“Tenemos que salir de esta mierda”: Messi

El capitán de Argentina hace autocrítica colectiva tras el vapuleo sufrido por su selección ante la Brasil de Neymar

Messi, desolado al término del Brasil-Argentina. Foto: AFP

La actuación de Messi con la selección argentina tras la derrota en la final de la Copa América tuvo un efecto positivo: ya casi nadie se anima a decir que es un pecho frío. Al fin los argentinos han asumido que el problema no es su estrella, sino los que juegan con él, el entrenador, y sobre todo el fútbol argentino, que parece dispuesto a hundirse aún más cuando parecía que había tocado fondo. Messi, siempre comedido, que durante años evitó las declaraciones altisonantes, hasta convertirse en la antítesis de Maradona, con el que siempre le comparan sus compatriotas, estalló después de la humillante derrota con Brasil (3-0) que le complica su clasificación para el m¡Mundial: "Tocamos fondo, y lo peor es que no sabemos a qué jugamos. Tenemos que salir de esta mierda, a esta altura tenemos que ganar como sea", clamó. (Puede leer: Ahora a Argentina, Colombia obligada a sumar)

En un país donde el fútbol es religión, en el que cualquier argentino, incluso el más insospechado intelectual, es capaz de repetir la alineación de la selección y de su equipo y discutir con criterios técnicos cada cambio, cada estrategia, el día después no hay otro tema en la calle. Y por primera vez hay unanimidad: el problema no es Messi, es el equipo. “Messi solo no puede hacer nada, hay que cambiar a la mitad del equipo”, coinciden en las televisiones, en las radios, en las redes sociales. 

Nadie acaba de entender cómo es posible que teniendo al mejor jugador del mundo que está en uno de sus momentos más brillantes, como demuestra cada semana en el Barcelona, y un conjunto de estrellas internacionales, la clasificación está en riesgo. Muchos culpan al técnico, Edgardo Bauza, que fue una solución desesperada ante la dimisión de Gerardo Martino. Resurge con fuerza la idea de llamar a Jorge Sampaoli. Otros culpan al corazón de la selección, una generación de jugadores que consideran agotada. Otros a la propia crisis del fútbol argentino, que tiene una competición cada vez más devaluada, una AFA quebrada y en plena batalla interna por el poder, clubes con problemas económicos, una violencia incontrolada y un dominio absoluto de los ultras, las barras bravas, por lo que las estrellas se fugan en cuanto pueden. (Le puede interesar: Argentina no levanta cabeza: cayó 3-0 en el clásico ante Brasil)

Pero el propio Messi tiene otra explicación: "El problema es de la cabeza". “El equipo se cae al primer golpe y no puede reaccionar, no puede levantarse. Viene de muchos golpes y resultados negativos", insiste. Messi está desesperado porque sabe que su última oportunidad de consagrarse como campeón del mundo, el título que hizo leyenda a Maradona en 1986, es en Rusia 2018. Y ahora la clasificación está en riesgo. (Lea: “Hay que ir a Argentina a sumar”: Radamel Falcao García)

En la última final fue él quien falló el penalti decisivo frente a Chile, y pensó que el problema era suyo. Por eso anunció su salida. Las calles de Argentina, siempre tan críticas con Messi, se llenaron de carteles de “no te vayas lio”. Hasta los luminosos de las autopistas y del centro de Buenos Aires tenían ese texto. El mejor jugador del mundo decidió volver. Pero ahora ve que no tiene equipo, y reacciona a la desesperada, convencido de que el problema es sobre todo anímico. "El equipo se cae al primer golpe y no puede reaccionar, no puede levantarse. Viene de muchos golpes y resultados negativos". "Por eso, somos más que conscientes de que tenemos que cambiar muchas cosas, sobre todo en el juego. Es el peor momento de la selección en los últimos años”.

Messi parece realmente inquieto, teme que Argentina se quede fuera del mundial. Y sobre todo le asusta otro de los grandes problemas del momento, de los que se habla muy poco: la hinchada. Messi, que desde Barcelona sigue pendiente de todo lo que pasa en su país y vive en un ambiente totalmente argentino, ha sufrido con dureza las críticas de sus compatriotas. Mientras el planeta entero se rendía ante su genialidad y todos los equipos del mundo estaban dispuestos a pagar millones para que jugara con ellos, los únicos que lo tenían gratis, los argentinos, lo criticaban con dureza y le decían que nunca sería como Maradona. (Lea también: Brasil, más líder que nunca)

Eso pasó. Pero los hinchas ahora machacan a los compañeros de Messi. Y el astro teme un mal ambiente en San Juan, en el centro del país, donde se la juegan el martes con Colombia. Messi vio por la tele cómo en Córdoba criticaban a sus compañeros por la derrota ante Paraguay. Y como cree que el problema es sobre todo mental, pide apoyo para superarlo. "[En Córdoba] se notaba que los hinchas al mínimo error nos insultaban, nos puteaban. Y eso no ayuda. Hay que estar más unidos que nunca porque todos queremos estar en el Mundial. Nosotros más que nadie. Pero cuando entrás en esta dinámica negativa y el entorno no acompaña, se nota, se siente". Por primera vez, Messi parece dispuesto a liderar no solo en el campo, también fuera. Es su última oportunidad de pasar a la historia de los mundiales. (Lea: José Pékerman: "Tenemos que ganar confianza")