Una crisis de no acabar

El Cúcuta Deportivo que ya no es tan glorioso

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El club está en la mira de la Superintendencia de Sociedades por el incumplimiento de los compromisos adoptados luego de acogerse a la Ley de Insolvencia. El 20 de enero, José Augusto Cadena, presidente y representante legal, deberá asistir a la audiencia citada por la entidad.

El relato de este futbolista empieza con la existencia de dos contratos, en su caso. El primero, por el valor de un salario mínimo, y el segundo, por el restante de lo pactado en un comienzo. El primero, registrado ante Dimayor y los entes correspondientes; el segundo, un papel firmado sin las legalizaciones requeridas, es decir, un entendimiento verbal.

En el Cúcuta Deportivo parece que todo se maneja de la misma manera: de palabra. Y por eso fue que el semestre pasado, a la hora del pago de primas legales, de bonificaciones por objetivos cumplidos, José Augusto Cadena, presidente del equipo de la frontera, olvidó que la palabra tiene validez y se fortalece cuando va de la mano con las acciones.

“Nos alejamos del descenso, creo que por 24 puntos, nos metimos en el grupo de los ocho en el segundo semestre de 2019 y ni siquiera hubo un peso. Y cuando uno buscaba a Cadena para preguntarle por lo convenido, siempre lo dejaba a uno en visto en Whatsapp, porque ni las llamadas contestaba”, dice un ex jugador de la institución. Todo se complicó cuando el club dejó de girar los sueldos en plena competencia, en pleno vértigo del torneo finalización y cuando se estaba peleando por llegar a los cuadrangulares semifinales. El asombro fue colectivo, pues un año antes, cuando se logró el ascenso a la primera división del fútbol colombiano de manera directa tras derrotar 2-0 a Llaneros, las demoras en los salarios no pasaban de los primeros 15 días de cada mes.

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“De la nada dejamos de recibir dinero. Y la situación fue dura, tanto que los capitanes tuvieron que sacar de su bolsillo para darnos una ayuda a los más jóvenes, porque no había plata para cancelar las obligaciones, en algunas ocasiones para ir a entrenar”, cuenta otro exfutbolista del cuadro motilón. Se sabe que entre ellos se ayudaron para pagar arriendos y servicios públicos, incluso para comprar pañales y leche de quienes tenían hijos pequeños.

La situación llegó al extremo cuando la esposa de uno de ellos, que estaba por dar a luz, ingresó de urgencias a la clínica por una infección urinaria. Y cuando el jugador llamó a Cadena para pedirle ayuda, o mejor, para pedirle su dinero y así suplir los gastos médicos, la respuesta se limitó a una frase soez. “Ahí entendimos que ese señor era un descarado. Y caímos en cuenta de nuestro error: ser confiados. Había que ponerlo a firmar, pero nos dejamos engatusar con sus palabras”, relata otro jugador consultado por este medio.

Lo más curioso es que, mientras Cadena no respondía, al club le entraban los dineros correspondientes al nuevo patrocinador del torneo colombiano (alrededor de $700 millones).

“Es un tipo irresponsable, descarado. ¿Cómo es posible que no pague las nóminas atrasadas con esa plata y se haya ido a España dejando todo tirado, como si no le importara nada? Y no olvidemos lo de los dos contratos, y que uno de esos, el de mayor valor, se paga en efectivo. Eso lo hacen para no tener soportes contables y para que cuando sucedan cosas como las que están pasando ahora solo esté ante la ley el de menor cuantía”, agregó un directivo que prefirió no ser nombrado.

Fuentes consultadas por El Espectador aseguraron que Cúcuta Deportivo no es el único club en emplear esta modalidad y que hay varios que lo hacen para librarse de multas altas a la hora de responder en caso de que la falla sea mayor. “Es que le queda más fácil pagar una deuda con base en un salario mínimo que con una obligación mucho más grande. Y así pueden mostrar que están al día cuando la realidad es otra. Sé de Llaneros, de Boyacá Chicó y de Patriotas, por nombrar algunos. Eso, en pleno siglo XXI, no es serio. Son personas que no deberían estar a la cabeza de una institución deportiva”.

Cita con la Supersociedades

El próximo 20 de enero, la sociedad Cúcuta Deportivo Fútbol Club S.A. deberá presentarse en una audiencia ante la Superintendencia de Sociedades por el incumplimiento del acuerdo de reorganización al que se sometió en 2013 cuando se acogió a la Ley 1116 de 2006, mejor conocida como la Ley de Insolvencia. La idea era solucionar los inconvenientes financieros al no tener cómo responder con sus obligaciones económicas, para así normalizar las relaciones comerciales y crediticias mediante una reestructuración operacional y administrativa de activos y pasivos evitando una liquidación.

“Al no pagar los sueldos, que se consideran gastos administrativos, Cúcuta está quebrantando lo acordado en el artículo 71 de esta ley, en el que se habla de las responsabilidades posteriores al inicio del proceso de insolvencia. Y eso da para que la Supersociedades exija una liquidación al no ver viable la empresa. Puede que diga que está en un proceso de gracia con sus acreedores, pero si no se puede demostrar que hay dinero no es válido”, resaltó un representante de Urazán Abogados y Asociados, bufete especializado en la Ley 1116.

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En el documento expedido por el organismo, mejor conocido como auto, hay reclamaciones por deudas a un hotel de Cúcuta (Ibis) por el servicio de alojamiento, al Instituto Municipal para la Recreación y el Deporte de la ciudad, a empleados y a jugadores como Carlos Mosquera Perea (estuvo en 2019), Robert Carvajal (2018-2019) y Wilson Carpintero (2010), el último en entablar la denuncia. Aunque el club respondió aludiendo que ya había cancelado algunos compromisos, nunca remitió los comprobantes que acreditaran la normalización de lo pactado, por lo que la Superintendencia negó las solicitudes de aclaración.

“La gente me preguntaba por qué seguía jugando si no me pagaban. Y la respuesta es simple: tenía que mostrarme para que otro equipo se interesara más adelante. Y por fortuna eso se logró, no solo conmigo, sino con varios compañeros. A los pocos que se quedaron, porque salió mucha gente, solo resta mandarles ánimo y que sigan remando contra la corriente. También me duele por la hinchada, que ha sido incondicional, que tuvo que soportar que se le llevaran al equipo a Zipaquirá en 2017 y que ahora no sabe lo que pasará”, concluyó otro exjugador del conjunto motilón haciendo alusión a la pelea de Cadena con César Rojas y William Villamizar, por ese entonces alcalde de la ciudad y gobernador de Norte de Santander, respectivamente. Por ahora, mientras Cadena sigue tocando puertas para armar su equipo para el primer semestre (Jairo Patiño asumió como entrenador) habrá que esperar a lo que suceda en la audiencia en la Supersociedades para tener un panorama más amplio de una disputa entre una parte que dice que está cumpliendo y otra que reitera que no.

*El Espectador intentó contactar a José Augusto Cadena para conocer su versión, pero no obtuvo respuesta.

@CamiloGAmaya

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