El infierno que solucionó Reinaldo Rueda en la selección de Chile

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Este es el principal legado del entrenador vallecaucano, que se despidió de la selección austral con el respaldo absoluto de todo el plantel. Llegó a un vestuario roto empañado por los fantasmas del alcohol, los egos y las enemistades de algunos.

Cuando lo anunciaron en enero de 2018 como nuevo seleccionador de Chile, Arturo Vidal, elocuente como él solo, también un tipo que no mide sus palabras, dijo que no sabía quién era Reinaldo Rueda. No había escuchado mucho de él. Pero al final de un proceso, más allá de lo que dicen los números o el periodismo, la radiografía más pura la hacen los futbolistas. Y la despedida del principal referente de La Roja desmenuza entre líneas el principal legado del colombiano: restaurar un plantel roto tras la no clasificación a Rusia 2018. Un vestuario rodeado de tinieblas: egos, enemistades y fantasmas con el alcohol.

Con el bicampeonato de la Copa América, Arturo Vidal se autoproclamó como el líder de la selección más importante del planeta. “Chile es la mejor del mundo. Es la que mejor juega. No importa el rival”, apuntó en unas palabras que le fueron echadas en cara unos cuantos meses más tarde.

La Roja tenía su tiquete al Mundial de Rusia prácticamente asegurado. Pero al mando de Juan Antonio Pizzi perdió tres de sus últimos cuatro partidos y se quedó por fuera por apenas dos goles de diferencia con respecto a Perú.

Y rememoraron el pasado, cuando, por escritorio, ganaron tres puntos alegando alineación indebida de Bolivia. Una determinación que le dio, en su defecto, también unidades a Perú en su enfrentamiento ante los bolivianos. Si los chilenos no hubieran solicitado esos puntos, no se habrían ausentado de Rusia 2018. Luego denunciaron ante la FIFA un supuesto arreglo en el partido que terminó 1-1 entre Colombia y los incas. Un ambiente rodeado de suciedad.

Y el detonante llegó con las venenosas declaraciones en redes sociales de Carla Pardo, esposa de Claudio Bravo, uno de los máximos referentes de Chile, quien se dejó llevar por el éxtasis del momento.

“Yo sé que la mayoría se pelaron el culo, mientras otros se iban de fiestas e incluso no entrenaban de la borrachera que llevaban. A quién le quepa el sombrero que se lo ponga y que se deje de andar llorando. Porque ahora es un país entero el que llora”, colgó en su cuenta de Instagram haciendo alusión, más que todo, a Arturo Vidal, quien pasó la noche en un calabozo en la Copa América de 2015 tras sufrir un accidente mientras conducía bajo los efectos del alcohol.

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Boom: el camerino quedó roto. Unas horas después, el exportero del Barcelona ya no estaba ni siquiera en el grupo de Whatsapp de la selección. El principio de su ostracismo.

“Eso es más para la farándula, no voy a opinar. Las cosas se hablan acá dentro, no es momento de ventilar cosas, no voy a ir más allá. Esas cosas se hablan en la interna. El que está acá sabe la responsabilidad. Somos gente grande y cada uno se hace responsable de las cosas”, se defendió Claudio Bravo. “Yo nunca he visto a un compañero borracho ni entrenar borracho. Yo no lo he visto. Todos los que han estado en la selección lo han hecho de buena forma y se han roto el culo”, complementó Gary Medel.

La principal bondad que debía tener el próximo seleccionador de Chile debía ser, más que todo, la capacidad de unir y restaurar. Contra todo pronóstico, un extranjero, desconocido para varios, fue el elegido. Desde el primer día fue contra la corriente y fue perseguido por la prensa local. “Desde antes de llegar acá y más cuando tuve el contacto con el grupo, supe que había algo. Nadie dentro de la selección lo generó y es lo más triste, nadie dentro del vestuario, pero cuando hay un disparo en redes sociales, ese no tiene reversa”, reconoció Rueda haciendo referencia a las palabras de la mujer de Bravo que hicieron un daño irreparable en el equipo.

Pero el día más turbulento fue el 15 de noviembre de 2019. Cuando decidió romper con el protocolo en una rueda de prensa. Se paró a mirar las preguntas anotadas de los periodistas: “Ustedes miran mi trabajo, yo miraré el de ustedes”. Los roces con el periodismo llegaron a su máxima expresión.

Minutos más tarde, con los ánimos más tranquilos, en un hecho poco habitual, Rueda respaldó sus explicaciones con fotos, videos y documentos. Incluso mostró un video en el que el entrenador argentino Marcelo Bielsa critica el papel de los medios de comunicación en el fútbol y su influencia en la gente.

“Vos llegás a un lugar con treinta miradas críticas, no comprensivas. Pero cuando llegás a una selección ya no son treinta, son treinta millones de miradas. El problema es que el procedimiento educativo más grande de la sociedad ya no son las escuelas sino los medios de comunicación. Es una vergüenza que ellos tengan ese papel, porque tienen intereses específicos. Ejemplo: si Neymar recupera el balón, la pasa, hacemos gol, dicen: ‘Domesticó a Neymar y lo volvió colectivo’. Pero si perdemos dicen: ‘Este burro, en vez de ponerlo al lado del arco, lo pone a perseguir al marcador de punta’. Eso hacen los medios: pervertir a los seres humanos según las victorias y derrotas”, dice el Loco.

Y un mes antes de la Copa 2019 de Brasil, en el cuartel general de la selección, los muros del complejo Juan Pinto Durán amanecieron con grafitis en contra del vallecaucano. “Fuera Rueda”, “Colombiano mata ídolos”, en fin. Que no llamara a Bravo no cayó bien en la afición, pero según reportes del diario El Mercurio, los jugadores se le plantaron a Rueda y le dijeron que si Bravo hacía parte de la convocatoria, renunciaban.

El ecosistema nunca fue cómodo; de hecho, la Federación de Chile le puso el ultimátum: si tenía una mala presentación en la Copa América quedaba fuera. Acerca del discurso de unión que utilizó Rueda estas fueran las palabras de Arturo Vidal por esos días.

“Con la calidad que tiene como persona, como entrenador está sacando lo mejor de esta selección. Es difícil manejar un grupo como el de nosotros, más después de no clasificar a Rusia 2018, pero él lo hizo. Nos habla claro, mirándonos a los ojos, nos dijo que no éramos los bicampeones sino los eliminados del Mundial, que teníamos que sacar lo mejor de nosotros, y los resultados se están viendo”, señaló.

Sus roces contra la directiva de la ANFP, la inestabilidad de su cargo, que no respaldaron los números, fueron su carta de salida. Rueda tuvo un rendimiento del 43% con un saldo de nueve victorias, ocho empates y diez derrotas en 27 partidos, pero en el juego del equipo, en lo que pasaba dentro de la cancha, más allá del resultado final, Chile mostró una identidad de juego, tal vez un poco conservadora para lo que estaban acostumbrados en comparación con las raíces que instaló Marcelo Bielsa de atacar con varios hombres, pero que sí estuvo acorde a la de una selección como La Roja.

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Los resultados, de acuerdo a varios jugadores del plantel, iban a llegar tarde o temprano, pues la idea del equipo funcionaba dentro de la cancha. Hasta en los últimos días de Rueda a cargo de Chile, los futbolistas le pidieron que no se fuera. “Aguante un poco, profe”, “No se vaya, profe”, fueron algunos de los mensajes que recibió de acuerdo a AS Chile.

A nivel táctico, de tener una idea clara y reconocible, tal vez a contracorriente de lo que se dice en el imaginario colectivo de lo que es la identidad del fútbol colombiano de tenencia de pelota, Queiroz logró tener un equipo vertical, de transiciones rápidas, ofensivo, pero que tuvo en la solidez defensiva como su principal virtud: un equipo que no recibió muchos goles, contando como excepción sus últimos dos partidos, pues los análisis del juego se desvirtúan al no haber una buena comunión dentro del vestuario.

Queiroz era una buena persona, pero era un tipo particular. Estaba encerrado en sus cosas, no compartía mucho con los jugadores, ellos estaban acostumbrados a otra cosa, a un trato más paternal. El que más participaba era su asistente Oceano (da Cruz), de resto no había mucho más. La relación de uno de los miembros de su cuerpo técnico tampoco era tan buena”, le dijo a este diario una persona habitual en la comitiva de la selección que pidió reservar su nombre.

Y en una selección el manejo del vestuario y el buen rollo con los jugadores son igual de importantes al apartado táctico. Y en esa capacidad de liderazgo, Rueda es uno de los mejores, tal como lo demostró en Chile, una selección que asumió en cuidados intensivos y que dejó de pie para competir su tiquete a Catar 2022. Tan de pie que Claudio Bravo regresó al plantel.

Thomas Blanco- @thomblalin

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