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20 May 2022 - 12:58 p. m.

Catar sigue a la defensiva en Derechos Humanos a seis meses del Mundial

A seis meses del Mundial de fútbol en Catar, siguen las dudas sobre el respeto de los Derechos Humanos de los trabajadores y migrantes.

Raphaëlle Peltier - Agencia AFP

La ONG Amnistía Internacional solicitó el jueves a la FIFA que destine una compensación de al menos 440 millones de dólares a los trabajadores migrantes “maltratados” en las obras relacionadas con el Mundial-2022.
La ONG Amnistía Internacional solicitó el jueves a la FIFA que destine una compensación de al menos 440 millones de dólares a los trabajadores migrantes “maltratados” en las obras relacionadas con el Mundial-2022.
Foto: NOUSHAD THEKKAYIL

A seis meses del Mundial de fútbol en Catar (21 noviembre-18 diciembre), los ocho estadios están listos pero persisten las dudas sobre los Derechos Humanos en el emirato, una de las cuestiones que ha centrado el interés desde la atribución del torneo a este pequeño emirato en 2010.

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Para los críticos, los progresos realizados en la última década son limitados y es preciso realizar antes de la competición una mayor presión sobre el país y sobre la FIFA, la organización dirigente del fútbol mundial.

La ONG Amnistía Internacional solicitó el jueves a la FIFA que destine una compensación de al menos 440 millones de dólares a los trabajadores migrantes “maltratados” en las obras relacionadas con el Mundial-2022.

En Europa, asociaciones de hinchas y federaciones nacionales, lideradas por Noruega, han trasladado su preocupación sobre la seguridad de las personas LGTBQ en un país en la que la homosexualidad está penalizada.

En un estudio para el International Journal of Sport Policy and Politics en 2016, Paul Michael Brannagan y Joel Rockwood identificaban varios puntos problemáticos para los hinchas: las acusaciones de corrupción en torneo a la concesión de la sede del evento, el clima (antes de que el Mundial fuera traslado a una época del año con temperaturas menos elevadas) y también los derechos de mujeres, homosexuales y trabajadores migrantes.

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Seis años después, el país parece no haber respondido plenamente a los avances solicitados, pese a los esfuerzos y avances realizados.

Max Tunon: “El Mundial ha acelerado las cosas”

El emirato, cuyos gastos en infraestructuras para el Mundial están estimados en 300.000 millones de dólares, aligeró desde 2016 la “kafala”, el sistema de padrinazgo que convertía a los asalariados en casi propiedad de su empleador, e introdujo en 2020 un salario mínimo.

“Estas reformas eran inevitables y el Mundial ha acelerado las cosas”, señala Max Tunon, responsable de la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Doha. “Otros países de esta zona del mundo emprenden también reformas, pero pocos en el mundo las llevan al mismo ritmo que aquí”, destaca.

Tunon cree que estos esfuerzos continuarán después del Mundial gracias a los acuerdos cerrados entre el gobierno de Catar y la OIT, los sindicatos internacionales y terceros países.

Los derechos de las mujeres y de la comunidad LGTBQ son más sensibles en esta sociedad musulmana conservadora.

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Hay tres mujeres que son ministras (de Sanidad, de Familia y de Educación) y dos terceras partes de los diplomas universitarios son para mujeres, pero “los cambios más grandes se dieron hace veinte años y no en los últimos diez años”, lamenta Rothna Begum, de la ONG Human Rights Watch.

Denuncia entre otros temas la tutela de las mujeres, que necesitan el visto bueno de un representante masculino para casarse, estudiar en el extranjero o ejercer ciertas profesiones.

“Cambio adaptativo”

Los cambios producidos recientemente, como la posibilidad de pasar el examen para conducir sin autorización (desde enero de 2020) “se deben en gran medida a mujeres que han hecho valer sus propios derechos”, especialmente en las redes sociales, añade Begum.

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Regularmente preguntado sobre los riesgos que tendrán los hinchas homosexuales, el Comité de Organización del Mundial promete un evento “abierto a todos”.

Los entre 1,2 y 1,4 millones de visitantes que se esperan para el evento estarán autorizados a lucir, si lo desean, banderas arcoíris (símbolo de la comunidad LGTBQ+), según autorizó la FIFA. Mientras, los organizadores piden respeto para la cultura local y prudencia.

¿Podrán servir gestos y símbolos durante el Mundial para cambiar las mentalidades?

“Puede ir en las dos direcciones, en una mayor aceptación o en reacciones muy duras, según cómo se desarrolle”, estima Merissa Khurma, directora del programa de Oriente Medio del ‘think tank’ estadounidense Wilson Center.

“Un gran evento no va a desencadenar un mar de cambios pero el hecho de que la discusión tenga lugar es importante”, apunta.

Merissa Khurma anticipa más bien “un cambio adaptativo” en este país de 2,8 millones de habitantes, del que apenas un 10% son cataríes.

“Con las cuestiones LGTBQ es un poco más sensible porque hay componentes socioculturales y religiosos”, dice Khurma. Pero teniendo en cuenta el gran número de expatriados y la educación de jóvenes cataríes en universidades extranjeras, “es una cuestión de tiempo que las actitudes cambien”.

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