Hugo Rodallega está viviendo uno de los momentos más brillantes —y quizá más conmovedores— de su carrera. Lo que ocurrió el pasado jueves por la noche, frente a un Campín teñido de azul, fue mucho más que una victoria deportiva: fue una reivindicación personal, una declaración de orgullo colectivo y un rugido profundo de ese león santafereño. El equipo albirrojo venció 2-1 a Millonarios, el favorito, y selló un pase a la final que pocos creían posible.
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Contra todo pronóstico, los dirigidos por el uruguayo Jorge Bava lograron imponerse en uno de los clásicos más frenéticos de los últimos años. El martes disputarán el primer partido de la final contra Independiente Medellín en Bogotá, y la vuelta se jugará el domingo 29 de junio en el Atanasio Girardot. Pero lo que dejó la noche del clásico ya ocupa un lugar en la memoria de los hinchas.
Un león inspirado
Desde el arranque, Santa Fe mostró los dientes. No había pasado ni un suspiro de partido cuando Daniel Torres recuperó una pelota cerca del área rival, se la entregó a Hárold Santiago Mosquera y este centró para que Rodallega, solo, sin marca, simplemente empujara el balón a la red. El VAR revisó, el estadio contuvo el aliento... y el gol fue convalidado. ¡Gol!, la tribuna sur estalló. El rugido fue profundo, visceral. Mientras la mayoría del estadio se cubría la cara en incredulidad, la hinchada cardenal se abrazaba a su ídolo, a su veterano de guerra.
Con ese tanto, Rodallega celebró su gol número 15 del campeonato, alcanzando el liderato absoluto de la tabla de goleadores. Detrás de él quedaron Dayro Moreno (11), de Once Caldas, y Gonzalo Lencina (10), de Tolima. No es un dato menor: a sus 39 años sigue marcando diferencia en el fútbol profesional colombiano. Y como si eso fuera poco, minutos después puso la cereza en el pastel con una asistencia de crack.
Corría el minuto nueve. Ewil Murillo le robó el balón en mitad de cancha a Stiven Vega y se la dio a Rodallega. Hugo controló, aguantó la presión, levantó la cabeza y metió un pase quirúrgico entre los centrales. Murillo, que había seguido la jugada, definió con temple ante Álvaro Montero. Segundo gol. En menos de 10 minutos, Santa Fe ya ganaba 2-0 en el clásico capitalino. Una pesadilla para los azules, un sueño para los rojos.
Millonarios intentó reaccionar con Falcao a la cabeza, pero no logró concretar. Antes del descanso tuvo una clara que no pudo definir, y en el segundo tiempo Kevin Palacios inquietó por la banda, aunque Andrés Mosquera Marmolejo salvó en un mano a mano clave. Santa Fe resistió con orden, con corazón y con músculo. Emanuel Olivera fue un muro en defensa.
Rodallega bajó a colaborar en marca, ganó rebotes, protegió balones como si fuera el último partido de su vida. Al minuto 89, con el alma en los guayos, se fue sustituido. Y lo que ocurrió entonces fue el acto más simbólico de la noche: la tribuna que lo había silbado meses atrás lo ovacionó sin reservas. “¡Hugol, Hugol!”, coreaban miles. No solo reconocían al goleador, sino que reconocían al líder, al hombre, al que dio la cara cuando muchos dieron la espalda.
Las palabras que dijo después fueron tan intensas como su actuación: “Nadie daba un peso por nosotros. Hicimos silencio, nos cubrimos y lo demostramos aquí. El fútbol premia al que hace mejor las cosas. Les toca hacer silencio, les va a tocar ahora hacerle fuerza al Medellín”, soltó, sin filtros, aún con la adrenalina del partido encima.
Luego, en zona mixta, fue más profundo y dolido: “Mucha gente nos ha tirado mucha mierda, no respetan el trabajo, la unión, el esfuerzo, el equipo. Nadie nos ha tenido confianza. Colegas de ustedes han sido muy duros con Santa Fe y ni siquiera son hinchas de Millonarios. Son hinchas de otros equipos que no están en la final y decían que Santa Fe no tenía posibilidad de ganarle a Millonarios.”
Resultados de la constancia
Lo de Rodallega va más allá de una buena temporada. Es la historia de un líder que ha cargado con el peso de la camiseta, de los resultados irregulares, del escepticismo, y aun así ha respondido con goles, asistencias y carácter. En lo que va de la Liga suma 15 goles y dos asistencias en 24 partidos. Ha jugado 2.114 minutos, ha marcado en partidos claves y ha sido la constante en un equipo que ha tenido que reinventarse jornada tras jornada.
Marcó ante Nacional, convirtió cuatro goles ante Envigado, salvó puntos ante Pasto y definió partidos contra Once Caldas. En los cuadrangulares abrió el camino en el Palogrande, empató en el Atanasio, volvió a marcar en El Campín frente a Once Caldas y selló la clasificación frente a Millonarios con otra noche brillante. No es coincidencia, es constancia.
Desde su regreso al país, en 2023, Hugo Rodallega ha disputado 116 partidos con Santa Fe —los mismos que jugó en el Wigan de Inglaterra—, pero en Bogotá ha vivido su mejor versión: 49 goles, 11 asistencias y 9.222 minutos jugados. Su paso por Europa dejó huella, pero es en casa donde ha encontrado sentido. Como si todo lo anterior hubiese sido preparación para este presente.
A sus casi 40 años no solo sigue vigente: está en plenitud. Ha entendido el juego desde lo físico, lo táctico y lo emocional. Ha sido ejemplo dentro y fuera del campo, mentor para los más jóvenes y faro para una hinchada que no se rinde. Y mientras haya partidos por jugar, su legado seguirá creciendo, como el rugido del león que nunca se apaga.
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