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Tiger Woods: los hoyos de su vida

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Entre mujeres, mentiras y actuaciones históricas ha transcurrido la existencia del golfista estadounidense que ha ganado 15 torneos de Grand Slam. El último, el año pasado en Augusta National.

Eldrick Tont Woods es la leyenda del deporte que se adueñó de la fama a más temprana edad. Con apenas dos años, salió en programas de televisión de Estados Unidos realizando movimientos perfectos con palos de golf. Su padre, Earl Woods, le pulió sus habilidades prácticamente desde su nacimiento. Y lo apodó Tiger como homenaje a un compañero de guerra en Vietnam que le salvó la vida.

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Luego de volver de entre los disparos, Earl se dedicó a la bebida. Cuando su esposa Kultida parió a Tiger, el 30 de diciembre de 1975, en Cypress (California), encontró un nuevo aire en su existencia. Dedicó cada instante a terminar de ensamblar su enorme talento para convertirlo en el mejor golfista de la historia. Para muchos, lo logró; según otros, nadie como Jack Nicklaus.

A los doce años, Tiger ya llevaba en su haber más de 10.000 horas de entrenamiento, producto de la obsesión de su papá con la perfección en los verdes campos, en los que el rugido del juego practicado entregó la gloria. En 1997, el joven maravilla del golf conquistó su primer Grand Slam, el más prestigioso, el que anhelan todos los jugadores: el Masters de Augusta. La chaqueta verde fue para Woods, tras haber levantado tres trofeos del Abierto de Estados Unidos para aficionados.

Tiger, con 21 años, ya estaba para competir con profesionales, arrebatarles los triunfos y, prácticamente, ni dejárselos oler. En 2009 conquistó el Campeonato de la PGA y en el 2000 se quedó con tres de los cuatro grandes torneos del golf: Abierto de Estados Unidos, Abierto Británico y Campeonato de la PGA. Augusta volvió a verlo vestido de verde, combinando con los impecables prados del club más famoso del mundo, en 2001 y 2002.

La retina de los aficionados a esta práctica se deleitaba con las exhibiciones mágicas de Tiger, mientras él se conocía con la modelo Elin Nordegren, gracias a que era la niñera del golfista sueco Jasper Parnevik, quien los presentó. En 2004 Tiger Woods no ganó certámenes de Grand Slam, pero sí un matrimonio con la sueca con la que tendría dos hijos: Sam Alexis y Charlie Alex.

Woods no dejó de imponerse en el verde césped y en 2008 ya tenía catorce títulos de Grand Slam en su palmarés. Se convirtió en el deportista con más dinero del planeta y viajó con mayor frecuencia por los aires de sus adicciones. La mayor de ellas, el sexo. Las mentiras y las mujeres fueron su perdición. Llegó el día en que no pudo ocultarlas más. En noviembre de 2009 estrelló su carro contra la mansión en la que vivía con Nordegren. Ella ya había descubierto sus infidelidades y cogió el automóvil a golpes con un palo de golf.

Comenzaron las jornadas más complicadas en la vida de un hombre que en 2006, tras la muerte de su padre, se entrenó para ser militar y seguir sus pasos. Al final continuó en el golf y ese mismo año le dedicó a su formador el título del Abierto Británico. Los nuevos días difíciles terminaron con su retiro momentáneo. Intentó salvar su relación sentimental alejándose del deporte.

“Tengo que centrarme en ser un mejor esposo, un mejor padre y una mejor persona”, manifestó Tiger, quien admitió sus errores y en agosto de 2010 anunció su divorcio. “Solo pensaba en mí mismo, rompí los límites del matrimonio pensando que había trabajado tan duro toda mi vida que me merecía disfrutar de todas las tentaciones que me rodeaban”.

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Woods dijo que dejó de lado los valores que le enseñaron sus padres. Sin embargo, Jeff Benedict y Armen Keteyian, autores de Tiger Woods, una biografía no oficial del golfista, aseguraron, en declaraciones que recogió El País de España, que lo “ideal es que los padres se esfuercen porque los niños sean populares por las razones correctas, hagan amigos, sean respetuosos. Pero Tiger recibió muy poco de todo eso. En su lugar, Earl y Kultida crearon un universo alternativo para su hijo, en el que ellos controlaban todo y él era el pequeño emperador que algún día sería el mejor del mundo”.

Fueron más de cien las mujeres con las que tuvo relaciones el mejor del mundo, un ser humano sumergido en la paradoja de ser fantástico en las canchas y farragoso en su cotidianidad, la cual se vio afectada, también, por un dolor en la espalda producido por un nervio que no funcionaba bien y que no le permitía hacer correctamente el swing en los golpes. Se operó varias veces y la cuarta fue la vencida. Sin embargo, en 2017 fue detenido. La policía lo encontró semidormido en su carro tras conducir bajo los efectos de opiáceos, una sustancia que inhibe la lucidez.

Pero el letargo terminó. Tiger volvió a jugar y a medida que disputaba torneos su desempeño aumentaba. Y el año pasado se vistió de pantalón negro y camiseta roja para emocionar al golf con una nueva consagración en el Masters de Augusta. Cuando embocó el último tiro con el putt en el green, su mito se agigantó. Llegó a quince títulos de Grand Slam. Este año cumplirá 45 años y es posible que, cuando regrese el deporte, vaya por más chaquetas gloriosas, porque, como él ha reiterado, el verde y el negro se llevan muy bien.

@SebasArenas10 (sarenas@elespectador.com)

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