10 May 2020 - 2:00 a. m.

La lucha silenciosa del fútbol aficionado en tiempos de coronavirus

Mientras los 36 equipos profesionales de las categorías A y B evalúan alternativas para regresar a las actividades, más de 1.500 clubes juveniles y escuelas de formación de todo el país buscan la manera de sobrevivir a la pandemia. Sin opciones de implementar los protocolos que exige el Gobierno, volver a las canchas parece lejano para los y las jóvenes futbolistas, lo que ha obligado a técnicos y fundamentadores a reinventarse.

Luis Guillermo Ordóñez Olano - @Memordonez

Ante la imposibilidad de utilizar las canchas del complejo de La Morena, los futbolistas bogotanos se entrenan en sus casas durante la cuarentena. / Cortesía
Ante la imposibilidad de utilizar las canchas del complejo de La Morena, los futbolistas bogotanos se entrenan en sus casas durante la cuarentena. / Cortesía

Las canchas de fútbol del país están desocupadas y seguirán así durante al menos un par de meses. Aunque la Dimayor y los 36 equipos profesionales buscan alternativttas para retomar actividades, en el caso de los clubes aficionados y las escuelas de formación (más de 1.500 en 34 departamentos) esa posibilidad parece más lejana, por lo que la crisis económica en el sector tiende a agudizarse.

Y no es un problema exclusivo del balompié. Igual suerte corren actividades como el patinaje, el baloncesto, el ciclismo, el tenis y los deportes de combate, que son los que más practican en Colombia los niños y jóvenes entre 6 y 17 años de edad.

Parados desde mediados de marzo, cuando comenzó la cuarentena por la pandemia de COVID-19, entrenadores y trabajadores del deporte aficionado no han recibido ingresos ni ayudas estatales. Tampoco aparecen en la televisión o en titulares de prensa, ni suenan en la radio, pues no generan ni los millones ni el interés de los profesionales.

Viven generalmente de las mensualidades que desembolsan los deportistas que asisten a los entrenamientos y clases de fundamentación, quienes ante la inactividad no volvieron a pagar.

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Según Jorge Álvaro Peña, conocedor del fútbol aficionado en el país, “hay gente ‘ladrando’ del hambre. Técnicos, fisioterapistas, kinesiólogos, encargados de la canchas, árbitros, fabricantes de uniformes, periodistas, personas que reciben su sustento gracias al deporte. Hay muchos desordenados o que no han tenido suerte, que no ahorran y viven muy al día, pero ya hasta los más organizados están en problemas”, agrega.

Solo en la capital del país, por ejemplo, hay 233 clubes afiliados a la Liga de Fútbol, con cerca de 40 mil jugadores registrados, además de cinco colegios arbitrales. Se estima que existen unos 800 técnicos y varios cientos de asistentes y personal de apoyo en los 1.400 equipos que participan en los torneos de la entidad. A esos hay que sumar los clubes “piratas” que no cuentan con reconocimiento del Instituto Distrital para la Recreación y Deporte (IDRD).

El profesor Luis Eduardo Aranda, director del Club Deportivo Villa Mayor, afiliado desde hace 22 años a la Liga, completó dos meses inactivo y perdió a los 80 alumnos que tenía. Considera que el problema del deporte aficionado no se ha visibilizado durante esta crisis porque “no hay un diagnóstico claro, ni dolientes, ni voceros. Todos somos ruedas sueltas”.

Para completar, buena parte de los recursos presupuestados para este sector en 2020, se reasignaron al programa Bogotá Solidaria, pues ahora mismo la prioridad es ayudar a las comunidades más necesitadas para satisfacer sus necesidades básicas.

Aranda confía en la reactivación gradual de actividades y espera que el Distrito apoye a los clubes con la exoneración del pago de alquileres de canchas, aunque advierte que “vendrán otros problemas, como el miedo de los papás a mandar a sus hijos a los entrenamientos”.

Hace 20 días Conmebol giró un dinero a la Federación Colombiana de Fútbol para que ayudara a sus afiliados. Cada una de las 34 ligas del país recibió $60 millones, aunque con una destinación específica: sostenimiento de sus selecciones departamentales, gastos de administración y logística para el reinicio de las competencias.

“Por eso no hemos utilizado esos dineros, pues como entidad sin ánimo de lucro estamos sujetos a una revisoría y expuestos a sanciones si los usamos para otros fines ”, explicó Camilo Llinás, presidente de la Liga. Esa instrucción va en contra de lo que pidieron esta semana diez representantes a la Cámara en una carta dirigida a Mindeporte (Plan de apoyo COVID-19 para clubes deportivos aficionados de Colombia) en la que exigen que esos fondos queden en manos de entrenadores y trabajadores del fútbol.

Las regionales de Antioquia, Valle, Atlántico, Tolima, Santander y Cundinamarca, sin embargo, consiguieron dineros adicionales para donar mercados y repartir bonos solidarios.

La liga capitalina, que según Llinás ha realizado conferencias, capacitaciones y actividades para respaldar a sus afiliados, tiene unos ahorros cercanos a los $2.000 millones “reservados” desde hace varios años para la compra de los terrenos para su sede deportiva. “Lo que sí estamos es gestionando y preguntando a la DIAN para ver cómo podemos utilizar los excedentes de 2019 y ayudar a los clubes”.

Innovar, la clave

La cuarentena nacional obligó a todos los clubes aficionados y escuelas de formación a suspender sus actividades. El 90 % están parados y al borde de la quiebra. Algunos, sin embargo, asumieron el aislamiento como una oportunidad para innovar y reinventarse.

Los mejores ejemplos son Fortaleza y Caterpillar Motor, que así demuestran por qué son las escuelas de fútbol más grandes del país.

Incluso desde hace meses habían probado herramientas de entrenamiento virtual, que ahora son la clave de su éxito.

Daniel Ortiz, técnico de la categoría 2009 de Fortaleza, cuenta que están dando clases vía Zoom en los mismos horarios que tenían los niños, para no cambiarles sus rutinas ni afectar sus estudios. “Varios lo hacen todos los días, otros tres o cuatro veces por semana”.

Fortaleza tiene cerca de 1.200 estudiantes y unos 140 empleados en su nómina. “La metodología ha tenido muy buena aceptación de los padres, muy poquitos niños se salieron porque vieron poco divertido lo virtual”.

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En cada clase hay varias fases: calentamiento y luego énfasis técnico, físico y táctico, porque hay también trabajo de tablero y pizarra, además de desarrollo sicológico. Para ayudar a las familias que afrontan la crisis económica han acordado descuentos en las mensualidades.

“El tema virtual es complejo, pero no imposible, hay herramientas y se puede ser recursivo”, agrega Ortiz, quien destaca que el equipo profesional, que juega en la Primera B, utiliza una metodología similar.

Uno de sus pupilos es Miguel Ángel Sepúlveda, quien cursa sexto grado en el colegio Asosiervas y sueña con ser un gran defensa central. “No me ha costado tanto entrenar y estudiar, porque estoy acostumbrado, aunque al comienzo me mareaba mucho porque el aire no circula tanto en la casa. De todas maneras extraño estar con mis amigos, ir al parque y jugar los partidos. Ojalá este problema se acabe antes de agosto”, asegura ilusionado.

Jorge Chaparro, presidente del club Caterpillar Motor, le ha apostado con éxito a la innovación en tiempos de pandemia. “En febrero teníamos 1.900 niños entre 6 y 17 años. Ahora hay como 800, a los que les dimos descuentos y facilidades de pago. Hacíamos clases virtuales desde antes, pero ahora las intensificamos de acuerdo con las categorías. Los equipos que tenemos en torneos nacionales entrenan seis días, otros (de campeonatos de liga) cuatro y los chiquitines tres”, cuenta.

Chaparro y su equipo utilizan las plataformas Zoom y Coerver, en las que envían a sus estudiantes videos con trabajos específicos en espacios reducidos. Y ha tenido que “gambetear” la crisis financiera. De 160 colaboradores pasó a 100, porque no tenía funciones para utileros, kinesiólogos, fisioterapistas, mensajeros y algunos directores deportivos que tenía en sus 12 sedes.

“Ahora hemos implementado sesiones con sicólogos, nutricionistas y entrenadores deportivos. Hemos organizado conferencias para los niños y jóvenes de diferentes edades, pero también para los padres y las familias”. Han realizado videoconferencias con futbolistas profesionales, algunos de ellos exjugadores del club, que tiene 41 años de historia.

Chaparro sabe, sin embargo, que su realidad es bien diferente a la del 90 % de los clubes del país, que no tienen los recursos ni las herramientas para ofrecer entrenamientos por internet.

“A todos mis colegas y amigos les digo que no se desanimen, que pregunten, que entre todos nos podemos ayudar. Estamos dispuestos a compartir material, pero también hay cosas gratis. Hay que capacitarse sí o sí, pero no es complicado” agrega antes de anunciar que todo ese proceso requiere también una importante gestión de mercadeo. “Tenemos plan de referidos para descuentos y vamos a trabajar también en un programa de entrenamiento para padres de familia y adultos mayores. Los domingos hacemos Facebook Live, que tiene muy buena acogida y demuestra que la gente quiere seguir haciendo deporte”.

Lo que dicen los protagonistas.

Camilo Llinás (Presidente de la Liga de Bogotá): “La pandemia nos empobreció a todos. Será un año de muchas pérdidas. Hay que mantener la entidad viva e implementar los protocolos para volver a la actividad”.

Jorge Chaparro (Club Caterpillar Motor): “Además de los entrenamientos virtuales tenemos sesiones con sicólogos, nutricionistas  y entrenadores deportivos; conferencias para los padres y las familias en general”.

Gerson Ballesteros (Presidente Liga de Cundinamarca): “Esta situación nos obliga a rediseñarnos, a buscar nuevas alternativas y ser innovadores. El primer gran reto será volver a las actividades y superar los miedos de los padres, por ejemplo”.

Jorge Álvaro Peña (Periodista): “Hay gente ‘ladrando’ del hambre. Técnicos, fisioterapistas, kinesiólogos, encargados de la canchas, árbitros, fabricantes de uniformes, periodistas, etc.”

 

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