Hernán Torres: El papá mandón de Millonarios

Dicen que el administrador del Almacén Deportivo El Golero, en Ibagué, no fiaba ningún artículo: ni guantes, ni balones, ni guayos. Nada. Por eso a Hernán Torres Oliveros, dueño y vendedor del negocio, le hacían fama de malgeniado e inflexible.

Hernán Torres. / Óscar Pérez
Hernán Torres. / Óscar Pérez

De hecho, en sus épocas de arquero del Deportes Tolima, Millonarios, Quindío y Once Caldas, no le reviraban mucho. Primero, por su aspecto de boxeador. Segundo, porque no aceptaba razón sin argumentos válidos.

La última virtud, la de justo e incorruptible, lo llevó a ser el entrenador de arqueros de Deportes Tolima en 2000 y allí empezó su carrera como técnico. Y en esa función, dicen también, no fía, no concede ni méritos. “Es muy temperamental. Y eso obliga a que le trabajes con esfuerzo. Así estará contigo, dándote confianza”, dice Lewis Ochoa, su actual lateral derecho en Millonarios y responsable junto con Hernán Torres de la estrella 14 del club albiazul.

Anoche lo abrazaron, pero en el camino hacia el título padecieron sus regaños y verdades sinceras. El arquero Luis Delgado recibió la semana pasada el premio al Juego Limpio del Deportista del Año de El Espectador. Pero, en su lugar, el trofeo lo recibió el presidente Felipe Gaitán. El motivo: Hernán Torres no le permitió asistir a la ceremonia a pesar de las súplicas. “Entiéndanme, estamos en concentración, no lo puedo dejar ir. Concentración es concentración”, dijo.

Son sagradas e impenetrables porque, por ejemplo, prohíbe las visitas y restringe la comunicación a sus jugadores. “Ese señor es muy bravo. Si están comiendo no pueden hablar”, le confesó a este diario una mamá de un integrante del grupo. “Mi temperamento no es fuerte; yo sólo exijo y por eso me han hecho fama de malgeniado”, ha dicho.

Los trancones de Bogotá lo impacientaron, también el frío, pero asumió con vehemencia la dirección técnica de Millonarios. El 9 de julio pasado, el día de su presentación, apareció en la sala de prensa del estadio El Campín 10 minutos antes de las 3:00 de la tarde y tomó el micrófono a las 2:59 porque había que empezar con el pie derecho, dijo. También dijo: “¿Qué técnico no quiere ser campeón? Yo quiero serlo este semestre con Millonarios. A eso vengo”. La misma declaración salió de las bocas de 30 técnicos en 24 años. Pero este tolimense de 51 años tiene más berraquera que todos esos juntos. Fue fiel a sus principios y experiencia: sostuvo a Járol Martínez como lateral izquierdo y a Wilberto Cosme como delantero, y apostó por Hárrison Otálvaro como volante y socio ideal de Máyer Candelo.

“¿Por qué deja los cambios para los últimos 20 minutos?”, le increpó un dirigente del club un día después de perder contra Palmeiras en el partido de ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana. “Porque soy de los que creo en segundas oportunidades. Les doy tiempo a mis jugadores de que intenten”, le respondió y no dejó abierta la posibilidad de injerencia en su equipo. “Es radical...”, le confesaría luego ese dirigente a este diario. En ese orden de ideas, Hernán Torres fue el jefe de los arquitectos de este semestre: semifinalista de la Copa Sudamericana, campeón de la Liga Postobón.

Era cierto: tiene más carácter que 30 que dirigieron en 24 años sin poder levantar un trofeo de liga. Por eso anoche, luego de ganar el título en El Campín tras superar por penaltis al Medellín, se creyó merecedor de coger una vez más el micrófono: “Vamos a celebrar con calma”. Como la orden de un papá mandón. Y su palabra en Millonarios es palabra de Dios. Ningún hincha puede decir lo contrario.