21 Jul 2021 - 6:41 p. m.

Tokio 2020, unos juegos de medallas y contagios

Este viernes se inauguran de forma oficial los Juegos Olímpicos en Japón, en medio de la pandemia de la COVID-19.

Gonzalo Robledo - Desde Tokio

La duda sobre si el emperador Naruhito de Japón deberá usar el término “celebración” para inaugurar los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, planeó a lo largo de esta semana sobre los preparativos de un evento que tiene lugar en un país que acaba de entrar en su cuarto estado de emergencia por la pandemia.

A pocos días del inicio de los olímpicos Japón tenía cerca de 850.000 contagiados y menos de 15 mil muertes por COVID-19.

En Tokio, crecen los contagios cada día entre la población, entre deportistas, funcionarios, técnicos y equipos de apoyo. En los programas de televisión locales se discute quién perderá en un combate de lucha libre si algún contrincante se niega a enfrentarse con un opositor que estuvo cerca de un contagiado. La contabilidad de contagios ha cobrado tal protagonismo que se prevé que esté a la par del medallero una vez se inicien las competiciones.

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Pero dar positivo por COVID-19 ya ha empezado a dejar deportistas fuera de combate. Eso le pasó a la atleta chilena de taekwondo Fernanda Aguirre, que dio positivo a su llegada al aeropuerto y se convirtió en la primera atleta que falta a su cita olímpica por contagio.

El pasado fin de semana se contabilizaba más de medio centenar de contagios entre deportistas, funcionarios y personal relacionado con los juegos.

Cuando el mes pasado le preguntaron al número dos del Comité Olímpico Internacional (COI), John Coates, si Tokio 2020 tendría lugar aún si la ciudad estaba bajo estado de emergencia, su respuesta fue un “rotundo Sí”. “Todos los planes para proteger la seguridad de los atletas tienen en cuenta la peores circunstancias posibles” fueron las palabras que precedieron su enérgica afirmación.

Para algunos especialistas japoneses, como el presidente del sindicato médico de Japón, el doctor Naoto Ueyama, Tokio 2020 es una convocatoria de las diferentes cepas mutantes del virus que existen en el mundo. “No podemos negar la posibilidad de que incluso surja una nueva cepa del virus”, aseguró en mayo pasado.

Basado en competiciones que han tenido lugar con éxito en otros países dentro de lugares aislados y vigilados por rigurosos protocolos de movilidad, el COI anunció para Tokio unos olímpicos estilo “burbuja”.

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Minuciosos manuales de comportamiento y normativas para confinar a los recién llegados, han sido impuestos a todos los participantes. Los atletas se encierran en la Villa olímpica, pero la prensa y algunos funcionarios de los diferentes comités olímpicos que se hospedan en hoteles, salen a la calle en tres o cuatro días y confirman que la prestigiosa acreditación con los cinco anillos olímpicos que llevan colgada al cuello, es una bandera de riesgo y asusta a los peatones locales que cambian de acera o evitan acercarse.

Una encuesta reciente reveló que ocho de cada diez japoneses se oponen a sus propios Juegos Olímpicos, el índice más alto entre todos los países consultados. Desde la prórroga anunciada en marzo del 2020, los organizadores de Tokio 2020 han reducido paulatinamente el magno evento. Primero anunciaron que no permitirían público venido de fuera de Japón. Luego, redujeron el aforo de asistentes locales. Finalmente, los Olímpicos quedaron convertidos en una serie de competiciones televisivas que tendrán lugar a puerta cerrada y donde la emoción estará a cargo de ovaciones grabadas en anteriores eventos multitudinarios.

El eslogan de Tokio 2020, “Unidos por la emoción”, ha quedado desvirtuado por una serie de normas de conducta que exhortan a quien pueda asistir a alguna de las contadas competiciones que tengan lugar frente a público presencial, abstenerse de animar a los atletas con gritos o coros efusivos. Y por supuesto no tocarse.

Algunos japoneses se resienten de que los juegos tengan lugar mientras el país está sometido a un estado de emergencia, relativamente laxo y sin apenas sanciones, pero destructivo para los negocios que esperaban una avalancha de beneficios con la llegada de miles de invitados de todo el mundo, como los hoteles y los restaurantes.

Una señora japonesa que paseaba hace unos días cerca del estadio olímpico de Yoyogi, donde tendrán lugar competiciones de balonmano y bádminton, temía la euforia del público joven cuando Japón empiece a cosechar medallas. “Empezarán a juntarse para ver competiciones” advirtió y señaló el alto riesgo de contagio.

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El COI y los organizadores de Tokio 2020, trabajan con la esperanza de que los juegos sean aquella “luz al final del túnel” anunciada por el presidente del COI, Thomas Bach. No obstante, el hecho de que ahora Japón se cuestione si el emperador debe o no pronunciar la palabra “celebración”, es indicativo claro de la división de opiniones que rodean los juegos.

Como la reina de Inglaterra en Londres 2012, el monarca nipón está obligado por el protocolo olímpico a declarar abiertos los juegos que “celebran los trigésimo segundos olímpicos de la era moderna”.

Naruhito, quien por su cargo simbólico debe abstenerse de comentar políticas de Estado, dejó saber hace unas semanas, de forma velada, su preocupación por la masiva convocatoria de deportistas internacionales de un mundo aún azotado por la pandemia. En la inauguración, se prevé que omita cualquier expresión que implique júbilo.

Preocupados por los bajos niveles de ánimo en el sentir popular, los grandes patrocinadores japoneses han empezado a sopesar el impacto negativo que la marca olímpica de Tokio 2020 pueda tener en su reputación y en sus ventas. Toyota, el primer fabricante japonés del motor y la empresa estrella de las manufacturas niponas, retiró sus anuncios televisivos locales relacionados con los juegos. Y su presidente, Akio Toyoda, estará ausente en la ceremonia del 23 de julio.

También se quedarán en su casa los directivos de Panasonic, fabricante de productos electrónicos que enviará a la inauguración “solo personal indispensable para las operaciones de los juegos”.

Desde mucho antes de empezar, los Juegos Olímpicos de Tokio han ganado calificativos como únicos, históricos y sin precedentes. Nunca antes una olimpiada había sido pospuesta y nunca se habían anunciado competiciones a puerta cerrada. Tampoco hay precedentes del comité organizador sometido a los focos incisivos de los opositores al movimiento olímpico y expuesto a reclamos por haber seguido adelante con un evento con alto riesgo de expandir una pandemia.

Algunos expertos, sin embargo, aseguran que la cancelación de Tokio 2020 fue siempre una prerrogativa de la parte japonesa ya que basta que las autoridades de un país sellen sus fronteras para impedir la entrada de los extranjeros, sean atletas o no.

Uno de ellos es el profesor emérito de la Universidad de Lausana en Suiza, Jean-Loup Chappelet, conocido como uno de los mejores expertos en el funcionamiento del sistema olímpico y la gobernanza del deporte internacional. Uno de sus libros lleva prefacio del actual presidente del COI, Thomas Bach.

En una entrevista telemática con este periódico, Chappelet pidió esperar hasta que concluyen los juegos de Tokio para adjudicar responsabilidades. Afirmó que será imposible discernir si un posible aumento masivo de contagios en Tokio será atribuible “a los olímpicos o al COVID en Japón”. Añade que por haberse convertido en un asunto de estado, y no ser ya un evento privado del COI, los Juegos Olímpicos están destinados a una fuerte transformación que pasa por la reducción de costos, la renuncia a las grandes infraestructuras y la descentralización. “Los juegos del futuro se celebrarán en infraestructuras existentes”, explica y agrega que la época de las capitales celebrando solas las competiciones ha llegado a su fin. Los próximos tres juegos de verano, París 2024, Los Ángeles 2028 y Brisbane 2032, se realizarán en instalaciones existentes reformadas y participarán regiones vecinas.

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Desde su adjudicación en 2013 en Buenos Aires, hasta la semana anterior a su inauguración, los JJOO de Tokio arrastran una larga cadena de infortunios muchos de ellos atribuibles a errores de organización o falta de transparencia. Cancelación del premio al primer estadio principal, acusaciones de plagio en su marca olímpica, y sospechas de soborno para ganar la sede, entre otros, fueron superados por una pandemia que tal vez sea la circunstancia persistente a la que tendremos que acostumbrarnos desde ya.

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