, y el 19 de diciembre de 1976 coronaron y dieron la vuelta olímpica en Manizales.

En 1977 llegaron Osvaldo Marcial Palavecino del Caldas y el rendidor volante argentino Alejandro Semenewicz, apodado “El polaco”. Poco a poco, de la mano de Zubeldía, se dio el recambio. De las divisiones inferiores fueron apareciendo Hernán Darío Herrera, Pedro Sarmiento, Víctor Luna, Carlos Ricaurte, Norberto Peluffo, el “kínder de Zubeldía” de los que tímidamente se asomaron a los equipos de 1977 que terminó cuarto, o 78 que fue tercero, pero que, en el cruce de décadas, se afianzó en la titular y cambió la historia.

El título de 1981 con el uruguayo Lorenzo Carrabs en la puerta, el argentino Héctor Dragonetti y otro de los que llegó del Pereira, Luis Fernando López, como centrales. Los del “kínder” ya apropiados del equipo y la selección Colombia, y dos pereiranos que dejaron huella. Guillermo Larrosa, goleador, y César Cueto, que también obliga a detener el relato. “El poeta de la zurda”, uno de los mejores jugadores que hayan pasado por el balompié colombiano. Seleccionado de su país, con trayectoria por América, Pereira y Cúcuta, donde también dio cátedra.

Ese campeón de 1981, además de la cuarta estrella debía pasar de largo, pero llegó el 17 de enero de 1982 que cambió la historia. Cuando conversaba en los apostaderos de las carreras de caballos con su compatriota y amigo Julio Arrastía Brica, a sus 55 años, el técnico Osvaldo Juan Zubeldía sufrió un fulminante infarto. El equipo quedó en el aire y se agilizaron conversaciones con el argentino Miguel Ángel “El Zurdo” López, quien tomó las riendas del plantel. El equipo termino sexto, y fue claro que la transición pasaba su cuenta de cobro.

Además, hubo movimiento de dueños. Hernán Botero vendió sus acciones en octubre de 1982, y entraron a controlarlo los hermanos Orlando, Mario y Fernando Piedrahita, que nombraron gerente al dirigente deportivo antioqueño Antonio Roldán Betancur, y confirmaron la contratación del exjugador y técnico uruguayo Luis Cubilla. Figura histórica con Peñarol y Nacional de su país, la selección, River, Barcelona de España. Cuando asumió la conducción técnica del Atlético Nacional ya había ganado la Copa Libertadores con Olimpia del Paraguay.

La expectativa era repetir el proceso Zubeldía con un exjugador y técnico de quilates, pero las cosas no se dieron. América de Cali empezaba a acaparar los títulos, y Nacional se resignó con el tercer lugar. Al equipo se sumaron contrataciones de peso como el brasilero Aparecido Donisette de Oliveira, conocido como “Sapuca”, el central argentino José Luis Brown, y el volante y seleccionado uruguayo Sergio Santín, pero el equipo sucumbió ante América y Júnior, el maestro Cubilla dio un paso al costado y para 1984 quedó al frente uno de la casa: Gilberto Osorio.

Con 512 partidos como jugador de Nacional entre 1957 y 1972, y partícipe en la formación deportiva de la triunfante generación de los años 70, Gilberto Osorio promovió nuevos valores como León Villa, Luis Fernando Suárez, Hernán Darío Gómez, John Jairo Galeano, Iván Darío Castañeda o Benjamín Cardona, pero al final las cosas no se dieron. América siguió ganando, Hernán Darío Herrera y Pedro Sarmiento marcharon al cuadro escarlata, y para la temporada de 1985, los directivos se la jugaron por otro entrenador de probadas condiciones: Juan Martín Mujica.

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Histórico como seleccionado de su país y campeón de la Copa Libertadores con Nacional de Montevideo, ya había pasado por Tolima y Millonarios con relativo rendimiento, y tomó el equipo en enero de 1985 junto a su preparador físico Esteban Gesto. Pero tampoco fue el proceso esperado, a pesar de que el equipo se reforzó con el estelar uruguayo Nelson Gutiérrez. Al final de año hubo movimientos directivos, entraron Octavio Piedrahita y Luis Carlos Molina de dudosas relaciones. Pero varios equipos de Colombia andaban en las mismas y continuó la fiesta.

En 1986 no se renovó con Mujica y Gesto, pero al frente del equipo quedó el uruguayo Aníbal “Maño” Ruiz. El “maño” había llegado con Luis Cubilla en 1983, conocía el equipo, y empezaron a aparecer jugadores que reeditaron la grandeza del verde de Antioquia. El paso crucial fue el énfasis sobre las divisiones inferiores que desarrolló un plan con entrenadores de la casa: Elkin Sánchez, Hugo Gallego, Rodolfo Monsalve, Pedro Pablo Álvarez, Harvey Montoya, y el exitoso binomio Francisco Maturana-Hernán Darío Gómez.

No se logró el campeonato, pero quedó la base de una nueva generación de futbolistas y dos técnicos que hicieron historia. Con la dupla de Francisco Maturana y Hernán “Bolillo” Gómez a la cabeza, y un equipo histórico que en 1987 fue cuarto, segundo en 1988, y que, en 1989, año que no hubo campeón porque asesinaron al árbitro Álvaro Ortega en noviembre, salió vencedor en la Copa Libertadores de América de 1989. El primer equipo colombiano en alcanzar la cúspide futbolística del torneo de fútbol más importante del continente.

El Atlético Nacional de René Higuita, Luis Fernando “Chonto” Herrera, Luis Carlos Perea, Andrés Escobar, Leonel Álvarez, Gabriel “Barrabas” Gómez, Alexis García, Luis Alfonso Fajardo, Jaime Arango, Albeiro Usurriaga. Un extraordinario plantel que recobró la idea del equipo de los puros criollos, y que terminó dándole ADN e identidad al fútbol colombiano. Ese equipo trenzó una rivalidad histórica con Millonarios, doble campeón 1987-1988, y de su pelea por ser el campeón de América surgió la rivalidad que conservan intacta.

Los equipos habían dejado atrás a sus similares Liga de Quito y Emelec de Ecuador. En la segunda fase, Nacional dejó atrás a Racing de Argentina y Millonarios a Bolívar de Bolivia. Verdes y Azules se encontraron en los cuartos de final en dos partidos que fueron dos batallas. El 19 de abril con triunfo paisa 1-0 en el Atanasio Girardot con gol del “Palomo” Usurriaga; y el 26 de abril 1-1 en Bogotá, de la “Gambeta” Estrada en el minuto 27 y empate de John Jairo “La Turbina” Tréllez en el minuto 80. Nacional pasó adelante y la pelea no fue olvidada.

Todavía los hinchas de Millonarios recuerdan al árbitro chileno Hernán Silva cuando se le cayó el pito de la boca en un momento crucial en que el equipo bogotano reclamaba un penal, y dejó amarga memoria de la eliminación. Superado el obstáculo azul, el equipo de Maturana arrolló al Danubio de Uruguay y derrotó en la final al Olimpia de Paraguay, en una de las finales más dramáticas en la historia de la Copa Libertadores de América, con 18 penales cobrados, René Higuita tapando, sus compañeros errando, hasta que Leonel Álvarez pateó el de la victoria.

Esa fue la apoteosis de la era Maturana-“Bolillo” Gómez en el Nacional.  En 1990 tomaron las riendas de la selección nacional, y desarrollaron juntos el histórico proceso de clasificación del combinado tricolor a los mundiales de Italia 1990, Estados Unidos 1994 y Francia 1998. La columna vertebral de ese equipo fue el Atlético Nacional, con el aporte del “Pibe” Valderrama y Bernardo Redín del Deportivo Cali, y Fredy Rincón, Arnoldo Iguarán, Alexis Mendoza o Wilmer Cabrera de otros equipos del torneo nacional.

Sin embargo, mientras Maturana y Gómez catapultaban el fútbol colombiano a las grandes ligas del fútbol internacional, en la dirección técnica del club se adelantó un proceso de transición inteligente. Con el aporte técnico de Roberto Vasco y Luis Fernando Suárez, Atlético Nacional rompió su ayuno de títulos en 1991. Diez años debieron pasar para que el verde de Antioquia se colgara su quinta estrella. El encargado de saborearla como director técnico fue Hernán “Bolillo” Gómez, que superó en las finales a América, Júnior y Santa Fe.

Con la base de los seleccionados -Luis Carlos Perea, Andrés Escobar, “Barrabas” Gómez, Alexis García y “Chonto” Herrera-, y la sangre nueva del club, representada, entre otros, por Mauricio “Chicho” Serna, Víctor Hugo Aristizábal, Ricardo “Chicho” Pérez y el sensacional delantero vallecaucano Faustino Asprilla. Después de la victoria, en la transición hacia un nuevo proceso de formación técnica, además del concurso activo de Luis Fernando Suárez o de “Barrabas” Gómez, el estratega que terminó al frente del plantel profesional fue Juan José Peláez.

El profesor Peláez, no solo fue un natural formador de jugadores profesionales, sino que dirigió el equipo hasta 1997. Después fue entrenador de Santa Fe, Júnior y Medellín, así como de varios seleccionados juveniles de Colombia, pero su mayor herencia en Nacional fue el título de 1994, con un equipo que conservaba a los ya históricos René Higuita, Alexis García y el “Chonto” Herrera, y en el que triunfaron, entre otros, Herman “Carepa” Gaviria, Alex Comas, Edgar Cataño, Víctor Hugo Marulanda, José Fernando Santa y Nixon Perea.

El cierre de la década de los años 90 y del siglo XXl, no pudo ser mejor. El último campeón de la centuria fue el Nacional, orientado por Luis Fernando Suárez, que había recibido la posta del estratega argentino Reinaldo Merlo. El rival directo fue el América, pero se impuso el verde con un equipo renovado en todas sus líneas. Con Milton Patiño en el arco, Samuel Vanegas, Ever “Chaca” Palacios, Pedro “Campero” Álvarez, León Darío Muñoz, Neider Morantes, Osvaldo Mackenzie, Dúmar Rueda y Fredy “El Totono” Grisales.

Después estuvieron al frente del equipo Carlos Navarrete y el “Cheche” Hernández, hasta que se promovió a otro formador de futbolistas que había hecho carrera en el club: El profesor Luis Fernando Montoya. Fue la época en la que se implementaron dos torneos en el año, y Atlético Nacional tuvo que esperar hasta 2005 para alzarse con su primer título en la modalidad de torneos cortos. A Montoya no se le dio y sus éxitos terminaron para el Once Caldas de Manizales, donde salió campeón de liga en 2003 y de la Copa Libertadores en 2004.

(1954, el momento de los antioqueños)

La espera para volver a sumar una estrella al equipo la terminó un ex jugador de la casa: Santiago Escobar, hermano del recordado Andrés Escobar asesinado el 2 de julio de 1994. No logró ser campeón Alexis García en su debut como técnico, ni tampoco Juan José Peláez en su retorno. Los títulos volvieron de la mano de Santiago Escobar, cuya memoria en el fútbol también es de capítulo aparte. Jugador de Nacional, Pereira, América, Sporting de Barranquilla, Júnior, Millonarios y Quindío, además de director técnico dentro y fuera del país.

Ya con la medida para ganar títulos en torneos cortos, la herencia de Santiago Escobar la recibió en 2007 el ex arquero argentino nacionalizado Óscar Héctor Quintabani, que se llevó los dos títulos del año 2007, con un equipo donde asomaban profesionales del fútbol de talla internacional. Como David Ospina, el arquero, después jugador del Niza, Arsenal o ahora Napoli; o Juan Camilo Zúñiga, que luego vistió los colores del Siena, Bologna, Watford o Napoli. Ambos seleccionados del Mundial de Brasil 2014. Ospina también del de Rusia 2018.

Lo demás es historia que han disfrutado las nuevas generaciones de aficionados del equipo verde. El título del torneo Apertura 2011 con Santiago Escobar en el banco, y valores como Gastón Pezzuti, Sebastián Pérez, Edwin Cardona, Dorlan Pabón, Macnelly Torres y Jairo “El Viejo” Patiño; o los últimos tiempos de victoria, de la mano de dos técnicos tan exitosos como vigentes. Juan Carlos Osorio, DT ganador de los dos torneos de 2013 y apertura 2014; y Reinaldo Rueda del torneo Finalización 2015, la Copa Libertadores de 2016 y apertura 2017.

Pasaron el español Juan Manuel Lillo, el argentino Jorge Almirón y el brasilero Pablo Autori, hasta que regresó Juan Carlos Osorio, que entre 2013 y 2014, lo ganó todo con el equipo de Alexis Henríquez, Óscar Murillo, Francisco Nájera, Alexander Mejía, Stefan Medina, Macnelly Torres o Fernando Uribe, entre otros.  Cuando se suspendió la Liga BetPlay y el torneo andaba por su séptima fecha, el puntero era el Nacional de Osorio, con la línea de José Cuadrado, Bryan Rovira, Baldomero Perlaza, Andrés Andrade, Jarlan Barrera o Jefferson Duque.

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