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Hace 132 años James Naismith presentó su invento al mundo. Esa tarde fría y helada en Massachusetts, que amenazaba con cubrirse de nieve, díscola y tiránica, le inspiró a enseñarles a sus alumnos las 13 reglas que inicialmente regirían al baloncesto. Aquel lunes, distante y frígido, de 1891, fue el día en que James, iluminado por una saciedad inacabada, y amenazado por la soledad que el invierno traía a los deportistas, introdujo en las páginas de la historia el deporte que marcaría la vida de tantos desamparados, hombres y mujeres, sedientos de éxito y gloria eterna.
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Para que este jueves, después de tantos días y partidos jugados, con su vida terminada y sepultada; porque el tiempo es indiscreto y sus posturas son bélicas, se celebrara, por primera vez, el Día Mundial del Baloncesto, gracias a su memoria y a su genialidad.
First-ever basketball game was played 132 years ago today.
— FIBA (@FIBA) December 21, 2023
Thank you Dr. James Naismith! #WorldBasketballDay pic.twitter.com/CQxuF1oZfw
La Federación Internacional de Baloncesto (FIBA), insistió y logró conseguir que el invento de Naismith fuese el primer deporte de equipo en conseguir una fecha conmemorativa; el reconocimiento y el honor a través de su secretario general, Andreas Zagklis, diciendo que, “estamos tremendamente agradecidos con las Naciones Unidas y otras organizaciones asociadas que continúan reconociendo el papel positivo que desempeña el baloncesto para millones de personas que viven en todo el mundo”.
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Fue Naismith, con su mirada dura y cruel, su ceño eternamente fruncido, su bigote fino y sus gafas circulares, el que creó el baloncesto. La fotografía, perenne, que lo involucra con el nacimiento; a blanco y negro, demuestran su disciplina y pulcritud. Posaba con rigidez, y sosteniendo en un brazo aquella pelota de cuero, artesanalmente cosida, mientras con la otra, con fingida relajación, atenazaba la canasta de madera de condiciones ahora legendarias; como quien se sabe inmortal.
James nació en Canadá, el 6 de noviembre, en Almonte, y obtuvo la nacionalidad estadounidense en 1925; una dualidad exterior que también desarrollaba una lucha compleja en su interior, pues aunque su idea inicial era ser pastor de una comunidad y guía espiritual; y aunque se graduó y obtuvo el título y la potestad social para hacerlo, al final, decidió dedicarse a la educación física; a enseñarla, a transmitir sus valores, y crear nuevas formas de expresión a través de ella.
Así que terminó siendo un líder espiritual al final de su camino; pero usando herramientas diferentes. Fue precisamente en el Young Men’s Christian Association de Springfield, o YMCA, donde James enseñaba educación física, siendo fiel a la fusión de sus identidades, religiosa y atlética; donde creó y presentó el baloncesto al público; aislado y convencido de que haría historia.
Al principio había 13 reglas, que se enfocaban en las faltas, las sanciones, los puntos, los árbitros y la duración de los partidos; que en ese entonces era de 15 minutos, con cinco de descanso en medio; mientras que ahora son cuarto cuartos de 10 minutos en FIBA y 12 en la NBA. Las cosas han cambiado desde aquella lista indiscreta con la que Naismith pudo resumir su juego; aunque aquella cábala, ahora, se ha convertido en 50 artículos, que se modifican anualmente, de necesitarlo, y que delimitan el poder y responsabilidad de los árbitros, las faltas, violaciones, regulaciones del juego y el equipamiento de los jugadores en el campo.
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El primer partido público se disputó con apenas 200 espectadores, el 12 de marzo de 1892; alumnos contra monitores de la YMCA; que también vio nacer a deportes como el voleibol, creado en 1985 para los miembros más veteranos de la comunidad por William George, como una alternativa más suave al baloncesto.
James, el héroe de esta historia, vivió una micro eternidad dedicada a mimar su creación. Fue el primer entrenador de baloncesto en la Universidad de Kansas, en 1898, entrenó, por ejemplo, a Dean Smith, que luego entrenaría a Michael Jordan y otros tantos que luego tendrían carreras estelares en la NBA; por lo que su legado se ha ido extendiendo de forma inimaginable, como un infinito que se deja moldear como la plastilina más corriente; hasta su muerte en 1939.
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Sin embargo, el destino no permitiría que James se fuera sin ver su creación en lo más alto del deporte mundial, pues en los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936, el baloncesto sería reconocido como una prueba de medalla y Estados Unidos ganaría la medalla de oro, seguida de Canadá y México; conjurando de nuevo las dos identidades antípodas de James, sus dos nacionalidades, en un mismo y paradójico encuentro destinado.
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