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Pasaron cuatro meses y 18 días (11 partidos) para que Millonarios volviera a ganar en la liga colombiana. El equipo dirigido por Alberto Gamero, que ha tenido que convivir con la presión desde que llegó a Bogotá, por fin sumó de a tres puntos tras vencer 2-1 a Boyacá Chicó en el estadio El Campín de Bogotá.
Aunque el equipo todavía no es tan peligroso adelante como el DT lo quisiera, supo aprovechar la tenencia de la pelota frente a un rival que atacó poco y que no generó opciones claras en el arco de Jefferson Martínez, el portero que reemplazó a Wuilker Fariñez en la titular.
El cambio de Gamero, de dejar al venezolano en el banco para alinear desde el comienzo a al paraguayo Diego Godoy (por reglamentación solo tres extranjeros pueden estar en cancha), salió bien, o bueno, funcionó por pasajes, pues cuando el Godoy se juntó con David Silva la rotación del balón fue otra, el ritmo de juego también.
Pero esas chispas fueron esporádicas, escasas, como la del gol de Ayron del Valle tras un pase filtrado del paraguayo que lo puso de frente al arco de Pablo Mina. Y el delantero azul definió cruzado y rompió la mala racha, y lo que en un comienzo fueron silbidos desde la tribuna cambiaron por aplausos, no de conformidad por lo hecho, sí por la euforia de la victoria.
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Y si Millonarios no sufrió atrás, como en otras salidas, fue porque no lo atacaron y porque tuvo la tranquilidad de dedicar todas sus fuerzas a ir para adelante. Sin el rigor que se espera, o que siempre han mostrado los equipos de Gamero, el club bogotano dio el primer paso, el de ganar sin importar los pequeños detalles, los que se podrán corregir más adelante.
Ya en el final, a 10 de que se terminara todo, Cristian Arango sacó un remate con rosca para poner la pelota en el ángulo y marcar el segundo tanto de la victoria, el premio a un conjunto que entendió que había que ir para adelante sin importar cómo, sobre todo, por las ventajas que dio el club de Tunja.
Y para ponerle más suspenso a todo, Boyacá Chicó descontó en el 91' con un golazo de Nelino Tapia para apretar todo, para la zozobra en las gradas (único remate del visitante y terminó dentro).
Partido enredado, sin muchas acciones claras, pero que sirvió para sacarse el peso de tantas derrotas y volver a festejar en casa (no pasaba desde el 26 de septiembre de 2019). Ahora, Gamero y compañía tendrán que pensar en el juego de regreso de la Copa Sudamericana frente a Always Ready de Bolivia el próximo jueves en condición de visitante.
Después del torneo internacional habrá tiempo para las preocupaciones que siempre trae un clásico con Independiente Santa Fe (1 de marzo).