El llanto de Gareca por no ir a un Mundial

Estuvo cerca de jugar con Argentina en México 86, sin embargo, Bilardo no lo convocó. Ahora, irá por primera vez como DT de Perú.

Ricardo Gareca, técnico de la selección peruana de fútbol. / EFE

En 16 años de carrera futbolística, Ricardo Gareca nunca logró consolidarse con la selección de Argentina. A pesar de ser goleador de Boca Juniors, América de Cali y Vélez Sarsfield, sus celebraciones no se pudieron repetir vistiendo la camiseta de su país. Su gran paradoja: no poder brillar con el equipo con el que quería hacerlo. El primero en convocarlo al conjunto nacional fue César Luis Menotti en 1980. Lo hizo para un amistoso antes del Mundial de España de 1982, sin embargo, le fue tan mal en la cancha, que no duró más de 50 minutos. Fue sustituido, siendo chiflado por gran parte de la hinchada.

En total jugó 20 partidos con la albiceleste y su tarde más gloriosa fue antes del Mundial de México 86, cuando un gol suyo ante Perú le dio la clasificación al equipo dirigido por Carlos Salvador Bilardo a la Copa del Mundo que terminaría ganando después. El Monumental de River estaba repleto de gente y Argentina caía 2-1. Gareca entró en los últimos minutos y cuando todo parecía quedar en un escueto empate, celebró uno de sus tantos más memorables. Pensó que esa noche de inspiración era suficiente para ganarse una convocatoria al Mundial, pero no fue así. Aspiró y no llegó.

A pocos días de que Bilardo entregara la lista definitiva, Ricardo se encontraba concentrado con el América de Cali en un hotel de Santiago de Chile, antes de un partido de Copa Libertadores. Los medios colombianos anunciaban que la entonces figura del fútbol local iría al Mundial y eso lo había llenado de ilusión. En un momento entró al comedor del hotel y todos sus compañeros de equipo quedaron en silencio. Lo miraron, pero no se atrevieron a decir nada. Tenía ansiedad por conocer la noticia. “Salió la nómina. ¿Estoy?”, preguntó. La respuesta fue no, y entonces, sin comer nada, impávido, subió a su cuarto y, simplemente, lloró, y mucho. Se lamentó y le dio rabia, pero no había nada que pudiera hacer.

En 1994, con la camiseta de Independiente de Avellaneda, se retiró del fútbol y comenzó a prepararse para ser entrenador. Once años más tarde dirigió por primera vez una selección nacional, al asumir el cargo de director técnico de Perú, selección que dirigirá en Rusia luego de 36 años sin que el equipo inca estuviera en la cita más importante del fútbol mundial (España 1982). (Así clasificó Perú a Rusia 2018)

La huella de Gareca

Su éxito con Perú radica en haber construido un equipo a base de hombres y no de nombres. A diferencia de lo que pasó con otros entrenadores de la selección inca, como Sergio Markarian, Chemo del Solar, Paulo Autori o Francisco Maturana, que se apoyaron en figuras para poder construir un equipo, esta vez Ricardo Gareca, luego de haberse equivocado, entendió que tenía que hacer un seleccionado solidario, comprometido, y para eso debía imponer unas condiciones de disciplina.

En un principio Gareca consideró a jugadores como Claudio Pizarro, Juan Vargas, Carlos Zambrano y Jefferson Farfán, futbolistas de peso, pero conocidos por su falta de compromiso y por irrespetar reglas y anteponer lo individual sobre lo colectivo. Eso afectó el proceso de eliminatoria. Estas figuras llegaban a Lima para los juegos hacia Rusia y en lugar de concentrarse preferían distraerse en fiestas o eventos de contextos extrafutbolísticos.

Luego de la Copa América Centenario, Gareca tuvo que ser firme con la disciplina, se volvió radical y a partir de ahí comenzaron a darse los resultados. La selección peruana encontró un rumbo. Ya no imperaba lo individual sobre lo colectivo.

El argentino puso las condiciones y obtuvo el apoyo. Les dijo no a esos cinco líderes, pero aparecieron otros nombres como Flores, Hurtado, Carrillo, Cueva, Ramos y Gallese. Paolo Guerrero fue su gran líder y fundamental para que Farfán pudiera volver a ser tenido en cuenta, eso sí, aceptando las nuevas reglas. Perú cuanta los días para que la espera termine, para poder volver a cantar su himno en un Mundial.