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12 Dec 2021 - 2:00 a. m.

El brillo de Kollin Castro

Con apenas 17 años es multicampeona mundial de patinaje, el deporte que conoció cuando tenía cuatro años gracias a un regalo de Navidad. Sueña con competir sobre el hielo.
Kollin Castro ganó cuatro medallas de oro y una de plata en el Mundial de Patinaje de Ibagué. Desea estudiar idiomas. / Nelson Sierra G.
Kollin Castro ganó cuatro medallas de oro y una de plata en el Mundial de Patinaje de Ibagué. Desea estudiar idiomas. / Nelson Sierra G.

El brillo en los ojos de Kollin Castro Mosquera apareció cuando era niña y recibió de regalo de Navidad unos patines que también brillaban. Su mamá, Samira, había logrado lo deseado: que su hija conociera el amor hacia un objeto, qué significaba tenerlo hacia una actividad. Desde entonces la pequeña soñadora asumió al patinaje como su proyecto de vida. Ese par de zapatos de pasta con ruedas y luces la motivaron a enorgullecer a su madre.

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Aunque también jugaba baloncesto con su padre en el barrio La Aurora, en Florida (Valle del Cauca), Kollin sentía que con los patines era especial, que marcaba la diferencia. Por eso comenzó a ir a competencias aficionadas. Ganaba casi siempre y su talento no pasó inadvertido, pues luego lo llevó a los Juegos Nacionales. “Cuando pasé de entrenar en Florida a hacerlo en Cali, en la Liga vallecaucana, ratifiqué: ‘Esto va en serio’”.

Fue en serio. El brillo en los ojos de Kollin, a quien sus padres le cambiaron los patines por unos mejores, aumentaron cuando entró en la preselección para el reciente Mundial de Patinaje de Ibagué. Con el elevado nivel que tienen los patinadores colombianos desde tempranas edades, la protagonista de estas letras afrontaba un desafío que la haría conocer su verdadero nivel. Siempre se mantuvo entre las dos primeras y se ganó su cupo en la selección de Colombia para disputar el mencionado certamen.

“Primero se realizaban unas competencias individuales y después las grupales, que eran las que más valían”, recordó la patinadora de 17 años, que lleva 13 patinando y no pudo estar en la cita mundialista de hace dos años, por una fractura en la mano; que acaba de terminar el bachillerato y que, además de la actividad deportiva, anhela estudiar idiomas, y que sufrió durante la cuarentena estricta porque su mayor diversión es patinar.

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Su diversión la desplegó en la pista de la capital tolimense, donde se colgó cuatro medallas de oro y una de plata. Aparte de agradecer al talento innato que posee, recuerda a los deportistas mayores que la acompañaron en la concentración y que no cesan de aconsejarla para que las preseas se multipliquen.

“Ellos y los entrenadores siempre nos corrigen a los juveniles. Eso es muy valioso. No me esperaba tener esos resultados, pero los entrenamientos que tuvimos fueron demasiado fuertes. Eso creo que me ayudó mucho. Y estar concentrada y tener tranquilidad fue lo que me impulsó a ganarme esas medallas”, recalcó.

Por ejemplo, Luz Karime Garzón, que triunfó en el Mundial con la selección mayor, le dijo a Kollin: “Lo más importante es siempre tener pasión y amor por lo que se hace, porque eso es lo que lo motiva a uno en las adversidades. El camino al éxito es una montaña rusa. Los momentos buenos motivan a seguir adelante y el deporte mejora vidas. Hay que estar rodeados de personas que edifican”.

Y después de los triunfos que edificó en el Mundial de Ibagué, Kollin pasará a conformar la selección de mayores, con la que intentará ampliar su palmarés. Antes de las competencias no dejará de realizar lo que ya es costumbre previo a rodar. Escuchará música cristiana, luego alguna canción de cualquier otro género, se encomendará a Dios y se hablará a sí misma de cosas positivas, para que esa energía se traslade a la pista.

Su máximo sueño es que algún día el patinaje se convierta en deporte olímpico y poder escuchar el himno nacional en lo más alto de un podio. “Si el patinaje tuviera más apoyo en los países, podría ser olímpico”, reflexionó Castro, a quien también le gustaría volverse experta en patinaje sobre hielo y colmar al país de medallas en esa disciplina.

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Mientras sigue enfocándose en esas aspiraciones, Castro Mosquera no deja de patinar por amor y convicción, ni de compartir con sus amigas y su familia. A veces se desconecta del deporte y escucha música, baila, sale a cine y a comer rollos de pollo rellenos de jamón y tocineta, su plato favorito. También le gustan los champiñones, las ensaladas y ver fútbol. Sobre todo al América de Cali, que le ha generado tristezas que se desaparecen encima de las ruedas.

“Ahora hay que descansar en familia, entrenar y disfrutar la Navidad”, concluyó la mujer que fue elegida en la ceremonia del Deportista del Año como la Mejor juvenil de 2021, la patinadora a la que la emocionan las fiestas decembrinas porque le hacen recordar el mejor regalo que ha tenido en su existencia. La multicampeona mundial por cuya mente transita la frase: “El esfuerzo que hizo mi mamá tengo que hacerlo notar en la pista”.

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