
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Jaminton Leandro Campaz es uno de los jugadores de moda en el fútbol colombiano. Tiene 20 años, mide 1,68 metros y pesa 67 kilos. Es rápido y habilidoso, pero su mayor virtud es la buena pegada de media y larga distancia.
Especialmente en este semestre varios clubes internacionales han mostrado interés en él, entre ellos el Cotinthians de Brasil y el Boca Juniors de Argentina. La semana pasada se dijo incluso que el Tolima lo pararía de inmediato ante un posible traspaso al exterior.
El tumaqueño, que lleva el fútbol en la sangre y ha vivido como suya la carrera de Mike, su hermano mayor, sabe que su trabajo es jugar y dejar que lo demás lo arreglen los directivos.
Por eso, en la medida de lo posible, trata de enfocarse en sus compromisos con el equipo que dirige Hernán Torres, flamante líder de la Liga Betplay y uno de los candidatos a llegar lejos en la Copa Sudamericana.
Hoy (7:30 p.m.) recibe a Unión La Calera de Chile, en el partido de vuelta de los dieciseisavos de final del torneo continental. En la ida empataron 0-0, la semana pasada.
Lea también: Alfredo Arias, el pizzero del fútbol uruguayo
“En el grupo estamos muy ilusionados. Creemos que es hora de que Tolima pelee un título internacional”, asegura el nariñense, quien juega como volante creativo, extremo o delantero, y quien antes de llegar al conjunto pijao estuvo en Deportivo Pasto y América. En el club de su tierra no debutó porque estaba todavía muy pequeño y en el rojo caleño no llamó la atención de los entrenadores del primer equipo.
Llegó a la capital de Tolima porque allá estaba su hermano Mike. Y comenzó a jugar con el club River Soccer, del exarquero Mauricio Rivera. De hecho, fue él quien se lo recomendó a Dúmar Rueda, cazatalentos del equipo vinotinto y oro.
La vinculación definitiva se dio en 2017, con el visto bueno del entonces gerente deportivo, Ricardo Pitirri Salazar. Ese mismo año debutó como profesional. El 1° de abril, con 16 años, marcó en la victoria 3-0 sobre Tigres.
Después estuvo en la selección de Colombia sub-17, con la que jugó el Suramericano en Chile y el Mundial de la categoría en India, torneo en el que la tricolor perdió contra Alemania en octavos de final (4-0).
Luego jugó el Campeonato nacional sub-20 con Tolima. “Les aprendí mucho a los profes Víctor Hugo del Río y Dúmar Rueda. Ambos me dedicaron tiempo para que fuera mejorando. Con ellos entendí cuándo había que jugar fácil y en qué momento hacer la mía”.
Y en 2019 se consolidó. Con Alberto Gamero como entrenador Jaminton jugó 1.483 minutos en 30 partidos. Y siempre que ingresó a la cancha marcó diferencia y desequilibrio. Aprendió a jugar en equipo y a aprovechar su pegada, bien fuera para hacer un cambio de frente o un pase de 30 o 40 metros, o para rematar al arco. “Con el profe Gamero jugaba más suelto, más libre en el frente de ataque. Marcaba muy poco, aunque me pedía que al menos llegara a completar la línea de tres en la mitad. Jugaba de izquierda hacia dentro para buscar perfil de remate o transportar el balón y asociarme”, recuerda.
Este año, con Hernán Torres, asumió un rol más protagónico. “Me exige que aparezca, que pida el balón, que juegue a uno o dos toques, pero que cerca del área trate de desequilibrar en el mano a mano. También me pide más orden cuando no tenemos la pelota, que colabore y me sacrifique. Después que haga transiciones rápidas y verticales”.
Con respecto al buen momento que vive e incluso a las voces que lo piden como alternativa para la selección, asegura que “claro que quiero estar, pero soy muy joven y debo aprender mucho todavía. Seguiré trabajando para que cuando llegue la oportunidad, la pueda aprovechar”.
Lea también: Maradona, hospitalizado
Mientras llega ese chance, seguirá celebrando golazos y buenas actuaciones con Tolima, que al parecer ha pedido US$10 millones por él. “Ahora mismo sabemos que no hemos ganado nada, pero tenemos mucha ilusión y ganas. La para por el coronavirus nos afectó a todos, pero ya retomamos el ritmo y el nivel. El equipo está muy fuerte anímicamente, se ve sólido y tiene clara la idea de juego para la parte definitiva de la temporada. En todo lado propone y los rivales lo respetan”.
Aunque sueña con llegar a Europa y triunfar en los mejores clubes del Viejo Continente, Jaminton no olvida sus raíces y menos la razón por la que juega al fútbol desde que tiene memoria, su madre Betzabet, quien era portera del equipo de Tumaco y fue la que le enseñó a pegarle a la pelota a pie descalzó y después lo metió en el equipo de la vereda Chintal, con el que enfrentaban, y por lo general vencían, a La Candelilla La Mar, San Lorenzo e Imbili. “Mi alegría es jugar al fútbol y es algo que no quiero perder. Soñando, claro, y con metas altas, pero sin olvidar que este es un juego y significa ante todo diversión”.