12 May 2018 - 3:00 a. m.

Néstor Óscar Craviotto, el DT que quiere llevar al Huila a su primer título

En su primera temporada con el equipo de Neiva, el argentino logró meterse en las finales. Su objetivo: mejorar los subcampeonatos de 2007 y 2009.

Camilo Amaya

Ese día, a él y a sus amigos les dio por cambiar el lugar para jugar fútbol, la esquina de todas las tardes, donde los papás sabían que estaban sus hijos, donde ya era una costumbre ver al grupo de niños detrás de la pelota, haciendo las veces de sus ídolos, gritando con el balón en los pies, y más fuerte sin este. Ese día, a Néstor Óscar Craviotto y sus amigos se les ocurrió jugar enfrente, detrás de una muralla de arbustos que no permitía ver qué estaba sucediendo al otro lado. Ese día, el barrio, la ciudad y el país (Argentina) entraron en pánico por el asesinato de José Ignacio Rucci, un sindicalista que representaba la voluntad de muchos, que pensaba igual que pocos, peronista. El papá de Néstor regresó afanado desde Buenos Aires, con el rumor de una posible revuelta, y cuando llegó a la casa no lo encontró, tampoco en la esquina de siempre.

“Volví a la casa, no vi a nadie, salí de nuevo y estaba él, en la esquina donde jugaba, en el auto, con mi mamá y mi hermana atrás. Quise hablar, pero me interrumpió. Me pidió que me pusiera al lado del auto y me obligó a trotar durante seis kilómetros”. Néstor quiso parar y gritarle al mundo esa injusticia, medida e invariable, pero se limitó a correr hasta la sede del club Estudiantes. Los ojos incisivos de su padre pudieron más.

Ese es el castigo que más recuerda el hoy entrenador del Huila, no como instante punzante en su memoria, sino como un suceso que le rememora el desasosiego que puede llegar a sentir un padre cuando se imagina una realidad inexistente. “Lo entendí mejor ahora, de grande, con mis dos hijas. Ya sé lo que sintió mi viejo en ese momento”. 

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Craviotto se formó en el club pincharrata. Al comienzo jugó poco, porque era muy pequeño, porque le faltaba la talla que les sobraba a otros compañeros. Confiando en el trabajo, más que en su talento (apenas tenía 11 años, pero ya era consciente de sí mismo y de sus metas), logró mantenerse y, como un premio inesperado, se estiró, fue más alto que otros niños y nadie lo pudo sacar de la titular. Hizo todo el proceso y en 1983, con 20 años, debutó en primera división en un partido contra Unión de San Vicente de Córdoba. Ese día, Carlos Salvador Bilardo puso muchos juveniles en cancha, pues el primer equipo estaba concentrado en la Copa Libertadores. Ese año lograron el título del Nacional y Craviotto entendió, como todo el que pasaba por la escuela de Estudiantes, que potenciando el trabajo se redescubría el fútbol, que repitiendo y repitiendo más veces se llegaba a la victoria. Que la lealtad con los suyos era innegociable.

“Tengo que decirlo: ese año apenas jugué cinco partidos, pero salí campeón”. En el 84 ya fue titular indiscutible y, de manera inexplicable, un año después fue relegado al banco por decisión de Humberto El Flaco Zucarelli. Ahí dejó de multiplicar el hacer, su hacer. Sin embargo, su capacidad de desbocarse al ataque, de ser un lateral organizado en la defensa, de correr más que los demás, se mantuvo y el mismo Bilardo, fiel a su gente, lo llevó a la selección de Argentina. Debutó en 1989, no fue convocado para el Mundial de Italia 90 y volvió para celebrar los títulos de las Copas América de 1991 y 1993 (último logro de una selección de mayores de Argentina).

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Compartió con Diego Armando Maradona, Diego Simeone y Gabriel Batistuta, también con Sergio Goycochea y Ricardo Altamirano, su compañero de habitación siempre que era llamado a la selección. Se retiró en 1999 con una operación de pubalgia, otra de los meniscos cruzados y una de los ligamentos cruzados de su pierna izquierda como historial de lesiones. Su voz de mando en la cancha, su capacidad de ir hacia adelante, su manera de complicar al rival, lo hicieron destacarse aun cuando ya no corría como antes. “Me di cuenta de que podía seguir aportando fuera de la cancha y comencé mi carrera de entrenador”.

San Martín de San Juan, el mismo Estudiantes de La Plata (duró dos años y ocho meses como DT), Unión de Santa Fe, Chacarita, Emelec de Ecuador, Santiago Wanderers de Chile, The Strongest de Bolivia y Deportivo Pereira, entre otros, son los clubes que ha dirigido antes de llegar al Atlético Huila, antes de hacerle creer a sus jugadores de hoy que el fútbol es como la vida, y que en la vida hay que luchar todos los días. Y que para llegar a finales hay que caminar por donde nadie quiere hacerlo. Puro pensamiento de Osvaldo Juan Zubeldía, también de Bilardo, pura filosofía “pincha”.

“No permito que un jugador mío no tenga actitud en la cancha, que no entienda que esto del fútbol es corto, que no somo abogados ni arquitectos que podemos trabajar hasta los 80 años en nuestras profesiones. Que el momento es hoy y ahora”. Y ese trabajo físico de Craviotto, y también el mental, tienen al conjunto huilense soñando con una estrella, la que fue esquiva en dos finales (2007-I y 2009-II), evitando todo vedetismo y pensando en unidad, pues así le enseñaron a él y así procura seguir enseñando durante mucho tiempo más.

@CamiloGAmaya

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